Emir Sader Agencia Carta Maior Dejemos la crítica de que la polarización entre ricos y pobres lleva al aislamiento de gobiernos. Hugo Chávez no la promovió, sólo le dio expresión en el plano político, abriendo espacio a nuevos movimientos sociales en un país hasta entonces dominado por burocracias sindicales corruptas. Mucho se puede y se debe aprender de la experiencia venezolana, después del referendo del 15 de agosto, de sus resultados, de la situación actual de los gobiernos electos o apoyados por la izquierda en el continente, de las perspectivas y de los problemas vividos por los movimientos sociales y de la situación general de la lucha contra el neoliberalismo en América Latina. Las primeras lecciones tienen que ser tomadas por los grandes mass media, que se sumaron al coro de los medios privados venezolanos y se multiplicaron a través de las agencias originarias de los Estados Unidos y de otros países de las metrópolis capitalistas. Compraron las versiones estilo guerra fría, según las cuales se trataría de un dictador, mientras elogiaban la oposición como "democrática" y recibían a Gustavo Cisneros en Brasil como un respetable empresario de éxito, y no como el gran magnate golpista de la derecha, protagonista del mayor monopolio de prensa en América Latina. El gobierno de Hugo Chávez fue incluido en la lista de los temas malditos, de los cuáles ya forman parte Cuba y el MST. Recibió también la condena prácticamente unánime de los editoriales y de las coberturas internacionales editorializadas. La consulta electoral, instrumento único a escala mundial de control ciudadano de los mandatos populares, fue realizada con total transparencia, incluso según la Organización de los Estados Americanos y la Fundación Carter, y con el reconocimiento internacional unánime de la veracidad del recuento. Los periodistas que fueron a cubrir la consulta deben igualmente haberse dado cuenta del carácter totalitario que el monopolio privado de los medios intenta imponer a los venezolanos. Que saquen las consecuencias, que procedan como los mayores periódicos norteamericanos el New York Times y el Washington Post que realizaron una autocrítica de la cobertura que venían haciendo, inclusive en la cuestión del lenguaje "demócratas" los opositores y "autoritario", Hugo Chávez. Otras lecciones deben ser tomadas por los movimientos sociales. Estos han protagonizado las principales luchas de resistencia contra el neoliberalismo, desde el grito zapatista de Chiapas hasta los Foros Sociales Mundiales, pasando por las luchas en Bolivia, en Ecuador, en Perú, en Argentina, en Brasil, en México. Su capacidad de resistencia, de canalización de los intereses y de los sentimientos populares los afirmaron definitivamente como los mejores representantes de la lucha popular latino-americana. Pero algunos movimientos sociales han pretendido sustituir las fuerzas políticas y ocupar el espacio de la política, sólo a partir de la acumulación de fuerzas social. Esa experiencia ha revelado la capacidad de veto de los movimientos sociales, pero no ha permitido construir un nuevo proyecto hegemónico. Esta ha sido la experiencia de los movimientos indígenas ecuatorianos, del movimiento campesino e indígena boliviano, entre otros. La crítica de los límites de la acción estatal para un proceso realmente emancipatorio no debe salir de un "politicismo" hacia una concepción que pida a la lucha social lo que ella, sola, no puede dar. Tenemos que encontrar nuevas formas de hacer política, pero haciendo política, inclusive institucional, combinándola con la lucha de masas. Despreciar la lucha institucional y el potencial de acción del Estado es entregarlos como obsequio a las fuerzas tradicionales, que, despreciando las luchas y los movimientos sociales, usarán el Estado para políticas conservadoras. La lucha contra el neoliberalismo es la lucha por la afirmación de los derechos consagrados universalmente para todos. Esta lucha tiene en los movimientos sociales su principal protagonista, pero sólo pueden consagrarse en el plano del Estado, de un Estado democratizado, que confirme y garantice los derechos para todos, mediante el fortalecimiento de su dimensión política. El caso venezolano, en un país que viene de un enorme atraso en la organización popular, con el espacio sindical ocupado por una aristocracia obrera vinculada a las empresas petrolíferas, representa un buen ejemplo de como los movimientos sociales pueden desarrollarse y fortalecerse en alianza con gobiernos que realicen una política de privilegio de lo social y de reformas democráticas del Estado. Venezuela es el país tal vez el único actualmente en América Latina en que los derechos sociales avanzan en combinación de políticas gubernamentales y de la acción de movimientos sociales. El mismo caso ya había surgido en la lucha contra el Área de Libre Comercio de las Américas (Alca) y por el fortalecimiento de la organización de los países del sur del mundo, cuando en la reunión de Cancún fue creado el Grupo de los 20. La lucha por un proyecto de integración alternativo pasa por la alianza de los movimientos sociales con gobiernos que lleven a la práctica una política de soberanía y de construcción de una reinserción activa en el plano internacional. La otra lección debe ser tomada por los partidos políticos y los gobiernos de izquierda en la región. El gobierno de Hugo Chávez se revela como una alternativa de izquierda en el continente que combina prioridad de lo social en el plano interno con soberanía política en el plano externo, promoviendo activamente la organización del movimiento social. Que gobiernos como los de Lula y de Kirchner así como el de Tabaré Vázquez, que puede triunfar este año en Uruguay así como el PT, el Frente Amplio uruguayo y las otras fuerzas de izquierda asuman las lecciones de Venezuela. Que dejen de lado la crítica de que la polarización entre ricos y pobres lleva al aislamiento de los gobiernos. Hugo Chávez no la promovió, sólo le dio expresión en el plano político, abriendo espacio para el surgimiento de nuevos movimientos sociales en un país hasta entonces dominado por las burocracias sindicales corruptas.
Traducción de Angel Vera para www.pvp.org.uy Tomado de Agencia Carta Maior. www.agenciacartamaior.uol.com.br
Emir Sader, es profesor de la Universidade de São Paulo (USP) y de la Universidade do Estado do Rio de Janeiro (Uerj), es coordinador del Laboratório de Políticas Públicas de la Uerj y autor, entre otros de "A vingança da História".
