En un día cualquiera Acerca del movimiento de protesta del 11 de setiembre 15-08-04
Definitivamente era un sábado cualquiera. Los matutinos hacían una leve mención a lo que se avecinaba. No era el prolijo análisis histórico de las causas del golpe, pues esa noticia no vendía. Lo que si se vendía era el lánguido y a la vez eufórico comentario de todos los sectores pronunciándose en contra del vandalismo que se hacía parte en estas ocasiones.
No vacilé en salir ese día al centro de la ciudad. Ni siquiera me costó en dirigir el rumbo para presenciar lo de todos los años. El día era tan especial, como dijo Elisa, pero no pude dejar de emitir un leve gruñido a su optimismo. Sí era muy especial, tan especial que los sentidos se nos agrandan, el pecho se hace más fuerte, nuestras articulaciones responden con sagacidad y atacan a uno más del otro bando.
Caminando en medio de la Alameda una chica en bibicleta agitaba una pancarta gritando: justicia, no a la impunidad. Mira la gueona está loca, respondió el verde funcionario aparejado. Parece que las disputas no se acaban. Ni siquiera para los imparciales.
Es cierto, la marcha es un juego que tiende a ser concebido como folclórico, hay incluso turistas. En las calles adyacentes se vivía como si nada. Como todos los días. Sólo los que asistíamos al festín nos inquietabamos, nos perseguíamos. Parece que la gallada autoritaria la supo hacer. Todos quedamos correteados, y de paso nos chingamos para reivindicar suavemente a la tonta historia. ¡Qué están haciendo vándalos!. Qué falta de respeto con las víctimas. ¡Yo no reivindico a la burguesía de la UP!. ¡Vienen a hacer puro desorden!. ¡El pueblo unido avanza sin partido!.
Al pasar por la puerta homenajeada, un par de banderilleros hacía de custodio de dicho intersticio. Mantenía supervigilada las coronas de flores y rechazaba cualquier ademán de desacato contra el objeto puerta. Al parecer, ellos fueron los que convocaron, y quizá a ellos les pertenece. Le pertenece conmemorarlo a esa parte del pueblo: a las víctimas. Nosotros somos las víctimas. Ellos torturaron, mataron y desaparecieron. ¿No es lindo este sentido común?. Hablamos de muerte como recurso retórico y casi axiomático. Sirve para fundar el espacio de colores en este día cualquiera. Los colores de ese mar de gente era múltiple. Un crisol que iba más allá del rojo desteñido. Había un montón de voces, de caminares, de estéticas en transformación. De formas de concebir la calle como una avenida expresiva. El 11 no es de un solo sector. El 11 es para sacar la rabia. Y somos muchos los que la tenemos. Es para gritarles a la ciudadela fortificada del poder de turno que las cosas no son las cosas que ellos dicen. Son la duda y el esceptiscismo práctico al orden impuesto. Al orden cansado y vestido con camisa italiana comprada en el exilio y luego en vacaciones.
El papel cortado de ahorro y tinta barata. Era el mensaje de protesta y de imagen marginal. Cada uno le da el sentido al 11. El teatro estaba agitado por las iras del populacho. Las cámaras continuaban registrando los avatares de la lúdica procesión al parque de los muertos. ¡Esto no es nada como en dictadura!. Dijo un antiguo militante redimido de su promesa. En esa, los vidrios de una Administradora de Fondos de Pensiones estallaron alegremente. El público encendió con una carcajada de luz la siniestra fonda administradora. Los pasillos del trabajo ajetreado, se volvía un enrejado por donde se contenía a las ovejas descarriadas de la granja chilena con olor a ajo. Los santos custodios arrancaban con la mano en la pistola, sacrificando su hombría inventada al ver una corrida de singulares meteoritos. La casa de la policía era asaltada por la turba premunida con inocentes armas. Los acorazados samurais huian.
