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La Segunda Declaración de La Habana

La Segunda Declaración de La Habana

La Segunda Declaración de La Habana

Fidel Castro Ruz

Vísperas de su muerte, en carta inconclusa porque una bala española le atravesó el corazón el 18 de mayo de 1895, José Martí, Apóstol de nuestra independencia, escribió a su amigo Manuel Mercado: «Ya puedo escribir... ya estoy todos los días en peligro de dar mi vida por mi país y por mi deber..., de impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América. Cuanto hice hasta hoy, y haré, es para eso...

»Las mismas obligaciones menores y públicas de los pueblos... más vitalmente interesados en impedir que en Cuba se abra, por la anexión de los Imperialistas... el camino que se ha de cegar, y con nuestra sangre estamos cegando, de la anexión de los pueblos de nuestra América, al Norte revuelto y brutal que los desprecia –les habían impedido la adhesión ostensible y ayuda patente a este sacrificio, que se hace en bien inmediato y de ellos.

»Viví en el monstruo, y le conozco las entrañas: –y mi honda es la de David.»

Ya Martí, en 1895, señaló el peligro que se cernía sobre América y llamó al imperialismo por su nombre: Imperialismo. A los pueblos de América advirtió que ellos estaban más que nadie interesados en que Cuba no sucumbiera a la codicia yanqui despreciadora de los pueblos latinoamericanos.

Y con su propia sangre, vertida por Cuba y por América, rubricó las póstumas palabras que en homenaje a su recuerdo el pueblo de Cuba suscribe hoy a la cabeza de esta Declaración.

Han transcurrido sesenta y siete años. Puerto Rico fue convertida en colonia y es todavía colonia saturada de bases militares. Cuba cayó también en las garras del imperialismo. Sus tropas ocuparon nuestro territorio. La Enmienda Platt fue impuesta a nuestra primera Constitución, como cláusula humillante que consagraba el odioso derecho de intervención extranjera. Nuestras riquezas pasaron a sus manos, nuestra historia falseada, nuestra administración y nuestra política moldeada por entero a los intereses de los interventores; la nación sometida a sesenta años de asfixia política, económica y cultural.

Pero Cuba se levantó, Cuba pudo redimirse a sí misma del bastardo tutelaje. Cuba rompió las cadenas que ataban su suerte al imperio opresor, rescató sus riquezas, reivindicó su cultura y desplegó su bandera soberana de Territorio y Pueblo Libre de América.

Ya los Estados Unidos no podrán caer jamás sobre América con la fuerza de Cuba, pero en cambio, dominando a la mayoría de los demás Estados de América Latina, Estados Unidos pretende caer sobre Cuba con la fuerza de América.

¿Qué es la historia de Cuba sino la historia de América Latina? ¿Y qué es la historia de América Latina sino la historia de Asia, África y Oceanía? ¿Y qué es la historia de todos estos pueblos sino la historia de la explotación más despiadada y cruel del imperialismo en el mundo entero?

A fines del siglo pasado y comienzos del presente, un puñado de naciones económicamente desarrolladas habían terminado de repartirse el mundo, sometiendo a su dominio económico y político a las dos terceras partes de la humanidad, que, de esta forma, se vio obligada a trabajar para las clases dominantes del grupo de países de economía capitalista desarrollada.

Las circunstancias históricas que permitieron a ciertos países europeos y a los Estados Unidos de Norteamérica un alto nivel de desarrollo industrial, los situó en posición de poder someter a su dominio y explotación al resto del mundo.

¿Qué móviles impulsaron esa expansión de las potencias industrializadas? ¿Fueron razones de tipo moral, «civilizadoras», como ellos alegaban? No: fueron razones de tipo económico.

Desde el descubrimiento de América, que lanzó a los conquistadores europeos a través de los mares a ocupar y explotar las tierras y los habitantes de otros continentes, el afán de riqueza fue el móvil fundamental de su conducta. El propio descubrimiento de América se realizó en busca de rutas más cortas hacia el Oriente, cuyas mercaderías eran altamente pagadas en Europa.

Una nueva clase social, los comerciantes y los productores de artículos manufacturados para el comercio, surge del seno de la sociedad feudal de señores y siervos en las postrimerías de la Edad Media.

La sed de oro fue el resorte que movió los esfuerzos de esa nueva clase. El afán de ganancia fue el incentivo de su conducta a través de su historia. Con el desarrollo de la industria manufacturera y el comercio fue creciendo su influencia social. Las nuevas fuerzas productivas que se desarrollaban en el seno de la sociedad feudal chocaban cada vez más con las relaciones de servidumbre propias del feudalismo, sus leyes, sus instituciones, su filosofía, su moral, su arte y su ideología política.

Nuevas ideas filosóficas y políticas, nuevos conceptos del derecho y del Estado fueron proclamados por los representantes intelectuales de la clase burguesa, los que por responder a las nuevas necesidades de la vida social, poco a poco se hicieron conciencia en las masas explotadas. Eran entonces ideas revolucionarias frente a las ideas caducas de la sociedad feudal. Los campesinos, los artesanos y los obreros de las manufacturas, encabezados por la burguesía, echaron por tierra el orden feudal, su filosofía, sus ideas, sus instituciones, sus leyes y los privilegios de la clase dominante, es decir, la nobleza hereditaria.

Entonces la burguesía, consideraba justa y necesaria la revolución. No pensaba que el orden feudal podía y debía ser eterno, como piensa ahora de su orden social capitalista. Alentaba a los campesinos a librarse de la servidumbre feudal, alentaba a los artesanos contra las relaciones gremiales y reclamaba el derecho al poder político. Los monarcas absolutos, la nobleza y el alto clero defendían tenazmente sus privilegios de clase, proclamando el derecho divino de la corona y la intangibilidad del orden social. Ser liberal, proclamar las ideas de Voltaire, Diderot, Juan Jacobo Rousseau, portavoces de la filosofía burguesa, constituía entonces para las clases dominantes un delito tan grave como es hoy para la burguesía ser socialista y proclamar las ideas de Marx, Engels y Lenin.

Cuando la burguesía conquistó el poder político y estableció sobre las ruinas de la sociedad feudal su modo capitalista de producción, sobre ese modo de producción erigió su estado, sus leyes, sus ideas e instituciones. Esas instituciones consagraban en primer término la esencia de su dominación de clase: la propiedad privada. La nueva sociedad basada en la propiedad privada sobre los medios de producción y en la libre competencia quedó así dividida en dos clases fundamentales: una poseedora de los medios de producción, cada vez más modernos y eficientes; la otra, desprovista de toda riqueza, poseedora sólo de su fuerza de trabajo, obligada a venderla en el mercado como una mercancía más para poder subsistir.

Rotas las trabas del feudalismo, las fuerzas productivas se desarrollaron extraordinariamente. Surgieron las grandes fábricas, donde se acumulaba un número cada vez mayor de obreros.

Las fábricas más modernas y técnicamente eficientes iban desplazando del mercado a los competidores menos eficaces. El costo de los equipos industriales se hacía cada vez mayor; era necesario acumular cada vez sumas superiores de capital. Una parte importante de la producción se fue acumulando en número menor de manos. Surgieron así las grandes empresas capitalistas y más adelante las asociaciones de grandes empresas a través de carteles, sindicatos, «trusts» y consorcios, según el grado y el carácter de la asociación, controlados por los poseedores de la mayoría de las acciones, es decir, por los más poderosos caballeros de la industria.

La libre concurrencia, característica del capitalismo en su primera fase, dio paso a los monopolios que concertaban acuerdos entre sí y controlaban los mercados.

¿De dónde salieron las colosales sumas de recursos que permitieron a un puñado de monopolistas acumular miles de millones de dólares? Sencillamente, de la explotación del trabajo humano. Millones de hombres obligados a trabajar por un salario de subsistencia produjeron con su esfuerzo los gigantescos capitales de los monopolios. Los trabajadores acumularon las fortunas de las clases privilegiadas, cada vez más ricas, cada vez más poderosas. A través de las instituciones bancarias llegaron a disponer éstas no sólo de su propio dinero, sino también del dinero de toda la sociedad. Así se produjo la fusión de los bancos con la gran industria y nació el capital financiero.

¿Qué hacer entonces con los grandes excedentes de capital que en cantidades mayores se iba acumulando? Invadir con ellos el mundo. Siempre en pos de la ganancia, comenzaron a apoderarse de las riquezas naturales de todos los países económicamente débiles y a explotar el trabajo humano de sus pobladores con salarios mucho más míseros que los que se veían obligados a pagar a los obreros de la propia metrópoli. Se inició así el reparto territorial y económico del mundo. En 1914, ocho o diez países imperialistas habían sometido a su dominio económico y político fuera de sus fronteras a territorios cuya extensión ascendía a 83.700.000 kilómetros cuadrados, en una población de novecientos setenta millones de habitantes. Sencillamente se habían repartido el mundo.

Pero como el mundo era limitado en extensión, repartido ya hasta el último rincón del globo, vino el choque entre los distintos países monopolistas y surgieron las pugnas por nuevos repartos originados en la distribución no proporcional al poder industrial y económico que los distintos países monopolistas en desarrollo desigual habían alcanzado. Estallaron las guerras imperialistas que costarían a la humanidad cincuenta millones de muertos, decenas de millones de inválidos e incalculables riquezas materiales y culturales destruidas. Aún no había sucedido esto cuando ya Marx escribió que «el capital recién nacido rezumaba sangre y fango por todos los poros, desde los pies a la cabeza».

El sistema capitalista de producción, una vez que hubo dado de sí todo lo que era capaz, se convirtió en un abismal obstáculo al progreso de la humanidad. Pero la burguesía desde su origen llevaba en sí misma su contrario. En su seno se desarrollaron gigantescos instrumentos productivos, pero a su vez se desarrolló una nueva y vigorosa fuerza social: el proletariado, llamado a cambiar el sistema social ya viejo y caduco del capitalismo por una forma económico-social superior y acorde con las posibilidades históricas de la sociedad humana, convirtiendo en propiedad de toda la sociedad esos gigantescos medios de producción que los pueblos y nada más que los pueblos con su trabajo habían creado y acumulado. A tal grado de desarrollo de las fuerzas productivas, resultaba caduco y anacrónico un régimen que postulaba la posesión privada y con ello la subordinación de la economía de millones y millones de seres humanos a los dictados de una exigua minoría social.

Los intereses de la humanidad reclamaban el cese de la anarquía en la producción, el derroche, las crisis económicas y las guerras de rapiña propias del sistema capitalista. Las crecientes necesidades del género humano y la posibilidad de satisfacerlas exigían el desarrollo planificado de la economía y la utilización racional de sus medios de producción y recursos naturales.

Era inevitable que el imperialismo y el colonialismo entraran en profunda e insalvable crisis. La crisis general se inició a raíz de la Primera Guerra Mundial con la revolución de los obreros y campesinos, que derrocó al imperio zarista de Rusia e implantó, en dificilísimas condiciones de cerco y agresión capitalista, el primer Estado socialista del mundo, iniciando una nueva era en la historia de la humanidad. Desde entonces hasta nuestros días, la crisis y la descomposición del sistema imperialista se han acentuado incesantemente.

La Segunda Guerra Mundial, desatada por las potencias imperialistas, y que arrastró a la Unión Soviética y a otros pueblos de Europa y de Asia, criminalmente invadidos, a una sangrienta lucha de liberación, culminó en la derrota del fascismo, la formación del campo mundial del socialismo y la lucha por su soberanía de los pueblos coloniales y dependientes. Entre 1945 y 1957 más de mil doscientos millones de seres humanos conquistaron su independencia en Asia y en África. La sangre vertida por los pueblos no fue en vano.

El movimiento de los pueblos dependientes y colonizados es un fenómeno de carácter universal que agita al mundo y marca la crisis final del imperialismo.

Cuba y América Latina forman parte del mundo. Nuestros problemas forman parte de los problemas que se engendran de la crisis general del imperialismo y la lucha de los pueblos subyugados: el choque entre el mundo que nace y el mundo que muere. La odiosa y brutal campaña desatada contra nuestra Patria expresa el esfuerzo desesperado como inútil que los imperialistas hacen para evitar la liberación de los pueblos.

Cuba duele de manera especial a los imperialistas. ¿Qué es lo que se esconde tras el odio yanqui a la Revolución Cubana? ¿Qué explica racionalmente la conjura que reúne en el mismo propósito agresivo a la potencia imperialista más rica y poderosa del mundo contemporáneo y a las oligarquías de todo un continente, que juntos suponen representar una población de trescientos cincuenta millones de seres humanos, contra un pequeño pueblo de sólo siete millones de habitantes, económicamente subdesarrollado, sin recursos financieros ni militares para amenazar ni la seguridad ni la economía de ningún país?

Los une y los concita el miedo. Lo explica el miedo. No el miedo a la Revolución Cubana; el miedo a la revolución latinoamericana. No el miedo a los obreros, campesinos, estudiantes, intelectuales y sectores progresistas de las capas medias que han tomado revolucionariamente el poder en Cuba; sino el miedo a que los obreros, campesinos, estudiantes, intelectuales y sectores progresistas de las capas medias tomen revolucionariamente el poder en los pueblos oprimidos, hambrientos y explotados por los monopolios yanquis y la oligarquía reaccionaria de América; el miedo a que los pueblos saqueados del continente arrebaten las armas a sus opresores y se declaren, como Cuba, pueblos libres de América.

Aplastando la Revolución Cubana creen disipar el miedo que los atormenta, y el fantasma de la revolución que los amenaza. Liquidando a la Revolución Cubana, creen liquidar el espíritu revolucionario de los pueblos. Pretenden en su delirio que Cuba es exportadora de revoluciones. En sus mentes de negociantes y usureros insomnes cabe la idea de que las revoluciones se pueden comprar o vender, alquilar o prestar, exportar o importar como una mercancía más.

Ignorantes de las leyes objetivas que rigen el desarrollo de las sociedades humanas, creen que sus regímenes monopolistas, capitalistas y semifeudales son eternos. Educados en su propia ideología reaccionaria, mezcla de superstición, ignorancia, subjetivismo, pragmatismo y otras aberraciones del pensamiento, tienen una imagen del mundo y de la marcha de la historia acomodada a sus intereses de clases explotadoras. Suponen que las revoluciones nacen o mueren en el cerebro de los individuos o por efecto de las leyes divinas y que además los dioses están de su parte. Siempre han creído lo mismo, desde los devotos paganos patricios en la Roma esclavista, que lanzaban a los cristianos primitivos a los leones del circo y los inquisidores en la Edad Media que, como guardianes del feudalismo y la monarquía absoluta, inmolaban en la hoguera a los primeros representantes del pensamiento liberal de la naciente burguesía, hasta los obispos que hoy, en defensa del régimen burgués y monopolista, anatematizan las revoluciones proletarias. Todas las clases reaccionarias en todas las épocas históricas, cuando el antagonismo entre explotadores y explotados llega a su máxima tensión, presagiando el advenimiento de un nuevo régimen social, han acudido a las peores armas de la represión y la calumnia contra sus adversarios. Acusados de incendiar a Roma y de sacrificar niños en sus altares, los cristianos primitivos fueron llevados al martirio. Acusados de herejes, fueron llevados por los inquisidores a la hoguera filósofos como Giordano Bruno, reformadores como Hus y miles de inconformes más con el orden feudal. Sobre los luchadores proletarios se ensaña hoy la persecución y el crimen precedidos de las peores calumnias en la prensa monopolista y burguesa. Siempre en cada época histórica, las clases dominantes han asesinado invocando su sociedad de minorías privilegiadas sobre mayorías explotadas la defensa de la sociedad, del orden, de la Patria: «su orden clasista», que mantienen a sangre y fuego sobre los desposeídos, «la patria» que disfrutan ellos solos, privando de ese disfrute al resto del pueblo, para reprimir a los revolucionarios que aspiran a una sociedad nueva, un orden justo, una Patria verdadera para todos.

Pero el desarrollo de la historia, la marcha ascendente de la humanidad no se detiene ni puede detenerse. Las fuerzas que impulsan a los pueblos, que son los verdaderos constructores de la historia, determinadas por las condiciones materiales de su existencia y la aspiración a metas superiores de bienestar y libertad, que surgen cuando el progreso del hombre en el campo de la ciencia, de la técnica y de la cultura lo hacen posible, son superiores a la voluntad y al terror que desatan las oligarquías dominantes.

Las condiciones subjetivas de cada país, es decir, el factor conciencia, organización, dirección, puede acelerar o retrasar la revolución según su mayor o menor grado de desarrollo, pero tarde o temprano en cada época histórica, cuando las condiciones objetivas maduran, la conciencia se adquiere, la organización se logra, la dirección surge y la revolución se produce.

Que ésta tenga lugar por cauces pacíficos o nazca al mundo después de un parto doloroso, no depende de las fuerzas reaccionarias de la vieja sociedad, que se resisten a dejar nacer la sociedad nueva, que es engendrada por las contradicciones que lleva en su seno la vieja sociedad. La revolución es en la historia como el médico que asiste al nacimiento de una nueva vida. No usa sin necesidad los aparatos de fuerza, pero los usa sin vacilaciones cada vez que sea necesario para ayudar al parto. Parto que trae a las masas esclavizadas y explotadas la esperanza de una vida mejor.

En muchos países de América Latina la revolución es hoy inevitable. Ese hecho no lo determina la voluntad de nadie. Está determinado por las espantosas condiciones de explotación en que vive el hombre americano, el desarrollo de la conciencia revolucionaria de las masas, la crisis mundial del imperialismo y el movimiento universal de lucha de los pueblos subyugados.