El laberinto de la oposición - Por: Homar Garcés Publicado el Miércoles, 01/09/04, 05:24pm www.aporrea.org
Ahora están atrapados en su propio laberinto. Llegaron hasta aquí con la soberbia de quien detenta el poder económico, con la grosería de quien siente que la libertad de expresión le da carta blanca para denigrar, con la prepotencia de creerse amparados internacionalmente y con la certeza de que el mundo los apoyaría en su aventura. Pidieron contarse. Ya lo hicieron. Echaron el resto para llegar a los cuatro millones. Pero no contaron con que el enemigo crecería también. Este párrafo pertenece a un artículo de la periodista Mariadela Linares, publicado en el diario Últimas Noticias, y refleja con creces la situación creada (y padecida) por la dirigencia opositora en su obcecada ambición de desalojar a Hugo Chávez del poder.
Todos los fracasos protagonizados por la oposición minoritaria incluido el más reciente, el del 15 de agosto- parten de una falseada interpretación de lo que es la realidad contemporánea del país. su sesgada visión del escenario nacional, ha conducido a estos dirigentes opositores y a sus seguidores a creer que la confrontación es únicamente con Chávez, olvidando que en Venezuela se fue gestando durante cuatro décadas consecutivas y silenciosamente un amplio movimiento de resistencia que tuvo su primer momento de expresión el 27 de febrero de 1989; precisamente, por su ineptitud y ceguera para entender qué tipo de expectativas y sentimientos abrigaba el pueblo venezolano respecto a la realidad democrática. Por ello, apelan a un discurso desgastado, propio de la época de la Guerra Fría y cargado de odio y revanchismo, sin importarle que los confundamos con la más rancia expresión de nazi-fascismo que pudiera existir en este Continente. Pregonan, fronteras afuera, que luchan contra la instauración de un supuesto régimen comunista totalitario en Venezuela, algo totalmente contrario al deseo común de los venezolanos.
Sin embargo, su credibilidad (sostenida día y noche artificialmente por las televisoras comerciales y la industria de la información) ha sufrido un deterioro considerable y esto comienza a resentirse entre sus bases militantes, cansadas de los mismos personajes del pasado puntofijista y de las metidas de pata reiteradas.
A pesar de ello, una cúpula muy reducida de la oposición (compuesta por empresarios, dueños de medios de información, obispos y cardenales, militares prófugos de la justicia y la aristocracia obrera cetevista) sigue tropezando con la misma piedra. Para ella, la última opción que queda es apelar al terrorismo y planear, incluso, el magnicidio, sin importar el baño de sangre que pudiera destruir y enlutar a la familia venezolana. En el fondo, esta cúpula heterogénea vive una regresión que no le permite comprender que su postura es suicida y es un detonante para que se radicalicen las posiciones populares a favor del proceso que impulsa Chávez, aún sin ser estimuladas por éste. Esta falta de comprensión y esa identificación abusiva con una democracia representativa que descuidó el bienestar colectivo y se hundió en escándalos de corrupción administrativa sin castigos ejemplarizantes, dada la red de complicidades existentes; es lo que ayuda, entre otras cosas, a que las mayorías cifren sus esperanzas en el proyecto revolucionario bolivariano.
Esta disociación con la realidad social venezolana alimentada por una dictadura mediática opositora- puede resultar altamente peligrosa para la paz de nuestro país. Un primer indicio de esa peligrosidad la padecimos el 11 de abril de 2002 cuando se desataron las pasiones revanchistas, fascistas e irracionales de la minoría opositora. Una nueva señal en tal sentido estaría ya en camino de producirse cuando se incita a la violencia y a desconocer los resultados del referendo presidencial, amenazando, de paso, con abrir, sin autorización del CNE, las urnas electorales durante los próximos comicios regionales y municipales, con la pretensión de descubrir un fraude inexistente. Lo peor de todo es que esa misma minoría, al regocijarse con el odio, la mentira y una desmedida ambición de poder, está cada vez más adentrándose en un laberinto del cual, difícilmente, podrá salir airosa.
Mientras tanto, el pueblo desoye sus cantos de sirena y sus amenazas apocalípticas, lo cual representa, de hecho, un cambio cualitativo bastante importante en su forma de pensar y de interpretar la política, además de constituir prueba fehaciente de que en Venezuela sí tiene lugar un proceso revolucionario, irreversible y de contenido popular.