La calle Morandé era una fiesta con varios ambientes. Una, donde las lágrimas se hacían impotencia. Los de atrás le daban contenido al llanto, embadurnándolo de consignas proletarias. Los que seguían estaban que se sumaban o no a la fiesta de atrás. La miserable fiesta del frenesí, del trayecto curvo de guijarros, de momento dificil y feliz, ese de levantarse por lo menos un día a hacer y ser desorden la rutina. Y quedaba atrás la bandita que celosamente reprendía a la muchachada traviesa.
Al decantarnos al Mapocho, como afluyente en riesgo de perderse, nos esparcimos en la frontera para adornar de látigos y desenfrenos el puente. Los carromatos hidratantes lanzaban el agua química, y se llenaba de humo encebollado. Todo era lágrima. A veces pienso que la policía lanza bombas lacrimógenas para que no destiñan con los de adelante que lloran en la procesión.
El desfile hizo un giro por la rivera norte. La feria saludaba con la cara del peón arrastrado. Los guardias privados resollaban en alaridos para atrapar a algún vándalo que invadía este 11 heroico. ¡En vez de estar ahí vayan a trabajar!, porque el huaso ladino del Tata se robó y repartió toda la plata a su corte de ladrones.
Los santos arrancaban perseguidos por los endiciochados arlequines. El tumulto era grande. Era catarsis carnavalera. Nuestro alimento era el espasmo disuasivo de la poli. Una esquina de tugurio y comida rápida era adornada con gruesas guirnaldas. La violencia era una promesa. No eran el deporte de los cuicos flaites que se divierten en sus autos y se hacen pebre al chocar. Era la respuesta del patrono de las almas en pena. Un día cualquiera, un día cualquiera en que los transeúntes ocupan el lugar de las máquinas viajantes y reviven la violencia heredada y la vuelven un festival de cuerpos agitados. Quizá una gasto inutil para un pragmático y amargado zurdo. Pero un festín para aquellos a quienes nunca invitan a la fiesta. Los colados. Los que no van a llorar y a pedir justicia. Si no que la viven sus cuerpos desaparecidos y vueltos a la vida en juventud y arrogancia. En cuerpos con nombres.
El escupo en el piso mojado. Las caras y miradas que al ser registradas por los "informadores", reían, cubiertas, grises, desconocidas. La bandera con su estrella solitaria también era quemada. A matar al padre que nunca se fio de nosotros. Al que dejó a la vieja sola con su cachá de hijos. La felicidad, la tranquilidad no existe en sus ojos. Si por ellos fuera, el trago de amor que se vive en el parque público de los muertos, es calle, es piedra, es grito. El 11 no es de quien convoca. Mientras el corporativismo oligárquico se ufana en su club privado. El 11 es de quien quiera ser carne viva, no muerta ni desaparecida. El 11 es para violentar, para que los duendes salgan y le arrebaten al NeoDesarrollo sus promesas en un día cualquiera.
La noche se avecina. La viejas gritan en su hogar húmedo. La policía respira en la sombra. La niñez rie en los pasillos. Mientras los violentos se paran en la esquina como en un día cualquiera.
Hoy se cumplen 35 años de la muerte del mítico guerrillero Guido Alvaro Peredo Leigue (Inti). La boliviana Anna Elena Recacoechea, compañera de luchas y madre de su primer hijo, narra cómo lo capturaron, torturaron y asesinaron en la capital de su país natal.
'El Inti que yo conocí fue uno de los hombres más revolucionarios y más grandes que ha tenido la historia de Bolivia'. Así comienza el testimonio de Anna Elena Harvey de Recacoechea, en su casa del reparto capitalino de Bahía, en La Habana del Este, donde radica el Comité de Defensa de la Revolución que lleva el nombre del mítico guerrillero.