La inquietud que hoy se registra es síntoma inequívoco de rebelión. Se agitan las entrañas de un continente que ha sido testigo de cuatro siglos de explotación esclava y feudal del hombre desde sus moradores aborígenes y los esclavos traídos de África, hasta los núcleos nacionales que surgieron después: blancos, negros, mulatos, mestizos e indios que hoy hermanan el desprecio, la humillación y el yugo yanqui, como hermana la esperanza de un mañana mejor.

Los pueblos de América se liberaron del coloniaje español a principios del siglo pasado, pero no se liberaron de la explotación. Los terratenientes feudales asumieron la autoridad de los gobernantes españoles, los indios continuaron en penosa servidumbre, el hombre latinoamericano en una u otra forma siguió esclavo, y las mínimas esperanzas de los pueblos sucumbieron bajo el poder de las oligarquías y la coyunda del capital extranjero. Esta ha sido la verdad de América, con uno u otro matiz, con alguna que otra variante. Hoy América Latina yace bajo un imperialismo más feroz, mucho más poderoso y más despiadado que el imperio colonial español.

Y ante la realidad objetiva e históricamente inexorable de la revoluci6n latinoamericana, ¿cuál es la actitud del imperialismo yanqui? Disponerse a librar una guerra colonial con los pueblos de América Latina; crear su aparato de fuerza, los pretextos políticos y los instrumentos seudolegales suscritos con los representantes de las oligarquías reaccionarias para reprimir a sangre y fuego la lucha de los pueblos latinoamericanos.

La intervención del Gobierno de los Estados Unidos en la política interna de los países de América Latina ha ido siendo cada vez más abierta y desenfrenada.

La Junta Interamericana de Defensa, por ejemplo, ha sido y es el nido donde se incuban los oficiales más reaccionarios y proyanquis de los ejércitos latinoamericanos, utilizados después como instrumentos golpistas al servicio de los monopolios.

Las misiones militares norteamericanas en América Latina constituyen un aparato de espionaje permanente en cada nación, vinculado estrechamente a la Agencia Central de Inteligencia, inculcando a los oficiales los sentimientos más reaccionarios y tratando de convertir los ejércitos en instrumentos de sus intereses políticos y económicos.

Actualmente, en la zona del Canal de Panamá, el alto mando norteamericano ha organizado cursos especiales de entrenamiento para oficiales latinoamericanos de lucha contra guerrillas revolucionarias, dirigidos a reprimir la acción armada de las masas campesinas contra la explotación feudal a que están sometidas.

En los propios Estados Unidos, la Agencia Central de Inteligencia ha organizado escuelas especiales para entrenar agentes latinoamericanos en las más sutiles formas de asesinatos; y es política acordada por los servicios militares yanquis la liquidación física de los dirigentes antiimperialistas.

Es notorio que las embajadas yanquis en distintos países de América Latina están organizando, instruyendo y equipando bandas fascistas para sembrar el terror y agredir las organizaciones obreras, estudiantiles e intelectuales. Esas bandas, donde reclutan a los hijos de la oligarquía, a lumpen y gente de la peor calaña moral, han perpetrado ya una serie de actos agresivos contra los movimientos de masas.

Nada más evidente e inequívoco de los propósitos del imperialismo que su conducta en los recientes sucesos de Santo Domingo. Sin ningún tipo de justificación, sin mediar siquiera relaciones diplomáticas con esa República, los Estados Unidos, después de situar sus barcos de guerra frente a la capital dominicana, declararon con su habitual insolencia que si el Gobierno de Balaguer solicitaba ayuda militar, desembarcarían sus tropas en Santo Domingo contra la insurgencia del pueblo dominicano. Que el poder de Balaguer fuera absolutamente espurio, que cada pueblo soberano de América debe tener derecho a resolver sus problemas internos sin intervención extranjera, que existan normas internacionales y una opinión mundial, que incluso existiera una O.E.A., no contaban para nada en las consideraciones de los Estados Unidos. Lo que sí contaban eran sus designios de impedir la revolución dominicana, la reimplantación de los odiosos desembarcos de su Infantería de Marina, sin más base ni requisito para fundamentar ese nuevo concepto filibustero del derecho que la simple solicitud de un gobernante tiránico, ilegítimo y en crisis. Lo que esto significa no debe escapar a los pueblos. En América Latina hay sobrados gobernantes de ese tipo, dispuestos a utilizar las tropas yanquis contra sus respectivos pueblos cuando se vean en crisis.

Esta política declarada del imperialismo norteamericano de enviar soldados a combatir el movimiento revolucionario en cualquier país de América Latina, es decir, a matar obreros, estudiantes, campesinos, a hombres y mujeres latinoamericanos, no tiene otro objetivo que el de seguir manteniendo sus intereses monopolistas y los privilegios de la oligarquía traidora que los apoya.

Ahora se puede ver con toda claridad que los pactos militares suscritos por el Gobierno de Estados Unidos con gobiernos latinoamericanos, pactos secretos muchas veces y siempre a espaldas de los pueblos, invocando hipotéticos peligros exteriores que nadie vio nunca por ninguna parte, tenían el único y exclusivo objetivo de prevenir la lucha de los pueblos; eran pactos contra los pueblos, contra el único peligro, el peligro interior del movimiento de liberación que pusiera en riesgo los intereses yanquis. No sin razón los pueblos se preguntaban: ¿Por qué tantos convenios militares? ¿Para qué los envíos de armas que si técnicamente son inadecuados para una guerra moderna, son en cambio eficaces para aplastar huelgas, reprimir manifestaciones populares y ensangrentar el país? ¿Para qué las misiones militares, el Pacto de Río de Janeiro y las mil y una conferencias internacionales?

Desde que culminó la Segunda Guerra Mundial, las naciones de América Latina se han ido depauperando cada vez más, sus exportaciones tienen cada vez menos valor, sus importaciones precios más altos, el ingreso per cápita disminuye, los pavorosos porcentajes de mortalidad infantil no decrecen, él número de analfabetos es superior, los pueblos carecen de trabajo, de tierras, de viviendas adecuadas, de escuelas, de hospitales, de vías de comunicación y de medios de vida. En cambio, las inversiones norteamericanas sobrepasan los diez mil millones de dólares.

América Latina es además abastecedora de materias primas baratas y compradora de artículos elaborados caros. Como los primeros conquistadores españoles, que cambiaban a los indios espejos y baratijas por oro y plata, así comercian con América Latina los Estados Unidos. Conservar ese torrente de riqueza, apoderarse cada vez más de los recursos de América y explotar a sus pueblos sufridos: he ahí lo que se ocultaba tras los pactos militares, las misiones castrenses y los cabildos diplomáticos de Washington.

Esta política de paulatino estrangulamiento de la soberanía de las naciones latinoamericanas y de manos libres para intervenir en sus asuntos internos tuvo su punto culminante en la última reunión de cancilleres. En Punta del Este el imperialismo yanqui reunió a los cancilleres para arrancarles, mediante presión política y chantaje económico sin precedentes, con la complicidad de un grupo de los más desprestigiados gobernantes de este continente, la renuncia a la soberanía nacional de nuestros pueblos y la consagración del odiado derecho de intervención yanqui en los asuntos internos de América; el sometimiento de los pueblos a la voluntad omnímoda de Estados Unidos de Norteamérica, contra la cual lucharon todos los próceres, desde Bolívar hasta Sandino.

Y no se ocultaron ni el Gobierno de Estados Unidos ni los representantes de las oligarquías explotadoras ni la gran prensa reaccionaria vendida a los monopolios y a los señores feudales, para demandar abiertamente acuerdos que equivalen a la supresión formal del derecho de autodeterminación de nuestros pueblos; borrarlo de un plumazo en la conjura más infame que recuerda la historia de este continente.

A puertas cerradas entre conciliábulos repugnantes, donde el ministro yanqui de colonias dedicó días enteros a vencer la resistencia y los escrúpulos de algunos cancilleres poniendo en juego los millones de la Tesorería yanqui en una indisimulada compraventa de votos, un puñado de representantes de las oligarquías de países que, en conjunto, apenas suman un tercio de la población del continente, impuso acuerdos que sirven en bandeja de plata al amo yanqui la cabeza de un principio que costó toda la sangre de nuestros pueblos desde las guerras de independencia. El carácter pírrico de tan tristes y fraudulentos logros del imperialismo, su fracaso moral, la unanimidad rota y el escándalo universal, no disminuyen la gravedad que entraña para los pueblos de América Latina los acuerdos que impusieron a ese precio. En aquel cónclave inmoral la voz titánica de Cuba se elevó sin debilidad ni miedo para acusar ante todos los pueblos de América y del mundo el monstruoso atentado y defender virilmente y con dignidad que constará en los anales de la historia, no sólo el derecho de Cuba, sino el derecho desamparado de todas las naciones hermanas del continente americano.

La palabra de Cuba no podía tener eco en aquella mayoría amaestrada, pero tampoco podía tener respuesta; sólo cabía el silencio impotente ante sus demoledores argumentos, la diafanidad y valentía de sus palabras. Pero Cuba no habló para los cancilleres; Cuba habló para los pueblos y para la historia, donde sus palabras tendrán eco y respuesta.

En Punta del Este se libró una gran batalla ideológica entre la Revolución Cubana y el imperialismo yanqui. ¿Qué representaban allí, por quién habló cada uno de ellos? Cuba representó los pueblos; los Estados Unidos representó los monopolios. Cuba habló por las masas explotadas de América; Estados Unidos, por los intereses oligárquicos explotadores e imperialistas. Cuba, por la soberanía; Estados Unidos, por la intervención. Cuba, por la nacionalización de las empresas extranjeras; Estados Unidos, por nuevas inversiones de capital foráneo. Cuba, por la cultura; Estados Unidos, por la ignorancia. Cuba, por la reforma agraria; Estados Unidos, por el latifundio. Cuba, por la industrialización de América; Estados Unidos, por el subdesarrollo. Cuba, por el trabajo creador; Estados Unidos, por el sabotaje y el terror contrarrevolucionario que practican sus agentes, la destrucción de cañaverales y fábricas, los bombardeos de sus aviones piratas contra el trabajo de un pueblo pacífico. Cuba, por los alfabetizadores asesinados; Estados Unidos, por los asesinos. Cuba, por el pan; Estados Unidos, por el hambre. Cuba, por la igualdad; Estados Unidos, por el privilegio y la discriminación. Cuba, por la verdad; Estados Unidos, por la mentira. Cuba, por la liberación; Estados Unidos, por la opresión. Cuba, por el porvenir luminoso de la humanidad; Estados Unidos, por el pasado sin esperanza. Cuba, por los héroes que cayeron en Girón para salvar la Patria del dominio extranjero; Estados Unidos, por los mercenarios y traidores que sirven al extranjero contra su Patria. Cuba, por la paz entre los pueblos; Estados Unidos, por la agresión y la guerra. Cuba, por el socialismo; Estados Unidos, por el capitalismo.

Los acuerdos obtenidos por Estados Unidos con métodos tan bochornosos que el mundo entero critica, no restan, sino que acrecentan la moral y la razón de Cuba, demuestran el entreguismo y la traición de las oligarquías a los intereses nacionales y enseña a los pueblos el camino de la liberación. Revela la podredumbre de las clases explotadoras, en cuyo nombre hablaron sus representantes en Punta del Este. La O.E.A. quedó desenmascarada como lo que es: un ministerio de colonias yanquis, una alianza militar, un aparato de represión contra el movimiento de liberación de los pueblos latinoamericanos.

Cuba ha vivido tres años de Revolución bajo incesante hostigamiento de intervención yanqui en nuestros asuntos internos. Aviones piratas procedentes de Estados Unidos lanzando materias inflamables han quemado millones de arrobas de caña; actos de sabotaje internacional perpetrados por agentes yanquis, como la explosión del vapor «La Coubre», ha costado decenas de vidas cubanas; miles de armas norteamericanas de todos tipos han sido lanzadas en paracaídas por los servicios militares de Estados Unidos sobre nuestro territorio para promover la subversión; cientos de toneladas de materiales explosivos y máquinas infernales han sido desembarcados subrepticiamente en nuestras costas por lanchas norteamericanas para promover el sabotaje y el terrorismo; un obrero cubano fue torturado en la Base Naval de Guantánamo y privado de la vida sin proceso previo ni explicación posterior alguna; nuestra cuota azucarera fue suprimida abruptamente y proclamado el embargo de piezas y materias primas para fábricas y maquinaria de construcción norteamericana para arruinar nuestra economía; barcos artillados y aviones de bombardeo procedentes de bases preparadas por el Gobierno de Estados Unidos han atacado sorpresivamente puestos e instalaciones cubanas; tropas mercenarias organizadas y entrenadas en países de América Central por el propio Gobierno han invadido en son de guerra nuestro territorio, escoltados por barcos de la flota yanqui, y con apoyo aéreo desde bases exteriores, provocando la pérdida de numerosas vidas y la destrucción de bienes materiales; contrarrevolucionarios cubanos son instruidos en el ejército de Estados Unidos y nuevos planes de agresión se realizan contra Cuba. Todo eso ha estado ocurriendo durante tres años, incesantemente, a la vista de todo el continente, y la O.E.A. no se entera. Los cancilleres se reúnen en Punta del Este y no amonestan siquiera al Gobierno de Estados Unidos ni a los gobiernos que son cómplices materiales de esas agresiones. Expulsan a Cuba, el país latinoamericano víctima, el país agredido.

Estados Unidos tiene pactos militares con países de todos los continentes; bloques militares con cuanto gobierno fascista, militarista y reaccionario haya en el mundo; la O.T.A.N., la S.E.A.T.O. y la C.E.N.T.O., a las cuales hay que agregar ahora la O.E.A., intervienen en Laos, en Viet Nam, en Corea, en Formosa, en Berlín; envía abiertamente barcos a Santo Domingo para imponer su ley, su voluntad y anuncia su propósito de usar sus aliados de la O.T.A.N. para bloquear el comercio con Cuba; y la O.E.A. no se entera... Se reúnen los cancilleres y expulsan a Cuba, que no tiene pactos militares con ningún país. Así, el Gobierno que organiza la subversión en todo el mundo y forja alianzas militares en cuatro continentes, hace expulsar a Cuba, acusándola nada menos que de subversión y de vinculaciones extracontinentales.

Cuba, el país latinoamericano que ha convertido en dueños de las tierras a más de cien mil pequeños agricultores, asegurando empleo todo el año en granjas y cooperativas a todos los obreros agrícolas, transformado los cuarteles en escuelas, concedido sesenta mil becas a estudiantes universitarios, secundarios y tecnológicos, creado aulas para la totalidad de la población infantil, liquidado totalmente el analfabetismo, cuadruplicado los servicios médicos, nacionalizado las empresas monopolistas, suprimido el abusivo sistema que convertía la vivienda en un medio de explotación para el pueblo, eliminado virtualmente el desempleo, suprimido la discriminación por motivo de raza o sexo, barrido el juego, el vicio y la corrupción administrativa, armado al pueblo, hecho realidad viva el disfrute de los derechos humanos al librar al hombre y a la mujer de la explotación, la incultura y la desigualdad social, que se ha liberado de todo tutelaje extranjero, adquirido plena soberanía y establecido las bases para el desarrollo de su economía a fin de no ser más país monoproductor y exportador de materias primas, es expulsada de la Organización de Estados Americanos por gobiernos que no han logrado para sus pueblos ni una sola de estas reivindicaciones. ¿Cómo podrán justificar su conducta ante los pueblos de América y del mundo? ¿Cómo podrán negar que en su concepto la política de tierra, de pan, de trabajo, de salud, de libertad, de igualdad y de cultura, de desarrollo acelerado de la economía, de dignidad nacional, de plena autodeterminación y soberanía es incompatible con el hemisferio?

Los pueblos piensan muy distinto, los pueblos piensan que lo único compatible con el destino de América Latina es la miseria, la explotación feudal, el analfabetismo, los salarios de hambre, el desempleo, la política de represión contra las masas obreras, campesinas y estudiantiles, la discriminación de la mujer, del negro, del indio, del mestizo, la opresión de las oligarquías, el saqueo de sus riquezas por los monopolios yanquis, la asfixia moral de sus intelectuales y artistas, la ruina de sus pequeños productores por la competencia extranjera, el subdesarrollo económico, los pueblos sin caminos, sin hospitales, sin viviendas, sin escuelas, sin industrias, el sometimiento al imperialismo, la renuncia a la soberanía nacional y la traición a la Patria.

¿Cómo podrán hacer entender su conducta, la actitud condenatoria para con Cuba, los imperialistas; con qué palabras les van a hablar y con qué sentimientos, a quienes han ignorado, aunque sí explotado, por tan largo tiempo?

Quienes estudian los problemas de América suelen preguntar qué país, quiénes han enfocado con corrección la situación de los dirigentes, de los pobres, de los indios, de los negros, de la infancia desvalida, esa inmensa infancia de treinta millones en 1950 (que será de cincuenta millones dentro de ocho años más), sí, ¿quiénes, qué país?

Treinta y dos millones de indios vertebran –tanto como la misma Cordillera de los Andes– el continente americano entero. Claro que para quienes lo han considerado casi como una cosa, más que como una persona, esa humanidad no cuenta, no contaba y creían que nunca contaría. Como suponía, no obstante, una fuerza ciega de trabajo, debía ser utilizado, como se utiliza una yunta de bueyes o un tractor.