Las tres últimas frustraciones de los venezolanos honestos que se oponen a Chávez José Padrón - Rebelión
Los opositores a Chávez, no los líderes políticos sino los ciudadanos comunes y corrientes que votaron por el SÍ, acaban de pasar por 3 duras frustraciones en cadena, en apenas unos ocho o diez días después del referéndum del 15 de agosto de 2004. Primera frustración: los líderes de la Oposición les fabrican una primera ilusión, haciéndolos creer, contrariamente a lo que sostenían todas las encuestas y muchas teorías sociales, que los votos por el SÍ superarían ampliamente a los votos del NO. En la madrugada del 16 vieron derrumbarse esa ilusión y frustrada esa primera creencia. Segunda frustración: inmediatamente sus líderes les fabrican una segunda ilusión, haciéndoles creer que esos resultados eran producto de un FRAUDE, que ningún organismo internacional los avalaría y que el fraude quedaría al descubierto en las primeras auditorías. En cuestión de horas la OEA y el Centro Carter hacen su primer anuncio en apoyo a esos resultados, luego lo hacen los demás observadores internacionales y a los dos o tres días todas las pruebas confirman los mismos resultados. Cae por tierra esa segunda ilusión y tiene lugar una nueva frustración. Tercera frustración: de inmediato sus líderes les fabrican una tercera ilusión, haciéndoles creer que ellos tienen las pruebas irrefutables del fraude, les hablan de los topes matemáticos de las máquinas de Smartmatic y les prometen que esas pruebas en breve echarán por tierra los resultados emitidos por el CNE y los observadores internacionales. Pero a los dos o tres días los expertos extranjeros en Estadística y Matemáticas contratados por ellos mismos les tumban esa tercera ilusión: nadie tiene ni una sola prueba de fraude, no hay pruebas de fraude. "Por ahora", no hay nada que hacer, más que mantener la esperanza y la disposición a seguir luchando, a seguir a la espera de alguna milagrosa prueba de fraude, que estaría a punto de llegar. De ese modo, sus líderes están tratando de crearles una cuarta ilusión, pero esta vez sin muchas potencialidades de convicción ni de arraigo: que aquí ocurrirá lo mismo que en Perú, donde la OEA, luego de avalar de momento el triunfo de Fujimori en aquellas elecciones, a los tres meses se vio obligada a retractarse, ante las evidencias de un enorme fraude. Por cierto, esta ilusión es idéntica a aquella otra, días antes del referéndum, a propósito de los resultados adversos de las encuestas, cuando insistían en que aquí pasaría lo mismo que en Nicaragua, donde el "voto oculto" explicó las diferencias entre las encuestas previas y los resultados efectivos. Se trata sólo de esperar tres meses, para ver de nuevo rodar por tierra esta cuarta ilusión. Esta ha sido la más vertiginosa y reciente cadena de ilusiones-frustraciones en los nobles, honestos, sencillos y respetables ciudadanos que se oponen a Chávez, cadena inducida y promovida por unos líderes tan torpes como deshonestos. Pero no han sido las únicas. Al fondo de aquellas terribles y amargas frustraciones del golpe de estado de Carmona el Breve y del paro petrolero, ha estado la insistente cantaleta de "mañana cae..., pasado mañana cae..., en una semana cae..." y de aquella otra cancioncita de "se va, se va, se va...". Y nada. No se fue. Ni se irá en unos dos años, por decir lo menos. Conclusión: ¿por qué no convencerse de una vez por todas de que los líderes de la oposición son poco o nada confiables, de que son mendaces, truculentos, deshonestos y piratas de la política? ¿Por qué no convencerse de una vez por todas de que los dueños de medios masivos privados son en realidad personajes siniestros y nefastos, representantes del sector dominante que se resiste a la pérdida de privilegios de clase? ¿No es más sencillo y sensato darse cuenta de que los periodistas del tipo Colomina, Bravo, Mingo, Masó, Giusti, Poleo..., son verdaderos discapacitados mentales, con muy escasa preparación intelectual, con nula capacidad de razonamiento, algunos de ellos a un paso de la perturbación psicológica? ¿No resulta mucho más sano darse cuenta de que programas del tipo Grado 33, Aló Ciudadano, la Entrevista, etc., son auténticos laboratorios de manipulación, verdaderos atentados al derecho a la información y todo un enorme insulto a la inteligencia? La cura y prevención contra las frustraciones políticas no está en las salas de psiquiatría ni, mucho menos, en la salida de Chávez, sino en la liberación de las ataduras y espejismos de los medios, lo cual implica una madura toma de conciencia acerca del hecho de que todos podemos adversar a un gobierno y a sus ideas, pero siempre en el terreno del pensamiento lógico y del razonamiento, del respeto a las reglas de juego, del reconocimiento de los otros y de la planificación de acciones políticas racionales. En suma, en el terreno de la Democracia. Jugar con las violaciones al derecho a la información, con la negación de los 'otros' y con el pensamiento visceral y la irracionalidad sólo conduce, al final, a las frustraciones más amargas, como éstas.
HUGO CHAVEZ EN EL EJE DEL BIEN Por: Armando Hart Dávalos (Fecha publicación:28/08/2004) Información Adicional Tema: Venezuela tras la aventura golpista País/es: Venezuela
Hoy los grupos oligárquicos están mostrando a las claras, a través de las propias palabras de su principal cabecilla, las esencias de la maldad y la estupidez de su política. Y es precisamente enfrentándonos dialécticamente a sus dichos y hechos -que es la forma radical de actuar frente a ellos- cómo podemos combatirlos de manera eficaz. El Sr. Bush habló del Eje del mal y, desde luego, incluyó a Cuba en esa categoría; pues bien hallemos el Eje del bien, en oposición a toda su criminal y nefasta política. Para ello comencemos con el análisis de los principios jurídicos que han servido hasta aquí de fundamento al sistema político de los últimos dos siglos, y a los cuales se vinculan íntimamente la cultura, la ética, el derecho y la política solidaria. Por ahí andan aspectos muy importantes para la lucha de ideas que en la actualidad se está librando en Cuba y a escala planetaria. El emperador de la época de decadencia del imperio yanqui, con su conocida arrogancia y autosuficiencia, dijo en ocasión de la intentona golpista para destituir a Chávez el 11 de abril de 2002, que el dirigente venezolano debía aprender la lección y promover en el futuro un cambio de política. Pocas veces un jefe de Estado ha formulado declaraciones tan estúpidas, prepotentes e insensatas. Porque en realidad quienes tienen que aprender las lecciones de la Venezuela bolivariana, son el Sr. Bush y lo que él representa. Ha caducado la época en se daban golpes de Estado en nuestro continente, sin que se produjera una respuesta inmediata, concreta y efectiva del pueblo frente a estas tropelías. Los tiempos de Trujillo en