'Inti murió cuando estaba preparando la segunda guerrilla en las selvas de mi tierra boliviana. Yo fui una de sus
compañeras de lucha en el seno del Partido, y lo recuerdo con la misma claridad que cuando compartíamos una reunión, cumplíamos una tarea partidista, y sobre todo el amor que sentía por su hijo Peter Inti.
El se entregó en cuerpo y alma a organizar un nuevo frente guerrillero, tal como había prometido, luego de la dolorosa muerte del Che. Claro, lo hizo en la más absoluta clandestinidad y eran muy pocos los que sabían dónde estaba cuando lo fueron a buscar'.
II
Dice Anna que le dieron un cuartico pequeño, en la parte de afuera de la edificación donde se encontraba, exactamente en el número 584 de la calle Santa Cruz, entre Isaac Tamayo y Max Paredes, en La Paz.
'Su muerte fue el resultado de una infame delación en la que no fue uno solo el delator. Lo he pensado siempre y ahora insisto en eso, porque cuando dieron con el sitio exacto donde se refugiaba, estaba solo, como para que nadie más peligrara en ese combate a muerte que sostuvo. Para mí, uno de los traidores estuvo en esa casa donde Inti creyó que estaba seguro.
'Si, la prensa reaccionaria publicó que fueron solo 12 ó 13 automóviles los utilizados por la Policía y el Ejército que rodearon la casa donde Inti se protegía, pero en verdad los cuerpos represivos llevaron al lugar varios camiones repletos de militares armados hasta los dientes: 150 fieras contra un hombre, 150 contra uno solo'.
Cuenta Anna que Inti se batió a tiros contra esa fuerza superior en número y armas: 'Resistió el ataque durante una hora y solo pudieron capturarlo vivo, porque su pistola Browning se le quedó sin balas, su fusil M-1 se le encasquilló, y la granada que él se proponía guardar para volar junto a sus captores antes de caer en poder del enemigo, alguno de los traidores se la llevó de la casa sin que él se percatara del hecho. Siempre he estado convencida de eso, porque él dijo que así actuaría en tal caso, pero lo sorprendieron sin que él pudiera darse cuenta de ese detalle de la traición.
'Ello explica porqué cayó en manos de los verdugos, encabezados por el sanguinario Roberto Toto Quintanilla, quien personalmente lo torturó en forma criminal. Yo me sé de memoria este triste y doloroso episodio del 9 de septiembre de 1969, hace 35 años, no solo porque Inti era una de las personalidades más valiosas de la historia de Bolivia, un revolucionario de altísimo calibre, sin duda la mano derecha del Che en la histórica guerrilla, sino también porque fue mi compañero del Partido, mi amigo, mi hermano, y el padre de mi único hijo, de Peter Inti. Le pusimos Peter por Tchaicovski e Inti por él.
'Quiero insistir en que lo sacaron vivo, herido de bala, y que pudieron haberlo salvado, operándolo, pero no recibió alguna atención médica. Al contrario, lo llevaron enseguida para un campo de concentración de los que crearon cuando Hugo Banzer estuvo en el gobierno, de esos que ayudó a construir el nazi Klaus Barbie en La Paz, ubicado en Achocalla.
'Salvajemente lo torturó Toto Quintanilla. El mismo que le mandó a cortar las manos al cadáver del Che. Lo golpeó de modo brutal y con un culatazo de su fusil le destrozó la columna cervical. Después lo presentaron a la prensa como muerto en combate, pero fueron claras las señales de las brutales torturas a que fue sometido, porque no habló ni una sola palabra. Querían saber, por supuesto, quiénes formaban parte del grupo que se alzaría de nuevo en las montañas.
III
'Cuando murió Inti y se publicó la falsa noticia de que había caído en combate, nos reunimos la familia y los compañeros del Partido. Estaba allí mi niño, que tenía entonces cinco años. Después no hubo sepelio, ni entierro masivo, ni nada. Tuvieron miedo al pueblo, como siempre les ocurre a las tiranías.