¿Cómo podrá creerse en ningún beneficio, en ninguna Alianza para el Progreso, con el imperialismo, bajo qué juramento, si bajo su santa protección, sus matanzas, sus persecuciones aún viven los indígenas del sur del continente, como los de la Patagonia, en toldos, como vivían sus antepasados a la venida de los descubridores, casi quinientos años atrás? ¿En dónde los que fueron grandes razas que poblaron el norte argentino, Paraguay y Bolivia, como los guaraníes, que han sido diezmados ferozmente, como quien caza animales y a quienes se les ha enterrado en los interiores de las selvas? ¿En dónde esa reserva autóctona, que pudo servir de base a una gran civilización americana –y cuya extinción se la apresura por instantes– y a la que se la ha empujado América adentro a través de los esteros paraguayos y los altiplanos bolivianos, tristes, rudimentarios, razas melancólicas, embrutecidas por el alcohol y los narcóticos, a los que se acogen para por lo menos sobrevivir en las infrahumanas condiciones (no sólo de alimentación) en que viven? ¿En dónde una cadena de manos se estira –casi inútilmente– por sobre los lomos de la cordillera, sus faldas, a lo largo de los grandes ríos y por entre las sombras de los bosques para unir sus miserias con los demás que perecen lentamente, las tribus brasileñas y las del norte del continente y sus costas, hasta alcanzar a los cien mil motilones de Venezuela, en el más increíble atraso y salvajemente confinados en las selvas amazónicas o las Sierras de Perijá, a los solitarios vapichanas, que en las tierras calientes de las Guyanas esperan su final, ya casi perdidos definitivamente para la suerte de los humanos? Sí, a todos estos treinta y dos millones de indios que se extienden desde la frontera con los Estados Unidos hasta los confines del Hemisferio Sur y cuarenta y cinco millones de mestizos, que en gran parte poco difieren de los indios; a todos estos indígenas, a ese formidable caudal de trabajo, de derechos pisoteados, sí, ¿qué les puede ofrecer el imperialismo? ¿Cómo podrán creer estos ignorados en ningún beneficio que venga de tan sangrientas manos? Tribus enteras que aún viven desnudas; otras que se las supone antropófagas; otras que en el primer contacto con la civilización conquistadora mueren como insectos; otras que se las destierra, es decir, se las echa de sus tierras, se las empuja hasta volcarlas en los bosques o en las montañas o en las profundidades de los llanos en donde no llega ni el menor átomo de la cultura, de luz, de pan, ni de nada.

¿En qué «alianza» –como no sea una para su más rápida muerte– van a creer estas razas indígenas apaleadas por siglos, muertas a tiros para ocupar sus tierras, muertas a palos por miles por no trabajar más rápido en sus servicios de explotación por el imperialismo?

¿Y al negro? ¿Qué «alianza» les puede brindar el sistema de los linchamientos y la preterición brutal del negro de los Estados Unidos a los quince millones de negros y catorce millones de mulatos latinoamericanos que saben con horror y cólera que sus hermanos del norte no pueden montar en los mismos vehículos que sus compatriotas blancos ni asistir a las mismas escuelas, ni siquiera morir en los mismos hospitales?

¿Cómo han de creer en este imperialismo, en sus beneficios, en sus «alianzas» (que no sean para lincharlos o explotarlos como esclavos) estos núcleos étnicos preteridos?

Esas masas, que no han podido gozar ni medianamente de ningún beneficio cultural, social o profesional, que aun en donde son mayoría, o forman millones, son maltratados por los imperialistas disfrazados de Ku-Klux-Klan; son arrojados a las barriadas más insalubres, a las casas colectivas menos confortables, hechas para ellos, empujados a los oficios más innobles, a los trabajos más duros y a las profesiones menos lucrativas, que no supongan contacto con las universidades, las altas academias o escuelas particulares.

¿Qué Alianza para el Progreso puede servir de estímulo a esos ciento siete millones de hombres y mujeres de nuestra América, médula del trabajo en ciudades y campos, cuya piel oscura –negra, mestiza, mulata, india– inspira desprecio a los nuevos colonizadores? ¿Cómo van a confiar en la supuesta «alianza» los que en Panamá han visto con mal contenida impotencia que hay un salario para el yanqui y otro salario para el panameño, que ellos consideran raza inferior?

¿Qué pueden esperar los obreros con sus jornales de hambre, los trabajos más rudos, las condiciones más miserables, la desnutrición, las enfermedades y todos los males que incuba la miseria?

¿Qué les pueden decir, qué palabras, qué beneficios podrán ofrecerles los imperialistas a los mineros del cobre, del estaño, del hierro, del carbón, que dejan sus pulmones a beneficio de dueños lejanos e inclementes; a los padres e hijos de los maderales, de los cauchales, de los yerbazales, de las plantaciones fruteras, de los ingenios de café y de azúcar, de los peones en las pampas y en los llanos que amasan con su salud y con sus vidas las fortunas de los explotadores? ¿Qué pueden esperar estas masas inmensas que producen las riquezas que crean los valores, que ayudan a parir un nuevo mundo en todas partes, qué pueden esperar del imperialismo, esa boca insaciable, esa mano insaciable sin otro horizonte inmediato que la miseria, el desamparo más absoluto, la muerte fría y sin historia al fin?

¿Qué puede esperar esta clase, que ha cambiado el curso de la historia en otras partes del mundo, que ha revolucionado al mundo, que es vanguardia de todos los humildes y explotados, qué puede esperar del imperialismo, su más irreconciliable enemigo?

¿Qué puede ofrecer el imperialismo, qué clase de beneficio, qué suerte de vida mejor y más justa, qué motivo, qué aliciente, qué interés para superarse, para lograr trascender sus sencillos y primarios escalones, a maestros, a profesores, a profesionales, a intelectuales, a los poetas y a los artistas; a los que cuidan celosamente las generaciones de niños y jóvenes para que el imperialismo se cebe luego en ellos; a quienes viven con sueldos humillantes en la mayoría de los países; a los que sufren las limitaciones de su expresión política y social en casi todas partes; que no sobrepasan, en sus posibilidades económicas, más que la simple línea de sus precarios recursos y compensaciones, enterrados en una vida gris y sin horizontes que acaba en una jubilación que entonces ya no cubre ni la mitad de los gastos? ¿Qué «beneficios» o «alianzas» podrá ofrecerles el imperialismo que no sean las que redunden en su total provecho? Si les crea fuentes de ayuda a sus profesiones, a sus artes, a sus publicaciones, es siempre en el bien entendido de que sus producciones deberán reflejar sus intereses, sus objetivos, sus «nadas».

Las novelas que traten de reflejar la realidad del mundo, de sus aventuras rapaces; los poemas que quieran traducir protestas por su avasallamiento, por su ingerencia en la vida, en la mente, en las vísceras de sus países y pueblos; las artes combativas que pretenden apresar en sus expresiones las formas y contenido de su agresión y constante presión sobre todo lo que vive y alienta progresivamente, todo lo que es revolucionario; lo que enseña; lo que trata de guiar, lleno de luz y de conciencia, de claridad y de belleza, a los hombres y a los pueblos a mejores destinos, hacia más altas cumbres del pensamiento, de la vida y de la justicia, encuentra la reprobación más encarnizada del imperialismo; encuentra la valla, la condena, la persecución maccarthista. Sus prensas se les cierran; su nombre es borrado de las columnas y se aplica la losa del silencio más atroz..., que es, entonces –una contradicción más del imperialismo–, cuando el escritor, el poeta, el pintor, el escultor, el creador en cualquier material, el científico, empiezan a vivir de verdad, a vivir en la lengua del pueblo, en el corazón de millones de hombres del mundo. El imperialismo todo lo trastrueca, lo deforma, lo canaliza por sus vertientes para su provecho, hacia la multiplicación de su dólar; comprando palabras o cuadros, o mudez, o transformando en silencio la expresión de los revolucionarios, de los hombres progresistas, de los que luchan por el pueblo y sus problemas.

No podíamos olvidar en este triste cuadro la infancia desvalida, desatendida; la infancia sin porvenir de América. América, que es un continente de natalidad elevada, tiene también una mortalidad elevada. La mortalidad de niños de menos de un año, en once países, ascendía hace pocos años a ciento veinticinco por mil, y en otros diecisiete, a noventa niños. En ciento dos países del mundo, en cambio, esa tasa alcanza a cincuenta y uno. En América, pues, se mueren tristemente, desatendidamente, setenta y cuatro niños en cada mil, en el primer año de su nacimiento. Hay países latinoamericanos en los que esa tasa alcanza, en algunos lugares, a trescientos por mil; miles y miles de niños hasta los siete años mueren en América de enfermedades increíbles: diarreas, pulmonías, desnutrición, hambre; miles y miles, de otras enfermedades, sin atención en los hospitales, sin medicinas; miles y miles ambulan, heridos de cretinismo endémico, paludismo, tracoma y otros males producidos por las contaminaciones, la falta de agua y otras necesidades. Males de esta naturaleza son una cadena en los países americanos en donde agonizan millares y millares de niños, hijos de parias, hijos de pobres y de pequeños burgueses con vida dura y precarios medios.

Los datos, que serán redundantes, son de escalofrío. Cualquier publicación oficial de los organismos internacionales los reúne por cientos.

En los aspectos educacionales, indigna pensar el nivel de incultura que padece esta América. Mientras que Estados Unidos logra un nivel de ocho y nueve años de escolaridad en la población de quince años en adelante, América Latina, saqueada y esquilmada por ellos, tiene menos de un año escolar aprobado como nivel en esas mismas edades. E indigna más aún cuando sabemos que de los niños entre cinco y catorce años solamente están matriculados en algunos países un 20 por 100 y en los de más alto nivel el 60 por 100. Es decir, que más de la mitad de la infancia de América Latina no concurre a la escuela. Pero el dolor sigue creciendo cuando comprobamos que la matrícula de los tres primeros grados comprende más del 80 por 100 de los matriculados; y que en el grado sexto, la matrícula fluctúa apenas entre seis y veintidós alumnos de cada cien que comenzaron en el primero. Hasta en los países que creen haber atendido a su infancia, ese porcentaje de pérdida escolar entre el primero y el sexto grado es del 73 por 100 como promedio. En Cuba, antes de la Revolución, era del 74 por 100. En la Colombia de la «democracia representativa» es del 78 por 100. Y si se fija la vista en el campo, sólo el 1 por 100 de los niños llega, en el mejor de los casos, al quinto grado de enseñanza.

Cuando se investiga este desastre de ausentismo escolar, una causa es la que lo explica: la economía de miseria. Falta de escuelas, falta de maestros, falta de recursos familiares, trabajo infantil. En definitiva, el imperialismo y su obra de opresión y retraso.

El resumen de esta pesadilla que ha vivido América, de un extremo a otro, es que en este continente de casi doscientos millones de seres humanos, formado en sus dos terceras partes por los indios, los mestizos y los negros, por los «discriminados», en este continente de semicolonias, mueren de hambre, de enfermedades curables o vejez prematura alrededor de cuatro personas por minuto, de cinco mil quinientos al día, de dos millones por año, de diez millones cada cinco años. Esas muertes podrían ser evitadas fácilmente, pero sin embargo se producen. Las dos terceras partes de la población latinoamericana vive poco, y vive bajo la permanente amenaza de muerte. Holocausto de vidas que en quince años ha ocasionado dos veces más muertes que la guerra de 1914, y continúa... Mientras tanto, de América Latina fluye hacia los Estados Unidos un torrente continuo de dinero: unos cuatro mil dólares por minuto, cinco millones por día, dos mil millones por año, diez mil millones cada cinco años. Por cada mil dólares que se nos van, nos queda un muerto. Mil dólares por muerto: ese es el precio de lo que se llama imperialismo! ¡MIL DÓLARES POR MUERTO, CUATRO VECES POR MINUTO!

Mas a pesar de esta realidad americana, ¿para qué se reunieron en Punta del Este? ¿Acaso para llevar una sola gota de alivio a estos males? ¡No!

Los pueblos saben que en Punta del Este los cancilleres que expulsaron a Cuba se reunieron para renunciar a la soberanía nacional; que allí el Gobierno de Estados Unidos fue a sentar las bases no sólo para la agresión a Cuba, sino para intervenir en cualquier país de América contra el movimiento liberador de los pueblos; que Estados Unidos prepara a la América Latina un drama sangriento; que las oligarquías explotadoras, lo mismo que ahora renuncian al principio de la soberanía, no vacilarán en solicitar la intervención de las tropas yanquis contra sus propios pueblos y que con este fin la delegación norteamericana propuso un comité de vigilancia contra la subversión en la Junta Interamericana de Defensa, con facultades ejecutivas, y la adopción de medidas colectivas. Subversión para los imperialistas yanquis es la lucha de los pueblos hambrientos por el pan, la lucha de los campesinos por la tierra, la lucha de los pueblos contra la explotación imperialista. Comité de vigilancia en la Junta Interamericana de Defensa con facultades ejecutivas significa fuerza de represión continental contra los pueblos a las órdenes del Pentágono. Medidas colectivas significan desembarcos de infantes de Marina yanqui en cualquier país de América.

Frente a la acusación de que Cuba quiere exportar su revolución, respondemos: Las revoluciones no se exportan, las hacen los pueblos.

Lo que Cuba puede dar a los pueblos y ha dado ya es su ejemplo.

Y ¿qué enseña la Revolución Cubana? Que la revolución es posible, que los pueblos pueden hacerla, que en el mundo contemporáneo no hay fuerzas capaces de impedir el movimiento de liberación de los pueblos.

Nuestro triunfo no habría sido jamás factible si la revolución misma no hubiese estado inexorablemente destinada a surgir de las condiciones existentes en nuestra realidad económico-social, realidad que existe en grado mayor aún en un buen número de países de América Latina.

Ocurre inevitablemente que en las naciones donde es más fuerte el control de los monopolios yanquis, más despiadada la explotación de la oligarquía y más insoportable la situación de las masas obreras y campesinas, el poder político se muestra más férreo, los estados de sitio se vuelven habituales, se reprime por la fuerza toda manifestación de descontento de las masas, y el cauce democrático se cierra por completo, revelándose con más evidencia que nunca el carácter de brutal dictadura que asume el poder de las clases dominantes. Es entonces cuando se hace inevitable el estallido revolucionario de los pueblos.

Y si bien es cierto que en los países subdesarrollados de América la clase obrera es en general relativamente pequeña, hay una clase social que por las condiciones subhumanas en que vive constituye una fuerza potencial que, dirigida por los obreros y los intelectuales revolucionarios, tiene una importancia decisiva en la lucha por la liberación nacional: los campesinos.

En nuestros países se juntan las circunstancias de una industria subdesarrollada con un régimen agrario de carácter feudal. Es por eso que con todo lo duras que son las condiciones de vida de los obreros urbanos, la población rural vive aún en más horribles condiciones de opresión y explotación; pero es también, salvo excepciones, el sector absolutamente mayoritario en proporciones que a veces sobrepasa el 70 por 100 de las poblaciones latinoamericanas.

Descontando los terratenientes que muchas veces residen en las ciudades, el resto de esa gran masa libra su sustento trabajando como peones en las haciendas por salarios misérrimos, o labran la tierra en condiciones de explotación que nada tienen que envidiar a la Edad Media. Estas circunstancias son las que determinan que en América Latina la población pobre del campo constituya una tremenda fuerza revolucionaria potencial.

Los ejércitos, estructurados y equipados para la guerra convencional, que son la fuerza en que se sustenta el poder de las clases explotadoras, cuando tienen que enfrentarse a la lucha irregular de los campesinos en el escenario natural de éstas, resultan absolutamente impotentes; pierden diez hombres por cada combatiente revolucionario que cae, y la desmoralización cunde rápidamente en ellos al tener que enfrentarse a un enemigo invisible e invencible que no le ofrece ocasión de lucir sus tácticas de academia y sus fanfarrias de guerra, de las que tanto alarde hacen para reprimir a los obreros y a los estudiantes en las ciudades.

La lucha inicial de reducidos núcleos combatientes se nutre incesantemente de nuevas fuerzas, el movimiento de masas comienza a desatarse, el viejo orden se resquebraja poco a poco en mil pedazos y es entonces el momento en que la clase obrera y las masas urbanas deciden la batalla.

¿Qué es lo que desde el comienzo mismo de la lucha de esos primeros núcleos los hace invencibles, independientemente del número, el poder y los recursos de sus enemigos? El apoyo del pueblo, y con ese apoyo de las masas contarán en grado cada vez mayor. Pero el campesinado es una clase que, por el estado de incultura en que lo mantienen y el aislamiento en que vive, necesita la dirección revolucionaria y política de la clase obrera y los intelectuales revolucionarios, sin la cual no podría por sí sola lanzarse a la lucha y conquistar la victoria.

En las actuales condiciones históricas de América Latina, la burguesía nacional no puede encabezar la lucha antifeudal y antiimperialista. La experiencia demuestra que en nuestras naciones esa clase, aun cuando sus intereses son contradictorios con los del imperialismo yanqui, ha sido incapaz de enfrentarse a éste, paralizada por el miedo a la revolución social y asustada por el clamor de las masas explotadas.

Situadas ante el dilema imperialismo o revolución, sólo sus capas más progresistas estarán con el pueblo.

La actual correlación mundial de fuerzas y el movimiento universal de liberación de los pueblos coloniales y dependientes señalan a la clase obrera y a los intelectuales revolucionarios de América Latina su verdadero papel, que es el de situarse resueltamente a la vanguardia de la lucha contra el imperialismo y el feudalismo.