República Dominicana, de Somoza en Nicaragua, de Pérez Jiménez en Venezuela, de Batista en Cuba, de Pinochet en Chile, y de tantos otros tiranos de otros países, quedaron atrás con las valientes y generosas acciones del pueblo venezolano a favor de un militar de honor, el Presidente Chávez, quien lleva en la sangre el sentido civilista, democrático y de justicia social de la mejor tradición bolivariana. Se ha demostrado que el imperio no puede ya atropellar impunemente principios constitucionales y jurídicos, e imponerse con su política intervencionista en América Latina. El Sr. Bush y los gobernantes que ceden a sus presiones, deben aprender lo siguiente: el sistema político que ha sido guardián de privilegios de minorías enriquecidas, desconocedor de los reclamos y necesidades de la inmensa mayoría de la población, ha entrado de hecho en serio cuestionamiento. Esta es la verdadera lección que nos están dando el Presidente Chávez y el pueblo hermano de Venezuela. Martí, con su visión profética del destino de Cuba, y refiriéndose a los mal nacidos en esta Isla, decía que parecía mentira que con tal porvenir hubiera cubanos que atasen sus vida a la monarquía aldeana y podrida de España. Hoy podríamos también señalar que, con las inmensas posibilidades de convertir a Venezuela en faro de luz que ilumine la integración de nuestros pueblos y ayude al mundo en un momento de grave crisis de la civilización, parece mentira haya venezolanos y cubanos que aten sus vidas al decadente y corrompido imperio yanqui. Afirmé una vez en Venezuela, que el Presidente Hugo Chávez merecía un Premio Nóbel del Derecho. Estoy seguro que algún día obtendrá éste u otro reconocimiento universal por su defensa a la mejor tradición jurídica latinoamericana. Con la enseñanzas y la tradición de aquel extraordinario militar defensor de la Ley, Simón Bolívar, Chávez con su formación de este mismo carácter, ha roto la tradición entronizada después del Libertador en América Latina, de que desde los cuarteles se dirija a los gobiernos; ha exaltado la autoridad de la Ley y del Derecho, y la ha colocado como un punto central de su batalla revolucionaria. Ha hecho así un aporte a lo mejor de la cultura jurídica internacional. Para empezar a mostrar la certeza de esa afirmación basta subrayar que en medio de una crisis profunda del sistema de democracia representativa y del pluripartidismo, Chávez ha creado un marco constitucional con el apoyo de las grandes mayorías y está llevando a cabo dentro del mismo, una revolución bolivariana consecuente. Es un ejemplo para América y ello sólo es factible con la tradición de Bolívar, de Martí, y de una larga legión de próceres y pensadores que constituyen la fuente principal de la cultura política y social que necesita la humanidad en el siglo XXI. La historia de nuestro 'pequeño género humano', exige exaltar el ejemplo que está dando la revolución bolivariana y lo reclaman además, las necesidades más perentorias del mundo actual. Los académicos latinoamericanos debían iniciar juntos una cruzada para esclarecer la base científica y cultural del proceso emancipador que tiene hoy en Venezuela una experiencia histórica. El proceso venezolano -como he dicho- es otra muestra de la crisis política y moral de los viejos partidos tradicionales que carentes de apoyo popular, se han plegado definitivamente a los intereses imperialistas. Corrompidos como están, después de extraerle a Venezuela sus riquezas por más de 40 años, ahora se pintan cínicamente como abanderados de la democracia. El mérito de Hugo Chávez y del movimiento bolivariano está en haber asumido, con sabiduría, talento e imaginación, el reto de hacer avanzar la revolución manteniendo un creciente apoyo popular dentro del más irrestricto apego a la Constitución. Es el único caso en el mundo que admite un referéndum para destituir al Presidente de la República; más democrático dentro del sistema pluripartidista no puede ser. He ahí la originalidad de Chávez: enfrentar ese desafío con las reglas del pluripartidismo. Desde luego, esta revolución bolivariana como todas las auténticas revoluciones, necesita en primer lugar, llegar al pueblo como lo ha hecho Chávez, emprender obras de beneficio social de gran trascendencia y asumir las cuatro categorías que forjan el Eje del bien: cultura, ética, derecho y política solidaria. El trabajo desarrollado al efecto por el Presidente Chávez está a la vista de todos y la contundente victoria en el referéndum del pasado 15 de agosto, confirma una vez más la profundidad del proceso bolivariano en su carácter verdaderamente democrático y participativo. La figura de Chávez alcanza trascendencia universal como digno representante del Eje del bien.
Somos un fraude para los partidos políticos que saquearon a Venezuela durante cuatro décadas, al mantenernos durante ese tiempo en el más completo analfabetismo y por intermedio de la misión Robinson, hoy sabemos leer y escribir.
Somos un fraude para quienes querían privatizar la educación en Venezuela porque podemos ser bachilleres a través de la misión Ribas.
Somos un fraude para las élites que secuestraron los cupos de la educación superior y la misión Sucre nos permite continuar avanzado hasta obtener un título universitario.
Somos un fraude para aquellos empresarios deshonestos quienes en complot con el gobierno de Caldera y la dirigencia corrupta de la CTV, vendieron la irretroactividad de nuestras prestaciones sociales.
Somos un fraude para los banqueros que originaron la crisis financiera de 1994, en donde se robaron más de 10.000 millones dólares y pretenden seguir estafando a quienes fuimos víctimas de créditos indexados para la compra de viviendas y cuotas balón por comprar un carrito.
Somos un fraude para los "mercenarios de la medicina" porque a través de "Barrio Adentro", recibimos consultas médicas y odontológicas en nuestros hogares en lo más alto del cerro.
Somos un fraude para los especuladores porque a través de Mercal adquirimos productos de la cesta básica de alimentación de primera necesidad, a bajos costos.
Somos un fraude para los "contrabandistas" e "importadores mafiosos" porque el Seniat, por primera, vez cobra los impuestos y ejerce control en las aduanas.
Somos un fraude para las "empresas constructoras" conchupantes de los gobiernos de turno, porque en este momento existen cooperativas, pequeñas y medianas empresas que participan activamente en la reconstrucción de la infraestructura pública.
Somos un fraude para aquellos "comisionistas de turno" porque no han recibido centavo alguno en la ejecución de los programas de desarrollo ferroviario, los metros de Caracas, Valencia, Maracaibo, el segundo puente sobre el río Orinoco y los complejos hidroeléctricos.
Somos un fraude para aquellos prófugos (civiles y militares) de la justicia venezolana, que dieron el sangriento Golpe de Estado en Abril de 2002.