'Se hicieron muchas gestiones, pero todo resultó inútil. Varios días después nos avisaron para que acudiéramos a la iglesia del cementerio. Solo permitieron que fuéramos cinco mujeres y dos hombres. En cuanto llegamos nos mostraron el ataúd y abrieron el cristal para que confirmáramos que era él. Para mí fue tremendo verlo muerto, aquel hombre que parecía no tener muerte. Allí estaba la esposa de un primo hermano de Inti que era como su hermano. Por parte del gobierno vi a Benavides, el Jefe de la Inteligencia. La familia se llevó el cadáver para la estancia Las Perlas, en El Beni, donde hoy se conservan sus restos. Recuerdo que murió a los 17 días de cumplirse el segundo aniversario de la muerte de su hermano Coco Peredo'.
Cuenta Anna que le llamó mucho la atención que Adolfo Siles Salinas, el presidente de Bolivia al morir Barrientos, comentó que Inti 'era un rebelde con causa'.
'Recuerdo que era alto de estatura, y tenía 32 años cuando fue asesinado. Tenía una personalidad muy sólida'.
'Ingresé al Partido Comunista donde él también militaba. Partió a cumplir una misión al exterior y al regresar fue que lo conocí. Yo escuchaba hablar del camarada Inti, del camarada Inti, hasta que un día lo tuve frente a mí. Comenzamos a charlar. Era muy introvertido.
'Nosotros hacíamos trabajos del Partido, pirueteábamos el periódico, hacíamos reuniones, pues estuvimos en la misma célula. Estoy hablando de finales de la década del 50, antes de que él iniciara los preparativos para la guerrilla del Che.
'Yo no sabía dónde estaba. Me enteré por una noticia de Radio FIDES, de La Paz, una emisora religiosa, donde se anunció su muerte. Eso fue en junio de 1967. Se pidió que sus familiares acudieran a la Policía para recoger algunas de sus pertenencias. Entonces me llamaron los compañeros del Partido y me dijeron que no creyera tal falsedad.
'Esa noticia era una trampa. También era falso que había muerto. El presidente Barrientos, en un sucio simulacro, condecoró al supuesto matador del guerrillero.
Escrito por el Che, el Comunicado No. 4 del ELNB, dio un rotundo mentís a lo anunciado: 'Inti Peredo, efectivamente, es miembro de la Jefatura de nuestro ejército, donde ocupa el cargo de Comisario Político y bajo su mando estuvieron recientes acciones. Goza de buena salud y no ha sido tocado por las balas enemigas; el infundio de su muerte es el ejemplo palpable de las mentiras absurdas que riega el ejército en su impotencia para luchar contra nuestras fuerzas'.
IV
Ciertamente Inti llega a convertirse para unos en consigna, para otros en leyenda, y para el imperialismo norteamericano en una pesadilla. Tan es así que en un afiche que el ejército y la CIA distribuyeron por todo el país, pedían por él una recompensa altísima.
Inti era hijo del escritor boliviano Rómulo Peredo. De acuerdo con su esposa, Selvira Leigue, le ponen al niño una porción del nombre de un personaje de su novela Aillo Inti, o familia del Sol. En quechua Inti significa Sol. Nació en Cochabamba, el 30 de abril de 1937 y de muy niño sus padres lo llevan para Trinidad, departamento de El Beni.
Se convierte en cuadro de la Juventud Comunista, llega a ser su secretario general en Trinidad, e integra en 1950 el grupo de jóvenes fundadores del Partido Comunista en El Beni. De simple militante, alcanza la membresía del Comité Central hasta su ruptura con la línea claudicante impuesta por Mario Monje, entonces máximo dirigente partidista.
Viaja a Chile a estudiar en la escuela de cuadros del Partido, y después a Moscú. En 1963 presta valiosa ayuda en la organización y apoyo logístico a la guerrilla de Salta, en Argentina, encabezada por el periodista Jorge Ricardo Masetti y colabora con los revolucionarios peruanos.