El imperialismo, utilizando los grandes monopolios cinematográficos, sus agencias cablegráficas, sus revistas, libros y periódicos reaccionarios acude a las mentiras más sutiles para sembrar divisionismo e inculcar entre la gente más ignorante el miedo y la superstición a las ideas revolucionarias que sólo a los intereses de los poderosos explotadores y a sus seculares privilegios pueden y deben asustar.

El divisionismo, producto de toda clase de prejuicios, ideas falsas y mentiras; el sectarismo, el dogmatismo, la falta de amplitud para analizar el papel que corresponde a cada capa social, a sus partidos, organizaciones y dirigentes, dificultan la unidad de acción imprescindible entre las fuerzas democráticas y progresistas de nuestros pueblos. Son vicios de crecimiento, enfermedades de la infancia del movimiento revolucionario que deben quedar atrás. En la lucha antiimperialista y antifeudal es posible vertebrar la inmensa mayoría del pueblo tras metas de liberación que unan el esfuerzo de la clase obrera, los campesinos, los trabajadores intelectuales, la pequeña burguesía y las capas más progresistas de la burguesía nacional. Estos sectores comprenden la inmensa mayoría de la población y aglutinan grandes fuerzas sociales capaces de barrer el dominio imperialista y la reacción feudal. En ese amplio movimiento pueden y deben luchar juntos por el bien de sus naciones, por el bien de sus pueblos y por el bien de América, desde el viejo militante marxista hasta el católico sincero que no tenga nada que ver con los monopolios yanquis y los señores feudales de la tierra.

Ese movimiento podría arrastrar consigo a los elementos progresistas de las fuerzas armadas, humilladas también por las misiones militares yanquis, la traición a los intereses nacionales de las oligarquías feudales y la inmolación de la soberanía nacional a los dictados de Washington.

Allí donde están cerrados los caminos de los pueblos, donde la represión de los obreros y campesinos es feroz, donde es más fuerte el dominio de los monopolios yanquis, lo primero y más importante es comprender que no es justo ni es correcto entretener a los pueblos con la vana y acomodaticia ilusión de arrancar, por vías legales que ni existen ni existirán, a las clases dominantes, atrincheradas en todas las posiciones del Estado monopolizadoras de la instrucción, dueñas de todos los vehículos de divulgación y poseedoras de infinitos recursos financieros, un poder que los monopolios y las oligarquías defenderán a sangre y fuego con la fuerza de sus policías y de sus ejércitos.

El deber de todo revolucionario es hacer la revolución.

Se sabe que en América y en el mundo la revolución vencerá, pero no es de revolucionarios sentarse en la puerta de su casa para ver pasar el cadáver del imperialismo. El papel de Job no cuadra con el de un revolucionario. Cada año que se acelere la liberación de América significará millones de niños que se salven para la vida, millones de inteligencias que se salven para la cultura, infinitos caudales de dolor que se ahorrarían los pueblos. Aun cuando los imperialistas yanquis preparen para América un drama de sangre, no lograrán aplastar las luchas de los pueblos, concitarán contra ellos el odio universal y será también el drama que marque el ocaso de su voraz y cavernícola sistema.

Ningún pueblo de América Latina es débil, porque forma parte de una familia de doscientos millones de hermanos que padecen las mismas miserias, albergan los mismos sentimientos, tienen el mismo enemigo, sueñan todos un mismo mejor destino y cuentan con la solidaridad de todos los hombres y mujeres honrados del mundo entero.

Con lo grande que fue la epopeya de la independencia de América Latina, con lo heroica que fue aquella lucha, a la generación de latinoamericanos de hoy le ha tocado una epopeya mayor y más decisiva todavía para la humanidad. Porque aquella lucha fue para librarse del poder colonial español, de una España decadente, invadida por los ejércitos de Napoleón. Hoy le toca la lucha de liberación frente a la metrópoli imperial más poderosa del mundo, frente a la fuerza más importante del sistema imperialista mundial y para prestarle a la humanidad un servicio todavía más grande del que le prestaron nuestros antepasados.

Pero esta lucha, más que aquélla, la harán las masas, la harán los pueblos; los pueblos van a jugar un papel mucho más importante que entonces; los hombres, los dirigentes importan e importarán en esta lucha menos de lo que importaron en aquélla.

Esta epopeya que tenemos delante la van a escribir las masas hambrientas de indios, de campesinos sin tierra, de obreros explotados, la van a escribir las masas progresistas; los intelectuales honestos y brillantes que tanto abundan en nuestras sufridas tierras de América Latina; lucha de masas y de ideas; epopeya que llevarán adelante nuestros pueblos maltratados y despreciados por el imperialismo, nuestros pueblos desconocidos hasta hoy, que ya empiezan a quitarle el sueño. Nos consideraba rebaño impotente y sumiso; y ya se empieza a asustar de ese rebaño; rebaño gigante de doscientos millones de latinoamericanos en los que advierte ya a sus sepultureros el capital monopolista yanqui.

Con esta humanidad trabajadora, con estos explotados infrahumanos, paupérrimos, manejados por los métodos de foete y mayoral no se ha contado o se ha contado poco. Desde los albores de la independencia sus destinos han sido los mismos: indios, gauchos, mestizos, zambos, cuarterones, blancos sin bienes ni rentas, toda esa masa humana que se formó en las filas de la «patria» que nunca disfrutó, que cayó por millones, que fue despedazada, que ganó la independencia de sus metrópolis para la burguesía, esa que fue desterrada de los repartos, siguió ocupando el último escalón de los beneficios sociales, siguió muriendo de hambre, de enfermedades curables, de desatención, porque para ella nunca alcanzaron los bienes salvadores: el simple pan, la cama de un hospital, la medicina que salva, la mano que ayuda.

Pero la hora de su reivindicación, la hora que ella misma se ha elegido, la viene señalando, con precisión, ahora, también de un extremo a otro del continente. Ahora, esta masa anónima, esta América de color, sombría, taciturna, que canta en todo el Continente con una misma tristeza y desengaño, ahora esta masa es la que empieza a entrar definitivamente en su propia historia, la empieza a escribir con su sangre, la empieza a sufrir y a morir. Porque ahora, por los campos y las montañas de América, por las faldas de sus sierras, por sus llanuras y sus selvas, entre la soledad o en el tráfico de las ciudades o en las costas de los grandes océanos y ríos, se empieza a estremecer este mundo lleno de razones, con los puños calientes de deseos de morir por lo suyo, de conquistar sus derechos casi quinientos años burlados por unos y por otros. Ahora sí, la historia tendrá que contar con los pobres de América, con los explotados y vilipendiados de América Latina, que han decidido empezar a escribir ellos mismos, para siempre, su historia. Ya se les ve por los caminos un día y otro, a pie, en marchas sin término de cientos de kilómetros, para llegar hasta los «olimpos» gobernantes a recabar sus derechos. Ya se les ve, armados de piedras, de palos, de machetes, de un lado y otro, cada día, ocupando las tierras, fincando sus garfios en la tierra que les pertenece y defendiéndola con su vida; se les ve, llevando sus cartelones, sus banderas sus consignas; haciéndolas correr en el viento por entre las montañas o a lo largo de los llanos. Y esa ola de estremecido rencor, de justicia reclamada, de derecho pisoteado que se empieza a levantar por entre las tierras de Latinoamérica, esa ola ya no parará más. Esa ola irá creciendo cada día que pase. Porque esa ola la forman los más mayoritarios en todos los aspectos, los que acumulan con su trabajo las riquezas, crean los valores, hacen andar las ruedas de la historia y que ahora despiertan del largo sueño embrutecedor a que los sometieron.

Porque esta gran humanidad ha dicho: «¡Basta!» y ha echado a andar. Y su marcha de gigantes, ya no se detendrá hasta conquistar la verdadera independencia, por la que ya han muerto más de una vez inútilmente. Ahora, en todo caso, los que mueran, morirán como los de Cuba, los de Playa Girón, morirán por su única, verdadera, irrenunciable independencia.

¡Patria o Muerte!
¡VENCEREMOS!


EL PUEBLO DE CUBA
La Habana Cuba Febrero 4 de 1962

La CIA, su historia y su papel en el mundo de hoy

La CIA, su historia y su papel en el mundo de hoy
February

Manuel Medina-Anaya y Cristóbal García Vera

No siempre los pueblos del mundo han estado custodiados por la Central Intelligence Agency (CIA). De hecho, tampoco la todopoderosa Agencia de espionaje nació con la Declaración de Independencia americana. La "Agencia Central de Inteligencia" fue creada hace relativamente poco tiempo, en 1947.

Hasta las vísperas de la II Guerra Mundial, los servicios de inteligencia de los Estados Unidos se caracterizaban por su inoperante disgregación. Numerosas organizaciones estatales independientes ejercían, simultáneamente y sin coordinación, cometidos similares en el área del espionaje. Las funciones de investigación política, por ejemplo, las ejecutaban a la vez el Departamento de Estado, el FBI y los ministerios de la Marina y de la Guerra. Esta desorganización constituía un serio obstáculo para que los Estados Unidos dispusieran de un "aparato de inteligencia" acorde con la época prebélica que se vivía. El papel de USA en el mundo, hasta el segundo conflicto mundial, había sido más bien modesto en comparación, por ejemplo, con los que desempeñaban Inglaterra y Francia. Esa fue una de las razones por la que su servicio de Inteligencia se había centrado hasta entonces en los "asuntos domésticos", como la represión del movimiento sindical y de aquellas corrientes ideológicas no asimilables por el sistema.

En política exterior, la elite dominante estadounidense se preocupaba, fundamentalmente, de la fidelidad de lo que ellos han denominado siempre su "patio trasero", es decir, Latinoamérica. Decenas de intervenciones militares de todo tipo se aseguraban de hacer cumplir la conocida máxima del quinto presidente de los Estados Unidos, James Monroe, que en 1823 declaró que "América debía ser para los americanos"… del Norte, claro. Más de tres cuartos de siglo después otro presidente estadounidense, Theodore Roosevelt, basándose en su política del Big Stick (Gran Garrote) sostendría que su país podía intervenir en cualquier nación latinoamericana "culpable de actuar incorrectamente en su política interior o exterior”. De hecho él mismo así lo hizo en varias ocasiones, recibiendo ironías de la historia-, el premio Nóbel de la Paz en 1906. Sus pulsiones bélicas eran de tal calibre que en cierta ocasión le escribió a un amigo: "Confidencialmente, agradecería casi cualquier guerra, pues creo que este país necesita una."

Dos fueron los factores esenciales que llevaron al gobierno de los Estados Unidos a crear una potente institución encargada de las tareas de Inteligencia .En primer lugar, el fulminante ataque de los japoneses a Pearl Harbor, en Diciembre de 1941. En la agresión nipona ocho buques de guerra fueron hundidos, cerca de 200 aviones fueron destruidos y alrededor de 3.000 hombres resultaron muertos o heridos. El ataque japonés a la flota norteamericana en el Pacífico se realizó en unas condiciones sorprendentes. Al menos tres de las oficinas dedicadas al espionaje conocían los preparativos secretos de la operación. Pero la descoordinación era tal que los militares no estaban al corriente de las orientaciones del Departamento de Estado, y los diplomáticos, por su parte, no tenían acceso a los materiales de inteligencia del Ejército y de la Marina. Este acontecimiento convenció a los círculos gobernantes de que debían unificar, urgentemente, todos sus organismos de Inteligencia.

Pero, según se desprende de la documentación de la época, hubo un segundo factor de mayor relieve que hizo indispensable la creación de una organización de Inteligencia centralizada y con una percepción "global" de sus funciones. Las elites dominantes del país estimaban que "la potencia más grande del mundo" requería unos servicios en consonancia con su futura influencia internacional. Los Estados Unidos, se auguraba con acierto en los círculos del poder, saldrían de su intervención en la segunda guerra mundial como la gran potencia hegemónica del planeta. En cuanto a los efectos destructivos de la guerra, resultarían indemnes, en tanto que los daños del conflicto difícilmente podían alcanzar sus fronteras. Pero además se encontraban en inmejorables condiciones para convertirse en el gran país acreedor, artífice de la recuperación económica de los europeos.

George Kennan, el más influyente asesor del presidente Truman, según revelan hoy los documentos confidenciales de la época, se expresó con brutal sinceridad a este respecto: "Los Estados Unidos posee el 50% de la riqueza del mundo, pero sólo el 6% de su población... En tales condiciones, es imposible evitar que la gente nos envidie. Nuestra auténtica tarea consiste en mantener esta posición de disparidad sin detrimento de nuestra seguridad nacional. Para lograrlo, tendremos que desprendernos de sentimentalismos y tonterías. Hemos de dejarnos de objetivos vagos y poco realistas como los derechos humanos, la mejora de los niveles de vida y la democratización.

Pronto llegará el día en que tendremos que funcionar con conceptos directos de poder. Cuántas menos bobadas idealistas dificulten nuestra tarea, mejor nos irá..."

Los Estados Unidos emergieron, pues, de la Segunda Guerra Mundial con una influencia decisiva en todas las esferas de ámbito mundial, e impusieron a nivel planetario un conjunto de instituciones con la finalidad de garantizar que las cosas iban a funcionar según sus intereses. Las instituciones claves en esta construcción fueron el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional. A éstas se añadió, en 1948, el Plan Marshall, mediante el cual los EEUU prestaron a la Europa occidental una ayuda económica de 16.000 millones de dólares. La operación crediticia tenía una doble finalidad: crear un macromercado para los productos norteamericanos en Europa y, a su vez, controlar el peligroso escoramiento hacia la izquierda que se experimentaba en el viejo continente.

Con el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y el propio Plan Marshall se podían controlar los flujos económicos y chantajear a aquellos países que no se sometieran al dictado de los intereses norteamericanos. Pero con un Servicio de Inteligencia adecuado y el ejército se podían comprar conciencias, eliminar disidentes y, en el último extremo, si el "enemigo " era contumaz, acallarlo con el estruendo de las cañoneras. Para lograrlo era preciso crear un sistema de inteligencia que no fuera tan solo una mera base informativa para la toma de decisiones sobre política exterior, como ocurría con los servicios tradicionales de espionaje. Había que ir más lejos. Se requería un instrumento para "hacer " política exterior. La revista norteamericana "Foreign Affaires" explicaba en aquella época con lucidez que a los Estados Unidos no le bastaba su potencial militar para ejercer una influencia mundial. A juicio de la revista, necesitaba de "algo más". G. Petty, un ideólogo estadounidense del expansionismo, decía que su país requería de un servicio de inteligencia excepcionalmente extenso "para asumir el liderazgo mundial en todos los continentes y en todos los sistemas sociales, en todas las razas, religiones, en cualesquiera condiciones sociales, económicas y políticas." La CIA se convirtió, en 1947, en ese instrumento. Su dependencia directa del presidente de los Estados Unidos le concedería un importante papel en la política exterior norteamericana.

LA GUERRA FRIA.

Dean Acheson, viceministro de Asuntos Exteriores del gobierno estadounidense, en 1944, todavía sin concluir la guerra, comentaba con el presidente del Comité encargado de la planificación económica de la posguerra que "…lo más importante son los mercados. Tenemos que procurar que nuestros productos sean usados y que se vendan". Y terminaba añadiendo "No podemos tener empleo para todos y prosperidad en los Estados Unidos sin los mercados del exterior". Estaba claro que Acheson no solo se refería a la exportación de de productos de consumo. En los años del conflicto mundial los Estados Unidos habían consolidado una respetable industria armamentista, que alimentó no sólo su propio esfuerzo bélico, sino también el de todos los ejércitos aliados, incluido el de la Unión Soviética. El final de la guerra no podía significar la conclusión de ese ventajoso idilio entre producción e industria militar. El espíritu de la época queda fielmente reflejado en la reflexión del escritor norteamericano Richard Barnet:

"La economía de guerra facilita una posición cómoda a decenas de miles de burócratas vestidos de uniforme o de paisano que van a la oficina cada día a construir armas atómicas o a planificar la guerra atómica; a millones de trabajadores cuyos puestos de trabajo dependen del sistema de terrorismo nuclear; a científicos e ingenieros pagados para buscar la "solución tecnológica" definitiva que proporcione una seguridad absoluta; a contratistas que no quieren dejar pasar la ocasión de obtener beneficios fáciles; a guerreros intelectuales que venden amenazas y bendicen guerras" .

Para mantener el emporio industrial-armamentista era necesario que existiera una justificación. El enemigo, -Alemania, Italia y Japón - había sido absolutamente derrotado. Solo la creación de un nuevo enemigo, que infundiera terror, que transmitiera la idea de que peligraba "la forma de vida americana" ("the american way of life"), haría posible que el pueblo de los Estados Unidos se enrolara en una nueva cruzada contra "las hordas asiáticas", como G. Kenan, el ya mencionado asesor del presidente Truman, denominaba a todo lo que viniera del Este. La histeria se instaló en el cerebro de cada estadounidense. El "Capitán América", héroe de los comics norteamericanos, pasó de luchar contra los nazis a perseguir peligrosos comunistas emboscados bajo las alfombras del vecino. La persecución no se limitó a los satanizados marxistas sino que se proyectó, igualmente, sobre "sus amigos" y "compañeros de viaje", con lo que el espectro de ciudadanos bajo sospecha se hizo infinito. Había comenzado la Guerra Fría.