Somos un fraude para aquellos "periodistas" y medios de comunicación social quienes una vez consumado el Golpe de Estado, secuestraron la verdad durante los días 13 y 14 de abril, cuando el pueblo exigía el retorno del Presidente Chávez.
Somos un fraude para aquellos "meritócratas" que nos dejaron sin gasolina, sin gas, sin leche, sin alimentos y sin medicinas, durante el sabotaje petrolero.
Somos un fraude para aquellos que nos tildan de marginales, chusma, hordas, lumpen, entre otros epítetos, sólo porque pensamos diferente de ellos.
Somos un fraude para aquellos "jerarcas y representantes" de la iglesia católica porque ellos a diferencia de nosotros, nunca han sido pecadores.
Somos un fraude para aquellos alcaldes y gobernadores quienes pretenden eliminar los consejos locales de planificación pública y el sistema de protección del niño, niña y adolescente, porque en definitiva, sólo pretenden imponer sus prebendas personales.
Para los 6.000.000 de venezolanos que dijimos NO, en el Referendum para revocarle el mandato constitucional al Presidente de la República, el fraude más grande está enquistado en los "líderes" de la desaparecida "coordinadora democrática" quienes continúan llevando a sus seguidores por la vía de la derrota y la desesperación.
1) El mensaje de la Revolución Bolivariana José Steinsleger - La Jornada
Luego de 20 años de saqueo neoliberal y empobrecimiento masivo, democracia de mercado y exaltación tecnocrática del "pensamiento cero", la octava ratificación del presidente Hugo Chávez en la República Bolivariana de Venezuela obliga a la revisión, entre otras interrogantes, de una inquietud central: ¿hacia dónde van y qué anhelan los pueblos de América Latina y el Caribe?
Anexión o soberanía, independencia o globalización subordinada, imperialismo o liberación, democracia y gobernabilidad, integración socioeconómica o libre mercado sin más, homogeneidad o identidad cultural representan, apenas, algunos de los complejos asuntos que plantea el proceso político de Venezuela, cuna de la primera independencia americana. ¿Volver a empezar? Sí, pero no de cero.
De Bolívar en adelante, los pueblos latinoamericanos nunca dejaron de exigir respeto a la singularidad de sus luchas. Aguas de un manantial que incluye, por qué no, las contradictorias experiencias de procesos como los encabezados por el mexicano Lázaro Cárdenas, el argentino Juan Domingo Perón, el peruano Juan Velasco Alvarado (1968), el panameño Omar Torrijos (1969) y el brasileño Getulio Vargas, nacionalista conservador y después liberal y que hoy, hace 50 años, se suicidó tras entender tardíamente que el imperialismo yanqui y sus aliados nativos son enemigos jurados de la humanidad.
Surgido de arriba, el nacionalismo de Vargas tuvo como propósito acabar con el poder de los caudillos oligárquicos regionales (1930); el de Cárdenas surgió de abajo, retomando las causas populares de la Revolución Mexicana (1934), y el de Perón fue engendrado tras medio siglo de luchas de un movimiento obrero que, llegado el momento (1945), entendió los términos de la contradicción que anarquistas, socialistas y comunistas no vieron con la lucidez que Cuba proyectó a partir de 1959: imperialismo o nación.
Hijos de su época, hombres cultos y militares patriotas los tres, Vargas, Cárdenas y Perón impulsaron grandes transformaciones sociales que dejaron huella profunda en la conciencia nacional de sus sociedades. Sin embargo, fueron políticamente derrotados a causa de un esquema idealizado de unidad nacional y alianza de clases que el imperialismo y las oligarquías acabaron por someter y doblegar.
¿Una revolución, la venezolana, "nacionalista"? En efecto. Con el añadido de que, a diferencia de los nacionalismos apuntados, el pensamiento bolivariano se está pensando (valga la redundancia) como lo pensaron Hidalgo y Morelos, Artigas y San Martín, Sucre y Morazán, Sandino y el Che hasta cristalizar en el oxígeno ético de Salvador Allende, el zapatismo chiapaneco, los campesinos sin tierra de Brasil, los indígenas de Ecuador, los indomables pueblos de Bolivia y la sangre a raudales que desde hace medio siglo derrama la insurgencia en Colombia.
Cualquier enfoque aproximativo al proceso político venezolano exige limpiarse de prejuicios y de vuelos doctorales. Los bolivarianos aseguran que se hallan inmersos en una revolución. Si esto es así (y los hechos indican que así es) sería imposible entender su mensaje desde enfoques reduccionistas que conllevan la subestimación del rol creativo de los pueblos.
Un ejemplo de reduccionismo sería el modo simplista con que ahora, ante la contundente derrota de la oligarquía venezolana, se expresan los déspotas ilustrados que atribuyen la victoria de Hugo Chávez a la ingente disponibilidad de recursos provenientes del petróleo. Dicen que su ascendiente popular ("populismo", según ellos) les recuerda los años en que el peronismo aprovechó los altos precios impuestos por la Segunda Guerra Mundial a productos como la carne, el trigo y el cereal.
Ya no saben qué decir. Pero lo que nunca dirán es que en 20 años de discursos "democráticos" y seminarios a granel, en los que se debatieron temas como la "equidad" y las virtudes del ciudadano ideal, el pillaje neoliberal giró 300 mil millones de dólares a los bancos extranjeros, sepultando en la miseria a 80 por ciento del pueblo venezolano.
A diferencia de otros ensayos nacionalistas, el mensaje de la revolución bolivariana a los pueblos del continente carece de fisuras: hay una experiencia política acumulada, una voluntad de auténtica emancipación económica, un vigoroso legado cultural, una larga y dolorosa historia política de caminos recorridos y compartidos. Sería criminal, por ende, que las dirigencias esclarecidas de América Latina y el Caribe vuelvan a perderse en los laberintos ideológicos, las soledades políticas y las utopías de redención sin destino.