En marzo de 1966, José María Martínez Tamayo (Ricardo), contacta con Inti para iniciar los preparativos del frente guerrillero en Bolivia. Ya en mayo elabora un informe para un Congreso del Partido donde plantea la necesidad de la lucha armada.
Se decide su viaje a Cuba y el 25 de julio de aquel año viaja a la Isla con nueve militantes. En octubre reciben la orden del citado dirigente del Partido de regresar a Bolivia, lo que cumplen solo por disciplina.
Llega a Cochabamba el 12 de noviembre y 15 días después se une en la selva a la guerrilla del Che. Cuando el 31 de diciembre Monje, en Ñacahuazu los conmina a dejar la lucha, encuentra en Inti y los demás la negativa a esa actitud traidora.
'Yo escuché por casualidad la noticia verdadera de su muerte, cuando estaba estudiando en la Escuela Normal para Maestros, donde era secretaria comercial.
'Inti, tras el asesinato del Che en la escuelita de La Higuera, fue uno de los pocos que logró salir del laberinto de la jungla, al asfalto de la ciudad y se convirtió en el reorganizador del ELNB.
'Los guerrilleros que pudieron burlar el cerco, hicieron un juramento: continuar la lucha. Logran salir, después de un montón de peripecias y por gestiones clandestinas de Inti, llegan hasta el lugar de la frontera con Chile donde los recibe el entonces senador chileno Salvador Allende.
'Inti después se va a Oruro, más tarde a La Paz, y posteriormente a Cochabamba, todo en el más absoluto secreto. Preparó la segunda guerrilla y decidió marchar a Cuba. Al regreso lanza su Manifiesto en el que dice: ?~Volveremos a las montañas?T, en el que anuncia el reinicio de la lucha'.
'Ese llamamiento hizo que el gobierno arreciara su búsqueda y desatara una fuerte ofensiva para capturarlo, pero como volvió de Cuba más grueso, con otro aspecto ?'pues él era más bien delgado?', no lo reconocían fácilmente. La traición fue lo único que lo puso en manos del enemigo, porque él actuaba como un artista del clandestinaje.
'Ya no puedo precisar exactamente la última vez que lo vi ni tampoco el lugar, pero no he podido olvidar su valor y su entereza. A 35 años de su muerte heroica, solo me tranquiliza pensar que fue un hombre del Che, que no traicionó nunca a su jefe ni a su pueblo, y que cada vez que se diga Inti, como en quechua significa Sol, me parecerá que se dirá: el Sol sigue alumbrando la lucha'.
Testimonio de Boris Navia, militante comunista que salvó la última canción de Víctor El último aliento de Víctor Jara
Mario Amorós La Clave La Fogata
El abogado chileno Boris Navia aún conserva las tapas de aquella libreta donde Víctor Jara escribió su última canción, "Estadio Chile", horas antes de ser asesinado por los militares la tarde del 15 de septiembre de 1973. Treinta y un años después evoca la agonía del principal autor de la Nueva Canción Chilena y cómo, a pesar de las torturas y los interrogatorios, pudo salvar sus hermosos versos.