LA AMENAZA SOVIETICA

En realidad tal amenaza no existía. Al menos no en la forma en la que la construyeron quienes diseñaron el espantajo fantasmagórico del "peligro soviético", con espías, micrófonos y conspiraciones en la sala de estar de cada hogar americano. Ciertamente que el mundo no era ya el que había sido antes de la guerra. Parecía haberse acabado la época en la que los ingleses podían dormir tranquilamente la siesta abanicados por algún súbdito de sus extensos dominios. En 1945 las poblaciones de las colonias tuvieron la oportunidad de comprobar que Inglaterra y Francia no eran imbatibles. No fueron pocos los habitantes de las colonias que engrosaron los batallones franceses e ingleses durante las dos guerras mundiales. En ambas ocasiones pudieron constatar las debilidades del supuestamente invencible "gran padre blanco" frente a los ejércitos alemanes. Los imperios coloniales europeos salieron seriamente maltrechos de la conflagración mundial. Esas debilidades y otras fortalezas permitieron que la llama anticolonialista prendiera por toda Asia y África.

Por otro lado, los países de la Europa oriental, hasta donde los ejércitos soviéticos habían llegado en su lucha contra los alemanes, inauguraron con mejor o peor fortuna, regímenes sociales que cuestionaban el sistema capitalista. Simultáneamente, en la Europa occidental, los partidos políticos de izquierdas obtenían arrolladores resultados en las elecciones. El temor a la "marea roja" se apoderó de la burguesía americana y europea.

El mundo de la posguerra era, ciertamente, un mundo convulso, pero sus contradicciones estaban engendradas por el propio sistema económico y político. La "amenaza rusa" fue una invención diseñada a propósito en los laboratorios del expansionismo norteamericano. Hoy disponemos de pruebas documentales que demuestran que ni siquiera sus propios autores creían en su existencia. Solo personajes como James Forrestal, Secretario de Estado para la Marina, que se suicidó en un hospital psiquiátrico porque veía horrorizado llegar a los rusos a través de su ventana, daba verosimilitud a una patraña de esa envergadura. Sencillamente, la URSS no podía constituir una amenaza frente al poderío de los Estados Unidos. La Unión Soviética, que había llevado el peso de la guerra contra Alemania, quedó devastada por el conflicto. El ejercito hitleriano dejó tras de sí a veinte millones de muertos sobre su inmenso territorio. Ningún otro país sufrió unos daños tan enormes.

Los Estados Unidos, en cambio, perdieron solo 400.000 soldados en la contienda. Dicho de otra manera, a cada norteamericano muerto le correspondieron 50 muertos rusos. La desproporción era gigantesca. Todavía en 1948, tres años después de haber concluido la guerra, el ministro de Sanidad de la antigua Unión Soviética, E. Smirnov, podía contemplar horrorizado como, por falta de vasos, en los hospitales de su país se daba de beber a los enfermos en latas cochambrosas con los bordes retorcidos. La guerra destruyó la tercera parte del patrimonio nacional soviético. De acuerdo con la cotización monetaria de entonces, el valor de lo que fue destruido ascendió a 485 mil millones de dólares, una cifra gigantesca si intentáramos traducirla a su equivalencia actual. ¿Desconocían las altas esferas políticas y militares estadounidenses ese panorama? Michael Sherry, investigador norteamericano que ha tenido acceso a los expedientes de los archivos de la época asegura que "según reconoció el Mando de las Fuerzas Armadas la Unión Soviética no representaba un peligro inmediato. Su economía y sus recursos materiales se encontraban agotados por la guerra… Por tanto, en los primeros años deberá concentrarse en la reconstrucción interna… Pero sus posibilidades, con independencia de lo que pensemos de las intenciones rusas, no dan motivo suficiente para designar a la URSS como enemigo potencial."

En agosto de 1945, fecha en la que Hiroshima y Nagasaki fueron arrasadas, los Estados Unidos disponían sólo de las dos bombas atómicas que habían utilizado contra esas ciudades. Pero apenas cuatro meses después, a finales de 1945, sus arsenales atómicos almacenaban nada menos que 195 ingenios termonucleares. La URSS, que ya por esa fecha había empezado a ser descrita por la iconografía norteamericana como el "enemigo diabólico", no poseía todavía ni una sola bomba atómica.

Europa, por tanto, no estaba amenazada por ningún tipo de "agresión soviética". En realidad, lo que asustaba a los americanos y a las clases dominantes europeas era la posibilidad de que se constituyeran alianzas entre las fuerzas populares que habían luchado contra el fascismo.

Para los Estados Unidos no constituía ninguna novedad la práctica de "construir" a sus enemigos. Desde su nacimiento, en 1776, había sido un país cuyas fronteras se encontraban en constante despliegue. Esa pulsión expansionista se convirtió en una constante de su política exterior. Las clases dirigentes norteamericanas han tenido que justificar, ante su propio pueblo, sus continuas intervenciones militares ultramarinas, desencadenadas generalmente por causas inconfesables. Y aprendieron a hacerlo con auténtica maestría. Con el paso del tiempo, los gobernantes estadounidenses desarrollaron una gran pericia en el arte de colar por el ojo de la cerradura de cada hogar americano, la imagen maléfica de un enemigo que unificase la voluntad de la nación Cuando se hizo necesario arrebatarle a México una parte importante de su territorio, los mexicanos fueron previamente demonizados por los rotativos de la época. Mas tarde, el fantasma del enemigo se encarnó en España, justo en el momento en el que las ambiciones anexionistas sobre Cuba se hicieron incontenibles. Coreanos, vietnamitas, cubanos, nicaragüenses y dominicanos, iraníes e iraquíes, entre otros muchos, han llenado también de temor la mente, siempre amenazada, del norteamericano medio. Aun en nuestros días, cuando el "Imperio del Mal", la URSS, ha desaparecido de la faz de la tierra, y la potencia militar norteamericana parece no tener rival, el espectro de nuevos enemigos - los árabes, el invisible Al Qaeda, el maléfico Ben Laden, el Eje del Mal, el terrorismo internacional etc., etc. -, vuelven a cernirse sobre la atribulada conciencia de los norteamericanos.

LOS NAZIS Y LA CIA

Hasta pocos años antes de la entrada de los EE.UU. en la II Guerra Mundial, la actitud de los círculos empresariales norteamericanos hacia la Alemania nazi fue algo más que benevolente. En muchos casos, los magnates norteamericanos llegaron a apoyar económicamente al Partido Nacional-Socialista de Adolf Hitler. Conocidos hombres de la industria, la política y las finanzas norteamericanas manifestaron públicas simpatías por los nazis en las antevísperas de la guerra. Personajes como Henry Ford, dueño de la industria de automóviles Ford y autor del libro antisemita "El judío internacional" ; la familia Du Pont, propietaria de la legendaria General Motors; el multimillonario Rockefeller; los hermanos John y Allan Dulles, secretario del Departamento de Estado y jefe de la CIA respectivamente; William Randolph Hearst, propietario de la mayor cadena de periódicos norteamericana y editor de la conocida revista Selecciones Reader´s Digest; Prescott Bush propietario petrolero y abuelo del actual presidente norteamericano George W. Bush, apoyaron de formas diversas el avance del fascismo alemán durante la década de los treinta. Sus simpatías eran, al fin y al cabo, coherentes con sus intereses. Las clases poderosas norteamericanas, que vivían en su propio país los efectos sociales de las crisis económica de 1929, contemplaban al nazismo como una útil herramienta contra la agitación y el avance del movimiento obrero en Europa. Pero no era esta su única motivación. Muchos de estos prohombres consideraban que a la postre se iba a producir una confrontación entre Alemania y la Unión Soviética, y acariciaban la idea de que Hitler pudiera acabar con la primera experiencia socialista mundial.

Sin embargo, la actitud de empatía hacia el fascismo no era exclusiva de los norteamericanos. Muchos políticos europeos compartían con ellos idénticas afinidades. El mismo Wiston Churchill, considerado por la historiográfica conservadora como un abanderado de la democracia, le decía a Mussolini en 1927: "Si yo fuera italiano estoy seguro que habría estado incondicionalmente con usted desde el comienzo al fin de su triunfal combate contra los bestiales apetitos y pasiones del leninismo"

Las objeciones de los sectores conservadores de Europa y de los Estados Unidos hacia Hitler y el fascismo no eran de orden ideológico. Su temor nació cuando entendieron que el expansionismo territorial alemán era irrefrenable.

La evidente sintonía ideológica de ciertos sectores de la administración y de la industria norteamericana con los nazis, se reflejó en el descuido de las instituciones encargadas de ejercer las tareas de Inteligencia. Cuando en 1940 se produjo la fulminante derrota de Francia y el incontenible avance alemán amenazó con saltar las fronteras continentales, las afinidades germanófilas de los influyentes grupos de poder norteamericanos se trocaron en pánico. Pero ya era demasiado tarde. Iban a ser los motores de los cazas japoneses los que se encargarían de poner en evidencia las debilidades del espionaje estadounidense La intervención de los Estados Unidos en la guerra y el descalabro sufrido en Pearl Harbor dieron un impulso a la reorganización de sus servicios de inteligencia estratégica. Se comenzó creando dos instituciones que desempeñarían esta labor durante el transcurso de la Segunda Guerra Mundial. Una, fue el Buró de Información Militar (OWI), cuya responsabilidad consistía en organizar la propaganda en el interior y exterior de los Estados Unidos. La Agencia de Servicios Estratégicos (OSS), en cambio, se encargaba del espionaje militar. En cualquier caso, pese a la atención que se le prestó a esta nueva estructura de inteligencia, los EEUU habían llegado con retraso. Los alemanes disponían de unos servicios considerablemente más sólidos y centralizados, con una perspectiva de "espionaje total" que los norteamericanos no habían pensado siquiera en desarrollar. De hecho, en el curso de la guerra, la Inteligencia norteamericana tuvo que apoyarse en muchas ocasiones en el experimentado servicio de espionaje británico. Sea como fuere, el primer servicio coordinado de inteligencia de los Estados Unidos utilizó como pilares estas dos oficinas, y sobre ellas se constituiría, en 1947, la Central Intelligence of América, la CIA.

Desde el comienzo de la guerra, las esferas gubernamentales estadounidenses se prepararon para crear las condiciones favorables que permitieran a su país desempeñar un papel preeminente en la posguerra. Eran conscientes de la magnitud de la tarea y también de algunas de sus insuficiencias. Estaba claro que los Estados Unidos saldrían del conflicto mundial en óptimas condiciones desde el punto de vista económico y militar. Pero no se podía decir lo mismo de su capacidad para articular ese poderío a través de sus servicios de inteligencia. El reto consistía en ser capaces de crear las instituciones adecuadas para ejercer una influencia universal a todos los niveles. En palabras de un alto funcionario de la época, lo que se necesitaba era una organización "capacitada para resolver determinadas misiones políticas mediante recursos tales que se encuentran en un punto entre los recursos normales de política exterior y el empleo abierto de la fuerza armada". ¿Qué misiones políticas y recursos podrían hallarse entre la diplomacia y el empleo de la fuerza armada? La propia historia de la CIA responde sobradamente a este interrogante. Su más de medio siglo de existencia está profusamente jalonado de asesinatos políticos, manipulación de medios de comunicación, prácticas terroristas, golpes de estado, chantajes… En la primera parte de la década de los cuarenta los Estados Unidos no disponían ni de medios humanos ni de infraestructura para la realización de tan ingente tarea. Paradójicamente sería uno de sus enemigos en la contienda bélica quien cubriría esas insuficiencias.

Ha sido necesario que transcurrieran casi sesenta años para que oficialmente llegáramos a saber que, en los últimos meses de la II Guerra Mundial, altos funcionarios de la Administración norteamericana le encargaron a la OSS la misión de localizar a los agentes nazis que quedaban dispersos, tras las líneas enemigas, después de la retirada del ejército alemán. La directriz de la misión consistió en enrolar a los antiguos miembros de la GESTAPO y la SS en sus servicios de inteligencia para su reutilización futura. La labor había que realizarla con una gran premura, pues el destino de esos agentes, - frecuentemente simples asesinos- , era el pelotón de fusilamiento si caían en manos de los partisanos antifascistas de los países ocupados por el ejército germano. En 1945, cuando se produce la rendición incondicional de Alemania, el jefe de su servicio secreto, el general Reinhard Gehler, fue "reclutado" por los americanos. Trasladado más tarde a los Estados Unidos y sometido a un rápido "reciclaje democratizador" en Fort Bragg se le encomendaron tareas de organización de primer orden.

Entre las bambalinas de esa operación de enganche se encontraba Allan Dulles, en aquel entonces jefe de la OSS en Berna. El que años después iba a ser el primer jefe de la CIA, había mantenido estrechas relaciones con dirigentes nazis desde mucho antes de la guerra. Pero el reclutamiento de los nazis no resultaba una tarea fácil. Una vez acabado el conflicto bélico, no existía la posibilidad de fabricar una "transición" que permitiera a los antiguos cargos administrativos de los regímenes fascistas continuar ejerciendo funciones de poder. La guerra había sido excesivamente cruel y los crímenes cometidos demasiado repugnantes. Por otra parte, el protagonismo de la liberación de Europa no sólo era patrimonio de los ejércitos Aliados. En Italia, por ejemplo, los guerrilleros partisanos, liderados por el Partido Comunista, habían derrotado a seis divisiones alemanas y liberado todo el norte del país. En Francia, los miembros de la Resistencia precedieron a las tropas aliadas en la liberación de París. En Europa se respiraba un clima de acendrado antifascismo. En esas circunstancias los pueblos no hubieran admitido ningún tipo de transacción del estilo de las que se aplicarían treinta años después en España y América Latina como salida de compromiso a sus Dictaduras.

Los jefes de la OSS, William Donovan, James Angleton y Allan Dulles, con la colaboración de la Santa Sede, organizaron la evacuación de cerca de 10.000 nazis con destino a América Latina y los Estados Unidos. La finalidad del proyecto "Paperclip", - que así se denominó la operación - fue reclutar para la industria de guerra norteamericana, a los científicos nazis, a los especialistas en aeronáutica, en guerra biológica y química, en investigación nuclear y tratamiento del uranio. Durante medio siglo, rodeados del más absoluto secreto, estos nazis trabajarían en Fort Bragg (EEUU), en el complejo industrial militar, en la NASA y en la CIA.

Pero no sólo fueron nazis alemanes los que al amparo de la Displaced Person Act se acogieron a una reglamentación privilegiada para entrar en los Estados Unidos después de la Segunda Guerra Mundial. Miembros de los grupos fascistas que colaboraron con los alemanes en Hungría, Bulgaria Ucrania, Lituania y Rusia, y que se habían caracterizado por la extrema crueldad con la que trataban a las poblaciones resistentes al invasor germano, arribaron igualmente a las costas norteamericanas con la protección oficial del gobierno de los EEUU. En gran medida estos serian los mimbres sobre los que se urdiría la red de Inteligencia de los Estados Unidos en una buena parte del planeta.

En Europa se encargó al general Gehlen y a agentes que habían pertenecido o colaborado con los servicios de los países del Eje, la organización de la red denominada "Stay-Behind" ("Permanecer detrás"). Las funciones de esta red quedaron claramente definidas en esta directiva "top secret" que el gobierno norteamericano desclasificó cincuenta años más tarde: "Todas las actividades conducidas o apoyadas por el Gobierno [de EE.UU.] contra los Estados [países] o grupos hostiles, o los apoyos de Estados [países] o grupos amigos, deben ser planificados y ejecutados de manera que la responsabilidad de ningún Gobierno [actual y posteriores de los EE.UU.] pueda aparecer a las personas ajenas y no autorizadas, y si ellas son descubiertas, el Gobierno de los Estados Unidos pueda denegar de manera fehaciente toda responsabilidad. Precisamente, tales operaciones están involucradas en la actividad secreta y en relación con la propaganda; la guerra económica, la acción preventiva directa, que incluye el sabotaje, el anti-sabotaje, las medidas de destrucción y de infiltración; la subversión de Estados [países] hostiles, donde se incluye la asistencia a los movimientos de resistencia, a las guerrillas locales y a los grupos de liberación en el exilio; el apoyo a los elementos anticomunistas locales que se encuentren en los países amenazados del mundo libre. Estas operaciones no toman en cuenta los conflictos armados conducidos por las fuerzas armadas militares reconocidas, las del espionaje y el contraespionaje, la cobertura y el engaño llevadas por las operaciones militares".

Con esta infraestructura humana el gobierno norteamericano intento construir los requisitos "técnicos" imprescindibles para impedir cualquier veleidad izquierdista en la Europa de la posguerra. Pero faltaba aún lo más importante: la articulación de un frente ideológico que les permitiera el control de las mentes y las voluntades… (Medios de Comunicación).


Publicado en: www.agua-mansa.com

El Plan Colombia

El Plan Colombia

Cocaína, petróleo y mercenarios

POR: RED VOLTAIRE – febrero 16 de 2005…

El Plan Colombia, presentado en 1998 por el presidente Andrés Pastrana como un programa de desarrollo económico sin drogas, es en realidad una pantalla para la implantación de fuerzas estadounidenses en el país. Las operaciones militares que dirige -desde Washington- el general McCaffrey han costado la vida a miles de campesinos y guerrilleros partidarios del marxismo o de la teología de la liberación.

Después de 5 años de combates, Colombia sigue siendo el primer productor mundial de cocaína y sus recursos petrolíferos se encuentran, como nunca antes, bajo el control de Washington.

Colombia padece todos los síntomas de una guerra civil desde mediados de los años 1950. En aquella época, trabajadores agrícolas que habían estudiado los principios del comunismo trataron de tomar el control de las tierras que cultivaban y para ello crearon «zonas de autodefensa». El movimiento dio rápidamente lugar al surgimiento de una guerrilla organizada, creada en 1966: las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).