El mensaje de la Revolución Bolivariana José Steinsleger La Jornada Luego de 20 años de saqueo neoliberal y empobrecimiento masivo, democracia de mercado y exaltación tecnocrática del "pensamiento cero", la octava ratificación del presidente Hugo Chávez en la República Bolivariana de Venezuela obliga a la revisión, entre otras interrogantes, de una inquietud central: ¿hacia dónde van y qué anhelan los pueblos de América Latina y el Caribe?
Anexión o soberanía, independencia o globalización subordinada, imperialismo o liberación, democracia y gobernabilidad, integración socioeconómica o libre mercado sin más, homogeneidad o identidad cultural representan, apenas, algunos de los complejos asuntos que plantea el proceso político de Venezuela, cuna de la primera independencia americana. ¿Volver a empezar? Sí, pero no de cero.
De Bolívar en adelante, los pueblos latinoamericanos nunca dejaron de exigir respeto a la singularidad de sus luchas. Aguas de un manantial que incluye, por qué no, las contradictorias experiencias de procesos como los encabezados por el mexicano Lázaro Cárdenas, el argentino Juan Domingo Perón, el peruano Juan Velasco Alvarado (1968), el panameño Omar Torrijos (1969) y el brasileño Getulio Vargas, nacionalista conservador y después liberal y que hoy, hace 50 años, se suicidó tras entender tardíamente que el imperialismo yanqui y sus aliados nativos son enemigos jurados de la humanidad.
Surgido de arriba, el nacionalismo de Vargas tuvo como propósito acabar con el poder de los caudillos oligárquicos regionales (1930); el de Cárdenas surgió de abajo, retomando las causas populares de la Revolución Mexicana (1934), y el de Perón fue engendrado tras medio siglo de luchas de un movimiento obrero que, llegado el momento (1945), entendió los términos de la contradicción que anarquistas, socialistas y comunistas no vieron con la lucidez que Cuba proyectó a partir de 1959: imperialismo o nación.
Hijos de su época, hombres cultos y militares patriotas los tres, Vargas, Cárdenas y Perón impulsaron grandes transformaciones sociales que dejaron huella profunda en la conciencia nacional de sus sociedades. Sin embargo, fueron políticamente derrotados a causa de un esquema idealizado de unidad nacional y alianza de clases que el imperialismo y las oligarquías acabaron por someter y doblegar.
¿Una revolución, la venezolana, "nacionalista"? En efecto. Con el añadido de que, a diferencia de los nacionalismos apuntados, el pensamiento bolivariano se está pensando (valga la redundancia) como lo pensaron Hidalgo y Morelos, Artigas y San Martín, Sucre y Morazán, Sandino y el Che hasta cristalizar en el oxígeno ético de Salvador Allende, el zapatismo chiapaneco, los campesinos sin tierra de Brasil, los indígenas de Ecuador, los indomables pueblos de Bolivia y la sangre a raudales que desde hace medio siglo derrama la insurgencia en Colombia.
Cualquier enfoque aproximativo al proceso político venezolano exige limpiarse de prejuicios y de vuelos doctorales. Los bolivarianos aseguran que se hallan inmersos en una revolución. Si esto es así (y los hechos indican que así es) sería imposible entender su mensaje desde enfoques reduccionistas que conllevan la subestimación del rol creativo de los pueblos.
Un ejemplo de reduccionismo sería el modo simplista con que ahora, ante la contundente derrota de la oligarquía venezolana, se expresan los déspotas ilustrados que atribuyen la victoria de Hugo Chávez a la ingente disponibilidad de recursos provenientes del petróleo. Dicen que su ascendiente popular ("populismo", según ellos) les recuerda los años en que el peronismo aprovechó los altos precios impuestos por la Segunda Guerra Mundial a productos como la carne, el trigo y el cereal.
Ya no saben qué decir. Pero lo que nunca dirán es que en 20 años de discursos "democráticos" y seminarios a granel, en los que se debatieron temas como la "equidad" y las virtudes del ciudadano ideal, el pillaje neoliberal giró 300 mil millones de dólares a los bancos extranjeros, sepultando en la miseria a 80 por ciento del pueblo venezolano.
A diferencia de otros ensayos nacionalistas, el mensaje de la revolución bolivariana a los pueblos del continente carece de fisuras: hay una experiencia política acumulada, una voluntad de auténtica emancipación económica, un vigoroso legado cultural, una larga y dolorosa historia política de caminos recorridos y compartidos. Sería criminal, por ende, que las dirigencias esclarecidas de América Latina y el Caribe vuelvan a perderse en los laberintos ideológicos, las soledades políticas y las utopías de redención sin destino. __________________________________________ 2) Entrevista a Francisco Sesto, Ministro de Cultura de Venezuela: "El referéndum desmontó los prejuicios sobre el gobierno de Chávez" Hugo Guzmán Rambaldi ANCHI
Francisco Sesto, Ministro de Cultura de Venezuela, asevera que el referéndum pasado contribuyó a desmontar muchos prejuicios en torno del gobierno de Hugo Chávez. En entrevista, asegura que la oposición de su país desencadenó una guerra mediática a la que el gobierno bolivariano no responde fundamentalmente con una estrategia comunicacional sino con la participación y la movilización del pueblo.
Al frente de un Ministerio creado hace unos tres meses, Sesto detalla la ofensiva bolivariana para masificar y universalizar la cultura en Venezuela que incluye la impresión de 25 millones de ejemplares de varios libros, la ubicación en todo el país de 20 mil obras gráficas y la movilización en todo el territorio de 20 mil activistas de la cultura.
- ¿Quedó mejor posicionado el gobierno de Chávez después del referéndum del 15 de agosto?