En respuesta, el presidente conservador León Valencia proclama el estado de sitio y desencadena, con la ayuda de Estados Unidos, una represión feroz. A las FARC se une, en los años 1970, el movimiento M-19, cuyo campo de acción es esencialmente urbano.

Desde entonces, la guerra que libran el Estado y los grupos armados ha sido siempre intensa y está siendo utilizada, desde hace tiempo, como pretexto para justificar la injerencia estadounidense en los asuntos de ese estratégico país de América del Sur.

Esta injerencia tiene un doble objetivo: la liquidación de los defensores del marxismo y el mantenimiento de una presencia militar en la región, todo bajo la cobertura de la lucha antidroga, aún cuando Estados Unidos es el mayor importador de cocaína colombiana.

Una política de injerencia que tiene más de cien años

Esta estrategia de injerencia no es nueva en la región. Ya a principios del siglo XX, Estados Unidos había favorecido la secesión de la provincia colombiana de Panamá ante la reticencia de Bogotá a dejar en manos de Washington la administración del canal.

El 18 de noviembre de 1903, el tratado Hay-Bunau-Varilla concedía a Estados Unidos el uso perpetuo del canal y de una zona de 8 kilómetros de cada lado del mismo así como la soberanía total sobre el conjunto del área. El tratado de alianza firmado en 1926 va aún más lejos y, al conferir a Washington derechos especiales en tiempo de guerra, hace de Panamá «desde el punto de vista militar, un nuevo Estado de la Unión» [1].

Se trata aquí de la aplicación, al pie de la letra, de la doctrina Monroe [2] y su «corolario» enunciado en 1903 por el presidente Theodore Roosevelt: «La persistencia en una mala conducta o una incapacidad que desemboque en un relajamiento general de los lazos propios a una sociedad civilizada pueden hacer necesaria a fin de cuentas, en América como en otras partes, la intervención de alguna nación civilizada.

En el hemisferio occidental, la adhesión de los Estados Unidos a la doctrina Monroe puede obligarlos, en casos flagrantes en que se encuentren ante este tipo de mala conducta, o ante ese tipo de incapacidad, a ejercer, aún a pesar de su propia repugnancia a hacerlo, un poder internacional de policía». Lo cual legitima muchos tipos de injerencia.

Todo es cuestión de comunicación. Durante su campaña electoral, en 1998, el entonces futuro presidente de la República Andrés Pastrana promete un «plan Marshall por la paz». La alusión al plan de injerencia económica, cultural y militar que Estados Unidos orquestó en Europa después de la Segunda Guerra Mundial no es casual ya que permite justificar la intervención estadounidense al dar la impresión que se trata de une petición colombiana. El gobierno Clinton propone enseguida un plan antidroga, que implica el despliegue de instructores militares y civiles en el país.

El 9 de agosto de 1999, Pastrana anuncia que su gobierno termina «la preparación de un programa en ese sentido: el "plan Colombia"» [3], cuyo lanzamiento oficial tiene lugar el 20 de septiembre de 1999. Este proyecto, destinado a lucha contra el cultivo de droga y los «grupos mafiosos» que le sacan provecho, está estimado en 7 500 millones de dólares repartidos en tres años.

Bogotá se compromete a contribuir con 4,000 millones y pide que el resto sea financiado por la ayuda internacional. Evidentemente, su principal interlocutor extranjero no es otro que Washington y el Congreso estadounidense le concede 1 700 millones de dólares. Según el diario francés Le Figaro, que cita la prensa internacional, esta suma que concede Estados Unidos «puso fin a diferentes presiones ejercidas por ciertos lobbys que apuntaban simplemente a la suspensión del plan.

¿Los autores de esas presiones? Algunas ONG que aprovechaban la ocasión para promover su propia visión falseada de la situación colombiana y ciertos medios de difusión que se reían de la excesiva generosidad norteamericana».

El gobierno de Andrés Pastrana anuncia, por su lado, un importante crecimiento del presupuesto de Defensa, a expensas de los programas sociales del país, lo cual da lugar a acciones como el bloqueo de la carretera Panamericana (que conecta Colombia con Ecuador) del 1ero al 25 de noviembre de 1999 por más de 50,000 campesinos, trabajadores de la enseñanza e indígenas. Los manifestantes fueron finalmente desalojados por el ejército.

Barry McCaffrey, un halcón a la cabeza de la lucha antidroga

El plan Colombia no es el resultado de una iniciativa colombiana, como trata de hacer creer el espectáculo de Pastrana, sino que fue elaborado por el general Barry McCaffrey, ex-comandante en jefe de las fuerzas militares estadounidenses en América del Sur, nombrado jefe de la lucha antidroga por Bill Clinton en enero de 1996.

Además, la nominación para ese puesto de un militar cargado de condecoraciones, ex-combatiente de Vietnam y de la guerra del Golfo en 1991, demuestra que los militares explotan una cuestión de salud pública, sobre todo teniendo en cuenta que se trata precisamente de un general particularmente controvertido: en mayo del 2000, el periodista newyorkino Seymour Hers reveló que al final de la operación Tormenta del Desierto una división blindada bajo el mando de McCaffey masacró a 350 soldados iraquíes desarmados el 2 de mayo de 1999, o sea dos días después del anuncio del cese al fuego.

El general predica en Colombia el regreso a los métodos que aplicó Oliver North en Nicaragua, o sea el uso de paramilitares contra la guerrilla [4].

En la práctica, es difícil saber en qué se diferencian las actividades de Barry McCaffey como jefe de la lucha antidroga de las que realizaba a la cabeza del Comando Sur. Los intereses en juego en Colombia son puramente estratégicos, aunque la administración Clinton trate de poner de relieve el peligro que representa para la juventud estadounidense el aumento constante de la importación de cocaína colombiana.

El problema viene de Panamá ya que Estados Unidos debe devolver el canal al gobierno panameño en 1999 y desmantelar sus bases militares allí. Sin embargo, Washington desea mantener su presencia militar en la región, lo que da lugar a intensas negociaciones entre los dos Estados para disimularla mediante la creación de un supuesto «Centro multilateral antidroga» [5].

El presidente panameño Ernesto Pérez Balladares se opone finalmente obligando así a Estados Unidos a buscar otro país donde la presencia de sus tropas sea menos controvertida [6]. Eso es precisamente lo que busca el plan Colombia [7].

Colombia: una «pieza» estratégica

La elección de Colombia es totalmente coherente: como el Panamá del general Noriega, el país está implicado en el tráfico mundial de estupefacientes, lo cual justificaría una intervención militar en cualquier momento [8]. En resumen, Washington no esperó por las «armas de destrucción masiva» para elaborar una lógica de comunicación alrededor de intereses ficticios que permita justificar intervenciones militares en su esfera de influencia.

Además, Colombia es para Estados Unidos un proveedor de petróleo bajo la «amenaza» de una guerrilla marxista, argumentos todos que hacen de ella el blanco privilegiado de una intervención.

La retórica de Estados Unidos y los militares colombianos es simple: las FARC se financian con el tráfico de droga y deben, por consiguiente, ser tratadas como los narcotraficantes. Desde esa óptica, luchar contra la droga es luchar contra la guerrilla. La lucha contra la droga es, por tanto, un medio de lucha contra la subversión, pero permite también justificar el despliegue de tropas estadounidenses en la región bajo la cobertura de una operación de salud pública.

Washington tiene en el país entre 300 y 400 consejeros civiles y militares. Sin embargo, hasta mediados de los 90 fueron precisamente los responsables militares y políticos colombianos, y sus interlocutores estadounidenses quienes se vieron implicados en varios escándalos de tráfico de cocaína. Aún hoy, los grupos paramilitares, enemigos de las FARC, se financian con la cocaína, lo que ha dado lugar al siguiente comentario por parte de los dirigentes de las FARC:

«No tenemos derecho a sumir [a los campesinos] en el hambre erradicando los cultivos ilícitos. Por otro lado, las mafias ayudan al ejército a financiar a los paramilitares. ¿Por qué tendríamos que ser nosotros los únicos en considerar ese mal desde un punto de vista ético? Se trata, ante todo, de un problema económico-social» [9].

En realidad, las FARC reclaman únicamente el cobro de un impuesto sobre la coca, o sea la pasta de base que constituye la primera etapa del proceso de transformación de la planta en cocaína. Los que están sujetos a ese impuesto son los intermediarios que venden la pasta de coca, no los campesinos. Según los expertos en geopolítica de las drogas, la guerrilla no se dedica al cultivo de la coca ni a la elaboración o la venta de la misma.

Importantes petrodólares

Más que la lucha contra la droga, lo que busca Estados Unidos es prevenir toda posibilidad de control de los recursos petrolíferos locales por parte de intereses nacionales, sobre todo representantes políticos de la guerrilla. Colombia es el séptimo país exportador de petróleo hacia Estados Unidos y el tercero de América Latina, después de Venezuela y México.

Lo cual explica la inquietud de Washington cuando se abren negociaciones políticas sobre la cuestión del petróleo entre el poder y los movimientos marxistas. En efecto, durante las negociaciones con el Ejército de Liberación Nacional (ELN) [10] el presidente Pastrana concedió a la guerrilla guevarista una zona desmilitarizada de 4 727 km² en el departamento de Bolivar, en el norte del país, como prueba de buena voluntad [11].

Esa zona se encuentra justo ante los puertos petroleros y refinerías de Barrancabermeja y Puerto Wilches, en el río Magdalena. Cuando se anunció la noticia, los trabajadores del sector petrolero inmediatamente amenazaron con ponerse en huelga. Por su parte, la guerrilla prefirió mantener la presión sobre ese sector estratégico: al día siguiente del anuncio, el oleoducto de Caño Limón-Covenas [12] fue dinamitado. En 1999 había sido blanco de 70 ataques similares por parte del ELN [13].

Más inquietante aún, el 12 de mayo del 2000 el presidente de la compañía petrolera local, ECOPETROL, expresó oficialmente su inquietud: «La producción de crudo bajará en alrededor del 2% en el 2000, con 800 000 barriles diarios, ante 815 000 en 1999.» Sin embargo, se mantenía, «optimista en cuanto al futuro. Actualmente, 44 compañías privadas están interesadas en 27 proyectos de exploración y producción y 37 de esas compañías participan en una etapa de precalificación llamada Ronda 2000».

Según el diario parisino Le Figaro, «si Colombia no hace nuevas perforaciones antes de 2005, corre el riesgo de convertirse en importadora de petróleo. El país dispone de reservas confirmadas de alrededor de 2 4000 millones de barriles y de reservas potenciales estimadas en 37,000 millones.

El problema es mantener allí las compañías que se han instalado ya y atraer otras hacia las zonas petrolíferas que son regularmente blanco de guerrillas que se oponen a "la injerencia excesiva de las multinacionales en la política petrolera colombiana"» [14].

Así que está abierto el camino para que otras sociedades petroleras se repartan el pastel colombiano con la Occidental Petroleum (Oxy), compañía estadounidense hasta ahora omnipresente [15].

Recuperación del control antiterrorista

El ascenso de George W. Bush al poder y los atentados del 11 de septiembre vienen a modificar las condiciones. En el marco de la guerra mundial que la administración estadounidense emprende contra el terrorismo, las fuerzas paramilitares colombianas de extrema derecha, reagrupadas en el seno de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) son incluidas en la lista de organizaciones terroristas. Según la publicación mensual francesa Le Monde Diplomatique, los grupos de extrema derecha nacieron, sin embargo, «a fines de los años 1960, en el marco de una política que recomendaron los consejeros norteamericanos para "destruir" toda veleidad de transformación social.» [16].

Ellos fueron hasta ahora los «brazos armados de los narcotraficantes desde 1985, auxiliares de; ejército para hacer los trabajos sucios» [17].

Pero los paramilitares cayeron en desgracia: su implicación demostrada en el tráfico de droga, el asesinato de civiles y especialmente de opositores (sindicalistas, periodistas) hicieron de ellos un aliado cada vez más incómodo.

Washington tiene la intención de explotar el trauma del 11 de septiembre para emprenderla con las guerrillas colombianas, pero no puede darse el lujo de hacerse de la vista gorda con una de las tres organizaciones armadas. Por consiguiente, los ánimos se caldean rápidamente. La embajadora estadounidense en Colombia, Anne Patterson, habla -el 26 de octubre de 2001- de la «similitud» entre los «grupos terroristas de Afganistán y los de Colombia». Diez días antes, el coordinador de la lucha contra el terrorismo en el Departamento de Estado estadounidense, Francis Taylor, mencionaba la determinación de Estados Unidos a utilizar «todos los elementos» a su disposición, incluso «como en Afganistán, la utilización del poderío militar, si fuera necesario, para poner fin a las "actividades terroristas"».

Washington pide entonces la extradición de los principales dirigentes de las tres formaciones paramilitares que son las FARC, el ELN y las AUC.

Estados Unidos logró, por otra parte, encontrar un punto de amarre para sus tropas en América del sur al establecer, desde 1999, lazos militares privilegiados con Ecuador, política que continúa bajo el gobierno de Lucio Gutiérrez, aunque este había sido presentado al principio como un Hugo Chávez ecuatoriano[Ver sobre el tema nuestro trabajo dedicado a la ocupación militar de Ecuador. [18].

El principal objetivo de Washington en Colombia se convierte por tanto en proteger las yacimientos de petróleo e impedir toda negociación con las guerrillas marxistas. Poseedor de «300 sitios de infraestructuras estratégicas» en Colombia, Estados Unidos destina en febrero de 2002 una ayuda de 100 millones de dólares para garantizar la protección de dichos sitios contra la guerrilla.

El primero en ser tenido en cuenta es, naturalmente, el oleoducto de Caño Limón. Se trata entonces del primer «apoyo norteamericano directo a los militares colombianos contra los rebeldes» de las FARC y del ELN [19]. Un vocero del secretario de Estado norteamericano de visita en Bogotá va más lejos: «entre la subversión y el narcotráfico no hay ya diferencia» [20].

La decisión suscita numerosas reacciones de inquietud en los países vecinos, sobre todo en Venezuela donde el presidente declara estar «preocupado» ante la presencia militar estadounidense en Colombia y califica el aumento de la cantidad de tropas de «muy peligroso» para el país «pero también para Venezuela». Durante la semana siguiente, el gobierno del presidente Pastrana emprende la «operación Thanatos» contra las FARC, con el apoyo secreto de Estados Unidos [21].

Tres días más tarde, el 25 de febrero de 2002, la guerrilla marxista secuestra a Ingrid Betancourt, la candidata ecologista a la elección presidencial en Colombia.

Estados Unidos oficializa su apoyo militar contra la guerrilla

En marzo, Colin Powell y Donald Rumsfeld se pronuncian sucesivamente por un aumento de la ayuda militar a Colombia. Ambos piden al Congreso que tenga en cuenta la ruptura de negociaciones entre las FARC y el gobierno. En abril, el presidente Pastrana viaja a Washington para pedir personalmente ayuda militar a George W. Bush.

Desde hace meses, el envío de armamento a Colombia ha ido en aumento: han llegado 60 helicópteros como préstamo, instructores estadounidenses han entrenado a cientos de militares colombianos mientras que la cifra de 400 «consejeros militares» norteamericanos se sobrepasa al principio de la «operación Thanatos». Sin contar los subcontratos: DynCorp, favorecida por Oliver North en tiempos del escándalo Iran-Contras, se ocupa de los vuelos de riego de substancias químicas nocivas para eliminar los cultivos de coca; Northrup Grumman pone los radares; AirScan ofrece sus servicios de vigilancia aérea, etc. [22].

Y al final resulta que las plantaciones de coca pasaron de 125 000 a 160 000 hectáreas en dos años [23]. Colombia se ha convertido incluso en el primer productor mundial de cocaína, con 580 toneladas anuales.

La cooperación se refuerza aún más con la llegada a la presidencia, en mayo de 2002, del candidato de la derecha dura, Álvaro Uribe, partidario de la «mano dura» con la guerrilla. A partir de su nominación, Estados Unidos anuncia la próxima llegada a Bogotá de Otto Reich, el secretario de Estado adjunto encargado de América Latina, «para conversar con [el nuevo presidente] sobre sus proyectos».

Dos meses más tarde, el Congreso concede al fin la ayuda militar que tanto esperada el régimen colombiano para acabar con la guerrilla. La embajadora Anne Patterson anuncia entonces que el entrenamiento del ejército colombiano estará, en lo adelante, en manos de las fuerzas especiales estadounidenses.

La investidura de Álvaro Uribe es un hecho decisivo en varios aspectos. Por un lado, el día mismo de la investidura marca el comienzo de la ayuda militar oficial proveniente de Estados Unidos. Por otra parte, una lluvia de cohetes cae sobre Bogotá en el momento mismo de la ceremonia dejando 21 muertos en los alrededores del palacio presidencial.

Y, finalmente, Uribe desencadena una escalada en la confrontación militar ya que, lejos de sus propias proposiciones de campaña en cuanto a una negociación bajo auspicios de la ONU, el nuevo presidente decretó inmediatamente el estado de excepción y lanzó ofensivas militares de gran envergadura contra las FARC.

De paso, puso al coronel retirado Alfonso Armas a la cabeza de la lucha contra los estupefacientes, convirtiéndolo así en el hombre clave del plan Colombia. En noviembre de 1985, Alfonso Armas había estado al frente del ataque contra el palacio de justicia de Bogotá, ocupado por un comando del M-19. La ofensiva, con apoyo blindado, dejó «más de cien muertos entre rebeldes, jueces y civiles y el palacio fue destruido por un incendio» [24].

Bogotá y Washington ligaron a partir de entonces sus destinos en la lucha contra las «fuerzas subversivas», dejando sentado que prefieren la solución militar en relación con las negociaciones políticas. Esta estrategia suicida para el país ha provocado ya varias catástrofes, como la matanza de varias decenas de rehenes de las FARC durante una ofensiva del ejército colombiano.

La estrategia mencionada no sólo no ha resuelto el conflicto sino que, por el contrario, agravó una situación ya muy complicada y provocó una multiplicación de la violencia. Hay que citar, en ese aspecto, el atentado realizado el 7 de febrero de 2003 con un coche-bomba, muy parecido «al perpetrado en Oklahoma City en 1995» [25]. Este atentado, cuya autoría no fue reclamada por las FARC, dejó 33 muertos en un club de la capital.

Washington, garante de la «inestabilidad regional»

En esta estrategia de ir hasta las últimas consecuencias, Estados Unidos tiene más que ganar que Colombia. Convertido en «iniciativa regional para la región andina», el «plan Colombia», «con el pretexto de luchar contra el narcotráfico, apunta a las guerrillas, a un proceso de intervención militar y de absorción de conjuntos subregionales en el marco del gran proyecto del ALCA (Área de Libre Comercio para las Américas) a la cabeza del cual se encuentra Washington» [26].

Los recientes atentados de las FARC contra el oleoducto de Caño Limón, aún siendo defendido este actualmente por los Boinas Verdes estadounidenses, prueban que es imposible controlar el país únicamente mediante el uso de la fuerza. El secuestro de tres mercenarios estadounidenses por la guerrilla en febrero de 2003 es otro ejemplo de ello [27].

El país se encamina lentamente hacia la escalada: un comando estadounidense de 150 miembros de las Fuerzas Especiales fue enviado a Colombia, mientras que continúan los aumentos presupuestarios que concede el Congreso. Todo esto representa una amenaza de «vietnamización» del conflicto. Más allá, lo que está en juego es la estabilidad de toda la región.

Durante la cumbre del Pacto Andino, en marzo de 2003, Colombia fustigó la pasividad de Venezuela en lo tocante a la lucha contra la guerrilla acusando al gobierno de Hugo Chávez de permitir que las FARC utilicen las zonas fronterizas. En cuanto a Panamá, aliado incondicional de Estados Unidos, fue el único país en calificar a las FARC de «organización terrorista».

La idea de un regreso de la región al control de Estados Unidos se va imponiendo. El 22 de abril de 2003, el vicepresidente de la comisión venezolana de Relaciones Exteriores en la Asamblea Nacional, Tarek William, declaró que «Venezuela [no descartaba] una agresión armada de Colombia con ayuda de Estados Unidos» [28].

En septiembre de 2002, ante la amenaza de Washington de poner fin a la ayuda militar, Colombia dio un nuevo paso hacia el vasallaje total al comprometerse a no extraditar a ningún ciudadano estadounidense para que sea juzgado ante la Corte Penal Internacional. En octubre, el gobierno de Álvaro Uribe logró la adopción de un texto legislativo que estipulauna amnistía para los grupos armados que acepten desmovilizarse, texto que en realidad beneficia exclusivamente a los paramilitares de extrema derecha, que son los únicos enfrascados en negociaciones con el gobierno [29].

Las maniobras militares alcanzan una envergadura considerable: más de 600 consejeros estadounidenses se encuentran ya en Colombia, más de 1 000 miembros de las FARC han sido muertos entre agosto de 2002 y julio de 2003, por un número equivalente de rendiciones. En 2002, 14 000 hectáreas de plantaciones de coca fueron destruidas, un record que subrayó el gobierno colombiano. El reciente inicio en Perú del proceso contra Vladimiro Montesinos, que implica a la CIA en untráfico de armas con las FARC, constituye una prueba adicional de la similitud entre las prácticasestadounidenses en Colombia y las utilizadas antes en Nicaragua [30].

Todo lo cual pone cada vez más a Colombia al margen de la comunidad internacional, como lo demuestra el boicot que sufrió Uribe de parte de varios parlamentarios europeos durante su gira por Europa, en febrero de 2004.

Marcos Jesus Concepcion Albala
Director General de Argos Is-Internacional
MIEMBRO DE LA 'FELAP'

"Nuestra ignorancia ha sido planificada por una gran sabiduría

BUSH PROHIBE VISITA DE URIBE

BUSH PROHIBE VISITA DE URIBE



QUIERE DESTRUIR A CHAVEZ, NO NEGOCIAR CON EL



Por: Heinz Dieterich

REBELION - Febrero 7 de 2005.



1. América Latina: teatro de operaciones del 'Programa Phoenix' mundial



El significado de todo evento se deriva de su contexto. El contexto que explica la prohibición de la visita de Uribe a Caracas está dado por tres paradigmas: a) la preservación, a sangre y fuego, de la Doctrina Monroe, b) la destrucción del proceso de paz de Contadora en los años ochenta y, c) la Operación Phoenix de Vietnam.



2. Pros y contras de la pretendida solución diplomática



El encuentro entre los presidentes Hugo Chávez y Alvaro Uribe (3 de febrero) en Caracas fue cancelado por Bush, porque la Casa Blanca concluía correctamente que la visita de Uribe ---dentro de un contexto de enormes éxitos políticos de Hugo Chávez en Brasil y Argentina--- equivaldría a una derrota táctica de su peón andino y su propio Plan Colombia. Y Uribe se acostó obedientemente 'enfermo', seguramente un tanto agradecido, porque, al menos, no lo envenenaron por su herejía, como hicieron con el Presidente Yasser Arafat.



Las expectativas del encuentro habían sido altas: se llegaría al fin del conflicto diplomático bilateral en torno a los lineamientos que el Presidente Chávez había adelantado en Buenos Aires: 'Una vez que Colombia emite un comunicado en el que, en lenguaje diplomático, aceptan que van a investigar y dicen que eso no se va a repetir, que hay que respetar la soberanía de los pueblos hemos dicho: ´bueno, el impasse está casi solucionado´'.



Un arreglo diplomático de este tipo hubiera sido un compromiso que permitía a ambos gobiernos superar el conflicto, sin perder la cara. En términos futbolísticos se trataba de un empate. El perdedor táctico sería Washington.

Para los pueblos latinoamericanos esa solución no era óptima, porque no se aprovechaba al máximo el grave error de Uribe, para debilitarlo decisivamente en lo político y en el Plan Colombia. Para lograrlo, se hubiera insistido en una disculpa y las sanciones económicas. Sin embargo, la correlación de fuerzas entre los Estados involucrados, probablemente no permitió tal victoria, tan necesitada para la paz interna de Colombia y la seguridad del espacio andino, hecho por el cual se tenía que optar por la formula adelantada por el Presidente Chávez y consensuada con Cuba, Brasil, Argentina y Perú.



3. Washington quiere la destrucción, no la solución negociada



La idea de que Bush-Uribe aceptasen una solución racional y latinoamericana del conflicto, llevaba un doble pecado de origen. En primer lugar, es evidente que el trío delincuencial Bush-Rice-Rumsfeld practica la misma política en América Latina, que usó Ronald Reagan contra el gobierno sandinista en los años ochenta: destrucción subversiva y bloqueo de toda solución negociada, como, por ejemplo, la del Grupo de Contadora.



Es importante actualizarse en la lógica de esa derrota de la diplomacia latinoamericana que trató de resolver de manera negociada el conflicto centroamericano a través del Grupo de Contadora y que en 1986 había encontrado en los llamados 'Principios del Mensaje de Caraballeda' (Venezuela), la formula para la paz en el istmo centroamericano. A tal grado, que el 14 de enero de 1986, los cinco gobiernos centroamericanos se adhirieron públicamente a esos principios mediante la 'Declaración de Guatemala'; pero, tan solo, para cancelar a los pocos días su compromiso, bajo las ordenes de Washington que insistía en la destrucción militar-económica del sandinismo.



En segundo lugar, llegar a un arreglo negociado con Uribe solo sería posible bajo el supuesto de que se tratara de un Presidente autónomo. Este supuesto es doblemente ficticio. Uribe está vinculado estructuralmente al imperialismo y a la oligarquía colombiana, en, al menos, cuatro aspectos: a) por la documentación de su narcopasado con Pablo Escobar, que obra en manos de los servicios de Washington; b) por el apoyo militar-económico de Washington y sus coincidentes intereses transnacionales; c) por su perfil psicológico que lo ubica al lado de Tomás de Torquemada, como el clásico tecnócrata del terror de Estado y, d) por su escala de valores que coincide plenamente con la de la camarilla dominante de la Casa Blanca.



4. La derrota táctica no altera el plan estratégico



Al recular Uribe, por órdenes de Bush, ha demostrado que él no manda nada en su país; que no es más que un procónsul que exporta el terrorismo de Estado. Y aunque fuese a parar dentro de unos ocho días a Caracas, lo que es poco probable, y sea cual fuese el resultado del encuentro entre ambos presidentes, y firme lo que firme, seguirá siendo el enemigo estratégico número uno de los pueblos, democracias y Estados progresistas latinoamericanos y seguirá siendo el operador número uno del Monroeismo militar y terrorista de Bush en América Latina.



5. Vietnam a escala mundial - la Operación Phoenix



El 'Programa Phoenix' fue creado por la CIA en 1967, para destruir mediante asesinatos, secuestros y torturas sistemáticos la infraestructura civil del Movimiento de Liberación Nacional de Vietnam (Vietcong). Alrededor de ochenta mil personas fueron asesinadas en Vietnam bajo ese programa que no solo ha sido reactivado como modelo para varios aspectos del orwelliano Department of Homeland Security de Bush, sino también como plan de terrorismo de Estado a nivel global.



Preguntado sobre si era necesario que el gobierno de Bush reestableciera un 'programa de identificación y asesinato' de adversarios específicos, como el Program Phoenix, el General William G. Boykin, sustituto del subsecretario del Pentagono para asuntos de inteligencia (Deputy Under Secretary of Defense for Intelligence) contestó que: 'Matar o capturar a esa gente es una misión legítima para el Pentágono y el proceso inter-ministerial', que coordina la política de seguridad nacional. 'Creo que estamos haciendo lo que el Program Phoenix quería hacer. Sólo que le quitamos todos esos aires de secretividad'. ('I think we´re doing what the Phoenix program was designed to do, without all of the secrecy.')



A tal propósito el Pentágono ha creado, con el apoyo del Congreso, un segundo Leviatán al lado de la CIA. Dentro de la Agencia de Inteligencia Militar (Defense Intelligence Agency), el Ministro de Guerra, Donald Rumsfeld, ha organizado una nueva unidad clandestina de inteligencia y el Congreso ha autorizado por primera vez en la historia de postguerra, un fondo anual de 25 millones de dólares para las fuerzas especiales del Pentágono, que estas pueden usar directamente para 'apoyar a fuerzas extranjeras, fuerzas irregulares, grupos o individuos' que ayudan a las misiones contra 'el terrorismo'.



Es decir, desde la corrupción de funcionarios internacionales hasta la contratación de escuadrones de la muerte, las Fuerzas Especiales estadounidenses pueden hacer lo que quieran en el mundo, sin supervisión jurídica de ninguna índole, simplemente invocando la 'guerra contra el terrorismo'.

Junto con los centros clandestinos de tortura, desapariciones y asesinatos, que Washington mantiene de forma directa o indirecta en Jordania, Egipto, Afganistán, Irak y múltiples otros lugares, el mantenimiento de líneas aéreas clandestinas para transferir los secuestrados de un lugar del globo a otro, el desconocimiento total de la Convención de Ginebra y la Operación Phoenix a nivel mundial, el trio Bush-Rumsfeld-Rice han creado la Primera Internacional del Terror eficiente, que ha conocido la historia humana.



6. Parte de Guerra del teatro andino de operaciones



6.1 Alerta roja



A medianoche del miércoles, 19 de enero, sonó el teléfono del canciller venezolano. Era una llamada internacional muy urgente. Advertía la voz, que las Fuerzas Armadas de Colombia, bajo el mando del Presidente Alvaro Uribe, habían sido puestas en estado de 'alerta roja': el máximo estado de alerta que conocen.



Poco después sonó el teléfono en otra instancia del Estado venezolano. Desde otro rincón de la aldea global, se le advertía sobre la maniobra de Uribe y sus generales. El plan general de Bush-Uribe, de provocar un incidente militar, era conocido en esa instancia, inclusive con detalles que no son públicos. La pregunta para los analistas era, si la puesta en 'alerta roja' de las Fuerzas Armadas colombianas señalizaba el inicio de la agresión o si respondía a otros objetivos.



La información original había emanado de fuentes militares estadounidenses y parecía segura. Sin embargo, Uribe y Bush no habían logrado crear el apoyo político internacional en torno al secuestro de Rodrigo Granda, que era imprescindible para pasar a la segunda fase de su plan de agresión: un incidente militar capaz de legitimar la intervención de la Organización de Estados Americanos (OEA).



En consecuencia, los analistas llegaron a la conclusión que el hecho servía para funciones de inteligencia, en particular, medir el nivel de información y la capacidad de reacción del Presidente Hugo Chávez y de las Fuerzas Armadas venezolanas, ante un futuro escenario real. De todas formas, ante el despliegue de alrededor de 50 mil tropas en los departamentos del centro-norte colombiano, y otras decenas de miles en el sur, muchas de ellas de elite, entrenadas por Washington, no dejaba de ser preocupante la medida del máximo exponente del terrorismo de Estado en América Latina.



6.2 Expulsión de la ONU



Es inminente la expulsión de facto del comisionado especial del Secretario General de la ONU en el proceso de paz de Colombia, James Le Moyne, solicitado en noviembre del 2004 por Uribe a Kofi Annan. La independencia de Le Moyne, su conocimiento del problema colombiano, y su seriedad constructiva, al igual que su oposición a la estrecha colaboración de Uribe con los paramilitares, lo habían convertido en persona non grata para el Presidente. Su expulsión callará una voz crítica frente a la política de terror de Uribe y hace recordar el retiro de los observadores de la ONU en Irak como medida necesaria para facilitar la agresión militar estadounidense.



Le Moyne, ex reportero del The New York Times e hijo de una familia de militares estadounidenses había participado durante tres años en las negociaciones de paz en San Vicente de Caguán y disfrutaba de la confianza de las FARC. Cuando el comandante de las FARC, Simón Trinidad, fue secuestrado por la CIA y las policías colombianas y ecuatorianas en Quito, su misión había sido mantener negociaciones confidenciales con Le Moyne y un representante del gobierno francés sobre el intercambio de prisioneros.



6.3 Acuerdos de intercambio de inteligencia



Los acuerdos sobre intercambio de personal militar y de inteligencia entre los gobiernos de Venezuela y Colombia, consensuados por los respectivos Ministros de Defensa, General Jorge García Carneiro y el empresario colombiano Jorge Alberto Uribe, en el Ministerio de Defensa de Venezuela, los días 14 y 15 de diciembre, fueron un avance importante en la estrategia de Bush-Uribe, de alinear los Estados colindantes en la nueva Operación Condor que en parte se realiza sobre convenios entre los servicios, y en parte, mediante acciones unilaterales de Bush-Uribe.



Estos acuerdos complementan convenios realizados el año pasado con el Perú en las cuales el general Murazzo Carrillo, comandante de la policia peruana, se reunió con la cúpula de la policía colombiana con el fin de 'fortalecer la red de inteligencia entre los dos países, crear mejores medios para intercambiar información en la lucha contra el terrorismo, el tráfico de armas y de explosivos' y para fortalecer 'el pie de fuerza en la frontera colombiana con el fin de cerrar el paso a miembros de los grupos armados ilegales y evitar acciones ilícitas'.



Dentro de estos acuerdos, en agosto de 2004, el ministro de Defensa, Jorge Alberto Uribe y su homólogo del Perú, General (r) Roberto Chiabra León, instalaron en Bogotá el seminario 'Las Campañas Contra el Terrorismo en Colombia y Perú: Un Análisis En Perspectiva Comparada'. El evento, donde se compartieron las experiencias de ambos países en la lucha contra el terrorismo, contaba con la presencia de un 'destacado grupo de panelistas y moderadores, entre los que se destacan el Comandante de las Fuerzas Militares de Colombia, general Carlos Alberto Ospina, el general del Aire, Aurelio Crovetto Yañez, Jefe del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas del Perú, el doctor Jorge Noguera Cote, director del Departamento Administrativo de Seguridad, DAS, y el doctor Thomas A. Marks, consultor en riesgo político, experto en insurgencia maoísta.'



Uribe destacó la importancia del intercambio de las experiencias que ambos países han tenido en la lucha contra el terrorismo mientras que Roberto Chiabra, afirmó que 'con adversarios como es el narcoterrorismo no podemos hablar mucho de tiempo, sino de metas. Una de esas metas es este intercambio de experiencias, tenemos cosas muy similares que intercambiando experiencias y cómo han sido las estrategias que hemos aplicado nosotros en cada uno de nuestros países, de repente nos pueden servir adaptándolas a nuestra realidad'.



Los militares colombianos y peruanos juntos por el 'sendero luminoso' del antiterrorismo: esta es la integración militar latinoamericana desde la derecha y del Pentágono que solo se podrá parar con la integración militar bolivariana y democrática.