- Venezuela está más fortalecida y posicionada ante la comunidad internacional. En el primer año, en el segundo año de Hugo Chávez había una posición muy reticente en lo internacional, incluso de sectores progresistas. A raíz del golpe de Estado contra Chávez esas inquietudes y reticencias se fueron disipando, hubo más claridad sobre el proceso, los luchadores y los gobiernos de otros países, comenzaron a tener otra visión y a tener mejores relaciones con el gobierno. El referéndum ha contribuido a desmontar muchos prejuicios sobre Venezuela y sobre el gobierno de Hugo Chávez. La Organización de Estados Americanos, el Centro Carter y los observadores de todo el mundo avalaron el resultado, lo respaldaron. Eso fue muy importante. Hay riesgos todavía de que algunos sectores de la oposición intenten caminos violentos, pero no sería de gran fuerza porque no tienen respaldo en las Fuerzas Armadas y porque la oposición está dividida y hay sectores que no quieren la violencia ni el terrorismo.
- Se habla mucho del papel de los medios hegemónicos en una política antibolivariana. ¿Qué han hecho ustedes en el plano de la información, de la comunicación para contrarrestar eso?
- En Venezuela vivimos una guerra mediática, virtual. Al mismo tiempo hay total libertad de expresión, no hay una situación de censura ni de represión a los medios. Hay una guerra mediática, pero no es una guerra real, es una guerra de los medios, sólo de los grandes medios que se han convertido en partidos políticos, usando medios como la televisión que es muy fuerte, de mucha influencia. Hay elementos que han aflorado en eso como el racismo de parte de sectores de la oposición y de los medios. El gobierno ha repotenciado un canal de televisión, "Venezolana de Televisión", le ha inyectado recursos y esfuerzos. También "Vivetv". En ambos se entrega información, cultura, orientación y están intentando enfrentar esa guerra mediática. También han surgido, como vegetación fresca, infinidad de radios, de periódicos, cientos de ellos a nivel comunitario, en el seno del pueblo. Son medios, radios y diarios que están en la base popular y que son apoyados por el Ministerio de la Información y por el Ministerio de Cultura. Pero es la organización popular, en las reuniones, eventos y manifestaciones donde está la base de participación. Es un pueblo en proceso creador y participativo, que es lo que explica el triunfo del referéndum, es el pueblo que salió a la calle cuando se intentó el golpe de Estado, que defendió al gobierno. Ahora el pueblo salió a votar masivamente, más de 10 millones de venezolanos votaron en el referéndum, yo me demoré nueve horas y media en votar, lo cual demuestra que los Ministros no tenemos privilegios como ocurría antes. La verdad es que no hay grandes estrategias comunicacionales, sino que la movilización y la participación del pueblo es lo que contrarresta la guerra mediática y permite avanzar al proceso. La fuerza está en un pueblo activo, no tanto en estrategias de comunicación.
- La oposición ha intentado varias formas de sacar al gobierno.
- Es una oposición un poco extraña, porque apresuraron las cosas, no esperaron por ejemplo el proceso electoral para elegir alcaldes y gobernadores a finales de año, y quisieron rápido el referéndum. El desespero los llevó al sabotaje al petróleo donde perdimos, Venezuela perdió, diez mil millones de dólares. Intentaron un golpe de Estado, llegaron al referéndum que perdieron y ahora se ven más desesperados, están contra las cuerdas, están divididos. Vienen las elecciones y creo que el pueblo los va a aislar nuevamente. Hubo 4 millones o algo así que votaron contra Chávez pero no todos ellos son violentos o fascistas, algunos están confundidos. Nosotros esperamos una oposición civilizada, que haga equilibrio a la gestión del gobierno y que se aleje de sectores terroristas y fascistas.
- ¿Cómo está el tema de la cultura en estos tiempos?
- El gran reto de ahora es democratizar la cultura, que el pueblo participe. Necesitamos masificar la cultura a los 25 millones de habitantes, descentralizar toda la actividad cultural hacia las comunidades más recónditas, sacarla de Caracas, nosotros tenemos 35 etnias que producen y tienen su cultura propia. Necesitamos un nuevo paradigma en la gerencia de la cultura, en la industria editorial, del cine. Hay sectores de intelectuales que pertenecen a la elite y no están con el pueblo, no lo acompañan en el proceso de dignificación del país. Pero los mejores, en términos cualitativos y cuantitativos, acompañan al pueblo. Debo decir que el Estado edita y difunde trabajos de escritores, guionistas, poetas, directores que son de la oposición, no hay censura. Tenemos una institucionalidad del pasado que era hacer una gerencia elitista y no se medía ni evaluaba la actividad cultural. Por eso estamos trabajando en la organización social de la cultura, estamos instalando nuevas tecnologías para uso en la cultura. Estamos llevando adelante las Misiones Cultura, en todo el país, con 20 mil activistas culturales que van a atender, cada uno, a 250 familias en todos los rincones de Venezuela. Esa será una estructura de base, abajo, en el seno de la sociedad, cada activista trabajará en una comunidad, se cuidará el patrimonio, la creación cultura en todos los niveles, será una red. Es un programa muy ambicioso pero ya tenemos el presupuesto y lo vamos a desarrollar.
- ¿Cuáles son hoy los objetivos del Ministerio de Cultura?
- Estamos en una transición de crear el Ministerio, llevamos unos tres meses en esto. El proyecto es que tenga tres grandes áreas. Una de patrimonio e identidad. Otra de desarrollo humano integral, algo así como contribuir a tener un hombre y una mujer nuevos, porque todo el pueblo tiene potencialidad para crear y disfrutar las creaciones culturales, queremos lograr un pueblo culto en el sentido martiano ("Ser cultos para ser libres", José Martí). Otra área de gestión con una visión económica para la cultura, es un área delicada porque se corre el riesgo de que la cultura le sirva a la economía, pero aquí se trata de que la economía esté al servicio de la cultura. Además tenemos tres propuestas fundamentales: democratizar la gestión en cultura, descentralizarla y masificarla y universalizarla. Hay una gran estrategia y así lo ha planteado el Presidente Chávez, que es darle al pueblo conocimientos, que el pueblo tenga acceso al conocimiento, que es una de las formas de poder del pueblo.
- Ministro, ha llamado la atención la religiosidad de Hugo Chávez en sus discursos.
- Él es una persona creyente, es sincero. Las referencias siempre son a un Cristo luchador, que se comprometió con la gente de su tiempo, que es una referencia siempre. La jerarquía eclesiástica es un factor de oposición en Venezuela, pero el pueblo, que es mayoritariamente católico, hay sectores de evangélicos, está con Chávez, hay sacerdotes y monjas que trabajan en zonas populares y apoyan resueltamente al gobierno de Hugo Chávez. Los procesos de cambio siempre fracturan a la sociedad y en la iglesia, hoy, hay una fractura que no sé como la superará la jerarquía.
Hugo Chávez ganó su octava elección seguida, y le infringió la tercera derrota contundente a su reaccionaria oposición (las otras dos fueron en ocasión del golpe del 2002, y poco mas tarde con la huelga de tres meses de PDVESA). Aparte de regocijarnos con ello, digamos al respecto que el triunfo del NO en el referendo revocatorio tiene implicancias de carácter estratégico para Venezuela, para Latinoamérica, y también, claro está, para nuestra República Argentina. En el hermano país caribeño porque, entre otras cosas, le da un respaldo y una legitimidad enorme a la revolución bolivariana en curso y a su conductor, que seguramente serán aprovechados para profundizar el camino de soberanía y justicia social emprendido hace ya seis años atrás. En la región porque significa a todas luces un duro revés del intervencionismo imperial norteamericano y del propio Bush en persona; hecho que facilita en una medida no desdeñable el camino de autodeterminación que cada vez mas naciones de por aquí van emprendiendo. En nuestro país, en primer lugar, porque tendremos los consiguientes beneficios al ser una mas de las naciones que, desde el 25 de mayo del 2003, vamos buscando esforzadamente un camino propio. En segundo término, porque fortalece al Presidente Nestor Kirchner, que tuvo la valentía de invitar a su par venezolano en tres oportunidades en lo que va de su mandato; y que además, frente a las presiones del funcionario del departamento de estado yanqui Roger Noriega, acusándolo de que se iba corriendo a posiciones "chavistas", no vaciló en visitar la República Bolivariana recientemente, en plena campaña electoral, y anudar allí significativos acuerdos comerciales con su gobierno.
No obstante es interesante analizar también tres enseñanzas que deja el triunfo de Hugo Chávez, puesto que tienen estrecha relación con debates muy actuales de la vida política de nuestro país:
1) Por cierto que hay un tercer camino entre el capitalismo neoliberal y el socialismo en esta etapa histórica de Latinoamérica. El que por supuesto nada tiene que ver con el mentiroso discurso delaruísta emparentándose con la "tercera vía" de Tony Blair, sino que es hijo de las mejores tradiciones del nacionalismo popular de nuestra región. Un modelo de país soberano, de progreso, justa redistribución de la riqueza y de democracia verdaderamente participativa, que significa un avance real para nuestros pueblos y naciones. De ello debería tomar nota la izquierda dogmática, para la cual si la salida no es proletaria no sirve por "burguesa"; análisis que conduce inevitablemente a un testimonialismo estéril y paralizante, y lo que es peor a ponerse en la vereda de enfrente de aquellos gobiernos que buscan, en medio de enormes dificultades y obstáculos, un progreso genuino y posible.
2) Se puede gobernar y ganar elecciones con un discurso abiertamente confrontativo con los poderosos. A Hugo Chávez de hace mucho tiempo a esta parte no le ha temblado el pulso, no solo para denunciar a los oligarcas de su propio país, sino también para desenmascarar el rol del gobierno de los EEUU en los dramas de nuestras naciones y en los intentos por desestabilizar a la revolución bolivariana. Es mas, hizo eje durante la última campaña en que el enemigo era concretamente Bush, el presidente de la nación mas poderosa del planeta. Ha ido mas lejos aun: en su momento visitó a Saddam Hussein y a Kadafi para reflotar la OPEP, levantó incontables veces muy alto la figura de Ernesto Guevara, y dio ejemplos indudables de su amistad con Fidel y con la revolución cubana. Hasta llevó 10.000 médicos de la isla a trabajar a Venezuela en momentos en que el eje de los ataques de la oposición allí era que se pretendía conducir al país al comunismo. Sin negar que siempre hay que tener adecuadamente en cuenta la correlación de fuerzas con el enemigo si se quiere vencer, hay que decir también que este triunfo es una contundente respuesta a los timoratos y vacilantes, a los entusiastas adherentes del andar siempre cauteloso y de "no tirarle la cola al tigre porque te puede comer".
3) El triunfo electoral del NO, tuvo atrás millones de venezolanos organizados y movilizados. Estos procesos nacionalistas que intentan concretar cambios profundos en nuestras sociedades, saliéndose del neoliberalismo, tienen momentos de definición en procesos electorales. Es allí donde se legitiman. Así ha sucedido en Venezuela, de la misma manera han llegado al gobierno Lula y Nestor Kirchner, así aspiran a llegar otros como el Frente Amplio en Uruguay y Evo Morales en Bolivia, esa batalla la han dado, aun sin ganarla por ahora, el Sandinismo y el Farabundo Martí. Eso es claro. Pero una vez alcanzado el gobierno, para poder sostenerse y avanzar hasta construir otros modelos de países, hace falta movilizar y organizar millones de personas, unificados política e ideológicamente, que resistan y derroten los embates de la reacción.
Siempre ha sido así desde la independencia a la fecha, y ahora no es distinto. Vale mucho esta enseñanza bolivariana en momentos en que en nuestra Argentina la vieja dirigencia política, sindical y social, la misma que claudicó durante los últimos 20 años, la que desarmó ideológicamente y desmovilizó al pueblo, sostiene que con las viejas estructuras (manejadas por ellos, obviamente) se puede ir por otro rumbo. Y cuando resiste denodadamente la irrupción de lo nuevo.
19 de agosto de 2004
HUMBERTO TUMINI Secretario General de la Corriente Patria Libre