La colaboración con el Ecuador es igualmente avanzada como la del Perú, tal como se evidenció en el secuestro de Simón Trinidad en Quito, por las fuerzas combinadas de la CIA, de los servicios colombianos y los servicios ecuatorianos de Lucio Gutiérrez. Hacia el norte la penetración de los paramilitares y servicios de inteligencia colombianos es avanzada en Panamá y, como reveló el Partido Vanguardia Popular de Costa Rica, también en este país, donde la policía política de Uribe, el DAS, opera impunemente y en estrecha colaboración con los servicios costarricenses contra los ciudadanos colombianos residentes en la 'Suiza de América Latina'.



Como es evidente, los acuerdos firmados con Venezuela el 15 de diciembre, extienden la penetración de la Operación Phoenix de Bush-Uribe hacia un país importante, y adicional, de la zona andina.



6.4. Armamentismo



La guerra suele ser un buen negocio para diferentes sectores de las elites y esta es una de las razones, por las cuales la militarización del conflicto y el armamentismo del gobierno Uribe sigue sin césar. Con más de tres mil millones de dólares entregados por Washington en los últimos años la bonanza económica seguirá mientras él estará en el poder.



Recientemente fueron asignados más de 230 millones de dólares para la compra de modernos aviones de combate para la Fuerza Aérea y la industria bélica del país ya está en condiciones de construir sus propios barcos de guerra, como las Patrulleras de Apoyo Fluvial ARC, que son operadas por a infantería de marina en los ríos del sur de Colombia. Construidas en Cartagena por la empresa COTECMAR con tecnología naval cien por ciento colombiana, tiene capacidad para transportar a cien efectivos militares y una tripulación permanente de 18 personas. Así mismo posee un control de tiro de armamento diseñado por los ingenieros navales de la Base Naval ARC 'Bolívar'.



6.5 La trampa de San Vicente del Caguán



La ofensiva general del Plan Colombia que ha sido desatada dentro de Colombia y en su componente de Plan Condor en los países de la región, no hubiera sido posible sin las negociaciones de San Vicente del Caguán. Toda ofensiva estratégica requiere de inteligencia previa y esa inteligencia fue obtenida por los servicios de inteligencia estadounidenses y colombianos en la zona despejada para la negociación.



San Vicente del Caguán fue, de hecho, una trampa de inteligencia preparatoria para la ofensiva estratégica; nunca había intención real de la oligarquía para llegar a una paz negociada. Fue en esos monitoreos constantes que Washington obtuvo lo que se llama 'el órden de batalla electrónico' de las FARC, los datos de la logística de las tropas, de los cuadros milicianos en la zona así como las fotos y las huellas digitales de cientos de cuadros de las FARC. Hoy día, la guerrilla paga el precio que puede llegar a ser tan alto como el de la legalización de la Unión Patriótica en su momento, que le costó la vida a miles de cuadros de conducción.



La nueva generalidad, nombrada por Uribe, es parte de ese panorama, cuya mentalidad es expresada prototípicamente por el General Carlos Alberto Ospina Ovalle, comandante de las Fuerzas Militares: 'Las fuerzas militares no están hechas para procesos de paz. Por eso nos dan fusiles, helicópteros, municiones. Las fuerzas militares están hechas para respaldar las políticas del Gobierno y la defensa de la población civil.' (El Espectador, 18-01-04).



Fue uno de esos máximos exponentes del militarismo colombiano, con rango de general, quien reconoció recientemente en una entrevista con un diario ecuatoriano que las negociaciones de 'paz' nunca habían sido otra cosa que una fuente de oro informativa sobre las FARC.



Otra parte de esta política permanente de engaños y mentiras del duo Bush-Uribe es la constante violación del convenio sobre la base de Manta en el Ecuador, limitada al combate contra el narcotráfico, pero que Washington utiliza para dirigir la guerra en el sur de Colombia en estrecha cooperación con la base de Tres Esquinas, en el Caquetá, Colombia.



7. El convenio de inteligencia entre Venezuela y Colombia



Es dentro de este contexto regional e internacional y a dos días del secuestro de Rodrigo Granda que se firman los acuerdos sobre intercambio de personal militar y de inteligencia entre los gobiernos de Venezuela y Colombia, el 15 de diciembre, en Caracas.



Al dar a conocer el acuerdo, el ministro colombiano, Jorge Alberto Uribe, declaró en rueda de prensa con su homólogo venezolano que acordaron 'reanudar e intensificar el intercambio de oficiales diestros de las distintas fuerzas militares y policiales' de los dos países. 'Hemos acordado ahondar la parte estratégica, es decir, la parte de información de inteligencia', agregó el General García Carneiro, quien señaló además que ambos ministerios de Defensa se han propuesto celebrar 'semestralmente' este tipo de reuniones de trabajo. También se comprometieron a realizar, al menos cada seis meses, reuniones para analizar temas de seguridad fronteriza y diseñar planes de acción.



En una posterior reunión entre el embajador colombiano y el Ministro García Carneiro, ambos coincidieron en 'la necesidad de fortalecer la coordinación entre las autoridades de ambos países, tal y como fue acordado durante la visita que realizó a Caracas… el ministro de Defensa colombiano, Jorge Uribe'.



A la luz de este contexto regional e internacional, sería sorprendente que Venezuela mantuviera el convenio con un gobierno, que es el principal violador de los derechos humanos en el hemisferio; que alberga los criminales políticos que se fugaron del país; que es la principal base de operaciones contra la Revolución venezolana y que carece del atributo esencial que caracteriza a un Estado: la soberanía.



Bajo el gobierno de Alvaro Uribe, Colombia no es más que una extensión del Comando Sur de Estados Unidos. Encarna, por lo tanto, la Doctrina Monroe, la destrucción de Contadora y la Operación Phoenix.



La negación de esos paradigmas debe ser la guía bolivariana, para tratarlo.

Marcos Jesus Concepcion Albala
Director General de Argos Is-Internacional
MIEMBRO DE LA 'FELAP'
"Nuestra ignorancia ha sido planificada por una gran sabiduría"

POR LA REPATRIACIÓN DEL COMPATRIOTA BOLIVARIANO

POR LA REPATRIACIÓN DEL COMPATRIOTA BOLIVARIANO
RODRIGO GRANDA, RECHAZO AL FASCISMO URIBISTA EN EL CONTINENTE

Saludo fraternal a todos los compatriotas de la América Nuestra.

La Coordinadora Continental Bolivariana expresa su indignación, y condena los
sucesos ocurridos el 13 de diciembre, en pleno corazón de Caracas, que
desembocaron
en el secuestro de Rodrigo Granda, crimen cuya mampara es el operativo que
concluyó,
en el sainete de "captura" montado en Cúcuta (Colombia), por el gobierno
fascista
de Uribe Vélez.

Los miembros de la Coordinadora, somos testigos de la presencia del compañero
Rodrigo, en la capital de la República Bolivariana de Venezuela, desarrollando
tareas y deberes de solidaridad internacionalista con las luchas de los pueblos
del continente en el marco del Encuentro Mundial de Intelectuales y Artistas
en defensa de la Humanidad, y del Segundo Congreso Bolivariano de los Pueblos.
En estos escenarios desplegó de manera especial una intensa actividad de
motivación
de solidaridad con la grave crisis humanitaria que padece el pueblo colombiano
por cuenta del colonialista y fatídico "Plan Colombia" y de la guerra sucia
estatal
en general. El compañero Granda, había llevado a los participantes de estos
foros,
la verdad sobre la resistencia heroica de más de ocho meses que el pueblo en
armas hace al criminal "Plan Patriota" como engendro yanqui que el régimen
fascista
de Bogotá ha desatado con decenas de miles de sus soldados y paramilitares,
mercenarios
y asesores del pentágono en el territorio del comunero país hermano, al tiempo
que conjugó innumerables muestras de solidaridad contra la invasión a Irak, en
pro del proceso revolucionario venezolano y a favor de la libertad de los héroes
antiterroristas cubanos hechos presos por el gobierno de Estados Unidos.

¿Quién no pudo percatarse que Granda buscaba apoyo para impulsar la salida
dialogada
al conflicto que desangra su país -parte esencial del ideal grancolombiano-,
lo mismo que para respaldar el intercambio humanitario o canje de prisioneros
de guerra, que ha causado esta confrontación fratricida que tanto enluta y duele
al continente? En todo momento, éste combatiente del Libertador, actuó y se
expresó
como digno vocero de la causa bolivariana que hoy florece desde el río Grande
a la Patagonia mediante las más diversas formas de lucha. Así lo vio y así lo
sintió la Coordinadora Continental Bolivariana -convocante también del Congreso
Bolivariano de los Pueblos-, y por ello dentro de esa loable caracterización
lo reivindica en su ejemplo, a él y la lucha que representa. Y sabemos, con
certeza,
que de igual o mejor manera lo reivindican los verdaderos revolucionarios y
bolivarianos
del mundo.

Repudiamos el hecho del secuestro del compañero Rodrigo y no dudamos en dar el
calificativo de criminales desvergonzados, a los que se han abrogado el poder
omnímodo de violar toda norma jurídica entre Estados, como bien dejásemos
expuesto
en carta que dirigiéramos días antes de este abominable suceso, a los
participantes
del Encuentro Mundial de Intelectuales y Artistas en Defensa de la Humanidad.
Como entonces, reiteramos nuestro llamado de atención, a la peligrosidad del
paramilitarismo como expresión del Estado colombiano y de sus acciones
encubiertas
en la frontera venezolana y en la profundidad de su territorio, para crear
situaciones
y provocaciones calculadas, dentro de una lógica de expansión del conflicto de
Colombia hacia el resto del continente. Esa práctica que identificamos como
alevosa
necesidad prioritaria de los planes hegemonistas del imperialismo
estadounidense,
busca a través del chantaje de su poder militar y el de las extradiciones,
aplastar
la moral de los luchadores populares, tal como lo hemos denunciado en el caso
del también combatiente Bolivariano Simón Trinidad, a quien con las más
asquerosas
patrañas han puesto frente a las venales y corruptas cortes yanquis.

Retomando el caso Granda, la Coordinadora Continental Bolivariana, considerando
la gravedad de la agresión no sólo a la figura del revolucionario bolivariano
e internacionalista, sino la violación de la soberanía de la República y el
honor
del pueblo que dirige el Comandante Hugo Chávez Frías, como el de los
bolivarianos
del continente, exige el cumplimiento al menos de la normatividad jurídica
internacional,
el desagravio al Bravo Pueblo y el reparo a la violación de los derechos del
compañero Rodrigo Granda.

La Coordinadora Continental Bolivariana manifiesta su respeto, admiración y
gratitud
patriótica a todos quienes de forma valiente han expresado su solidaridad con
el compañero secuestrado, y llama a todas las organizaciones democráticas,
antiimperialistas
y personalidades del continente y el mundo, a manifestar su solidaridad con el
pueblo colombiano que vive la tragedia del fascismo, y a demandar la
repatriación
inmediata a Venezuela del camarada Rodrigo Granda, como parte ineludible de la
búsqueda de solución al conflicto desatado por el Estado colombiano y sus
secuaces
por encargo del gobierno de Washington.

Digamos ¡NO! a la guerra sucia en Colombia; ¡NO! al "Plan Patriota"; ¡NO! a las
acciones encubiertas y pretensiones criminales del gobierno fascista de Álvaro
Uribe Vélez contra la Revolución Bolivariana.

Solidaridad con Rodrigo Granda; valentía irreductible contra el imperialismo;
firmeza en la lucha bolivariana.

Nuestra Patria es América. Fraternalmente,
COORDINADORA CONTINENTAL BOLIVARIANA

Inician año de preparación para la defensa en el Ejército Occidental

Inician año de preparación para la defensa en el Ejército Occidental

Inician año de preparación para la defensa en el Ejército Occidental

El Comandante de la Revolución Juan Almeida presidió el acto político-cultural y la revista militar, efectuados en La Habana

Reynold Rassí

El inicio del año de preparación para la defensa en el territorio del Ejército Occidental se efectuó ayer con un acto político-cultural y una revista militar, presididos por el Comandante de la Revolución Juan Almeida Bosque, miembro del Buró Político.

El Comandante de la Revolución Juan Almeida entregó certificados de reconocimiento a regiones, sectores y unidades militares destacados en el anterior año de preparación para la defensa.

Realizado en la Brigada Escuela de Preparación para la Defensa de la provincia de La Habana, en el municipio de San José de las Lajas, contó también con la presencia del general de cuerpo de ejército Leopoldo Cintra Frías, miembro del Buró Político y jefe del Ejército Occidental, y otros generales y jefes de las distintas tropas que integran las Fuerzas Armadas Revolucionarias, así como los presidentes de los Consejos de Defensa de los territorios que forman parte de la región occidental: Pinar del Río, La Habana, Ciudad de La Habana y el municipio especial de la Isla de la Juventud.

Como parte del acto, Juan Almeida hizo entrega de certificados de reconocimiento a regiones, sectores y unidades militares que se destacaron durante el anterior año de preparación para la defensa y en el cumplimiento exitoso de sus misiones.

Seguidamente la pionera de secundaria básica Yainé.Pérez, al hablar en nombre de la más joven generación, subrayó que esta era el relevo futuro de los oficiales y combatientes de las FAR que sabrán también con orgullo defender a la Patria.

En sus palabras de resumen, Elizabeth Cámara Báez, presidenta del Consejo de Defensa Municipal en la Isla de la Juventud, destacó cómo nuestro pueblo se prepara para la defensa en medio de la compleja situación internacional y de las acciones agresivas del imperialismo norteamericano, dirigidas por un Gobierno fascista que ostenta el poder en Estados Unidos, y cómo los pueblos latinoamericanos responden con la integración y la Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA) frente al neoliberalismo capitalista.

Subrayó que el Ejercicio Estratégico Bastión 2004 puso de manifiesto la alta preparación y disposición combativas de nuestras Fuerzas Armadas y pueblo en general, y que el país se encuentra listo para hacerle pagar bien caro al enemigo si osara agredirnos.

Agregó que en este año de instrucción para la defensa hay dos tareas principales: desarrollar con calidad la preparación combativa y política de las tropas, y el acondicionamiento del teatro de operaciones militares para el combate.

Hoy una vez más la corneta mambisa nos llama al combate, a defender a la Patria y al socialismo, dijo Elizabeth Cámara.

Finalmente, se efectuó una marcha en revista de las tropas formadas en bloques que representan las diferentes armas de las FAR, alumnos de las escuelas militares Camilo Cienfuegos e integrantes de las Milicias de Tropas Territoriales.

Prensa Presidencial (15.02.2005)

Prensa Presidencial (15.02.2005).- El ministro de Comunicación e Información, Andrés Izarra, aseguró que las expectativas del Gobierno venezolano ante el encuentro de los presidentes Hugo Chávez y Álvaro Uribe Vélez, “son retomar plenas relaciones con Colombia, de acuerdo a lo que es nuestra voluntad principal integradora con el hermano país”.

Así lo declaró este martes, en horas de la mañana, luego del arribo del mandatario colombiano a tierras venezolanas, quien fue recibido por el presidente Hugo Chávez en el Aeropuerto Internacional Simón Bolívar, en Maiquetía.

“En esta reunión privada, ambos presidentes van a intercambiar informaciones sobre el impasse relativo al secuestro de Rodrigo Granda. Estimamos que este será un encuentro relativamente corto, la agenda no tiene mayor extensión”, informó el titular del MCI.

Asimismo, dio a conocer que finalizada la reunión “leeremos un comunicado de prensa conjunto”, donde se especificarán los resultados de la conversación binacional. En cuanto al tiempo de duración de la misma, Izarra indicó que se extenderá “cuanto sea necesario (…) para resolver definitivamente este impasse”.

Finalmente, el canciller Alí Rodríguez Araque consideró que “como suele ocurrir después de este tipo de incidentes y cuando se aclaran las cosas como se han venido aclarando hasta ahora, vienen períodos de mayor afirmación y es lo que esperamos de esta importante reunión”.

28 militares dados de baja

28 militares dados de baja

28 militares dados de baja

En el Departamento de Antioquia. Abundante material de guerra recuperado:
veintiseis fusiles Galil, dos ametralladoras tipo comando y dos morteros de
60mm, entre otros, informa el Bloque José María Córdoba de las FARC en
comunicado oficial, fechado el pasado nueve de febrero.

12.02.2005 [ANNCOL/www.ancol.org] Para conocimiento de nuestros lectores damos
a conocer el comunicado en su totalidad.

Parte de guerra del Bloque José María Córdoba

El 8 de febrero a las 11:45 horas, guerrilleros del Bloque José María Córdoba de
las FARC, atacaron una patrulla del Batallón Boltígeros en Porrozo entre
Chigorodó y Mutatá, Antioquia.

Resultados: 19 militares muertos entre ellos un teniente y dos cabos del
ejército y 6 heridos.

Material Recuperado:

23 fusiles Galíl calibre 556, 2 ametralladoras tipo comando calibre 556, 1
mortero de 60mm, 103 proveedores, 2 cañones para ametralladora, 4 granadas de
mortero, 16 granadas de 40 mm, 9.620 cartuchos, 21 chalecos, 1 granada de humo,
12 equipos de campaña.

Propios: Guerrilleros sin novedad

Los combates continúan.

*

El 7 de febrero a las 14:45 horas, guerrilleros del 36 frente de las FARC,
Bloque José María Córdoba, atacaron patrulla del Batallón Bomboná en la vereda
LA Sombra de Anorí, Antioquia.

Resultados: 9 militares muertos y un número indeterminado de heridos.

Material Recuperado:

3 fusiles Galíl calibre 556, 1 mortero de 60 mm, 19 proveedores, 3 chalecos, 360
cartuchos y 1 GPS.
Propios: 2 guerrilleros muertos.

Estado Mayor Bloque José María Córdoba de las FARC-EP