El 11 de septiembre de 1973 Boris Navia contempló el bombardeo de La Moneda desde la Universidad Técnica del Estado, donde era profesor de Derecho, en compañía de cerca de mil personas, entre ellas Víctor Jara. Por la noche se refugiaron en la cafetería de la Escuela de Artes y Oficios, donde éste interpretó por última vez algunas de sus canciones para levantar los ánimos de los presentes. A las siete de la mañana les despertó el estampido del cañón de 120 milímetros y los diversos equipos de artillería con que las Fuerzas Armadas bombardeaban una casa de estudios de orgulloso perfil izquierdista. Los soldados recorrieron todo el recinto y en la avenida sur reunieron a sus centenares de "prisioneros de guerra", a los que obligaron a permanecer tumbados boca abajo durante cinco horas y sometieron a todo tipo de palizas. A las tres de la tarde fueron conducidos a las pistas de fútbol sala y dos horas después les ordenaron que se dirigieran corriendo en fila india y con las manos en la nuca al Estadio Chile, situado a tan sólo seis manzanas. En la entrada del mayor polideportivo cubierto del país un oficial reconoció a Víctor Jara, le apartó con todo tipo de insultos y le propinó una lluvia de golpes cargados de histeria y brutalidad: "Yo te enseñaré, hijo de puta, a cantar canciones chilenas, no comunistas". Boris Navia, militante comunista, jamás podrá olvidar aquellos instantes: "En un momento el oficial desenfundó su pistola; nosotros, apuntados por fusiles, estábamos horrorizados porque pensábamos que le iba a descerrajar un tiro y, pese a la orden de avanzar, nos quedamos transidos frente al horror de la tortura de nuestro querido cantor. Víctor no se quejaba, ni pidió clemencia, tan sólo miró con su rostro campesino al torturador fascista, que le golpeó con el cañón del arma y su pelo se empapó de su sangre, al igual que su frente, sus ojos... La expresión de su rostro ensangrentado quedó grabada para siempre en nuestras retinas". Dentro del Estadio Chile los militares confinaron a Víctor a un pasillo, mientras que sus compañeros de la UTE se hacinaban en los graderíos junto con otros miles de detenidos, en su mayor parte obreros, en una atmósfera donde primaba el terror impuesto por unos militares que se sentían en guerra contra "el marxismo". Acompañado tan sólo por Danilo Bartulín, uno de los médicos del Presidente Salvador Allende detenido en La Moneda la tarde del 11 de septiembre, el autor de "Te recuerdo Amanda" volvió a padecer atroces torturas hasta las tres de la madrugada. Hasta aquel día el Estadio Chile ocupaba un lugar relevante en su vida ya que en 1969 ganó allí el Primer Festival de la Nueva Canción Chilena con una de sus creaciones más hermosas, "Plegaria a un labrador", una exhortación a quienes derraman su sudor sobre la tierra y extraen de ella sus frutos a unirse a sus compañeros para forjar juntos la nueva sociedad: "Levántate / y mírate las manos / para crecer estréchala a tu hermano, / juntos iremos unidos en la sangre / hoy es el tiempo que puede ser mañana..." Aquella noche, en el abarrotado recinto deportivo rebautizado en septiembre pasado como Estadio Víctor Jara, también actuaron Isabel y Angel Parra, Rolando Alarcón, Patricio Manns o Inti Illimani y aunque el ganador fue él, acompañado en el escenario por Quilapayún, aquel Festival alumbró un inolvidable movimiento cultural que acompañó a su pueblo en aquellos tres años de construcción del socialismo. Porque, como decía Víctor Jara: "La canción auténtica, la revolucionaria, tiene que cambiar al hombre para que éste cambie la sociedad". Brota la poesía.- La tarde del 13 de septiembre se produjo un cierto revuelo en el Estadio Chile, recuerda Boris Navia, ya que se rumoreaba que en la cercana población La Legua partidarios del derrocado gobierno de Allende se habían enfrentado con las Fuerzas Armadas. "Todos los soldados se dirigieron a la entrada y se olvidaron de Víctor, por lo que lo arrastramos a la grada e intentamos disfrazarle un poco: le dejaron un vestón, que se lo puso sobre la camisa roja que llevaba, y con un cortauñas le recortamos su característica melena ensortijada. Y cuando nos ordenaron que hiciéramos listas de veinte personas para el inminente traslado al Estadio Nacional, pusimos su nombre completo: Víctor Lidio Jara Martínez". Después de comer un huevo crudo, este cantautor empezó a recobrar su contagiosa alegría y, apunta Navia, "mostró la misma sonrisa con la que cantó al amor y a la revolución". Aquella noche durmió junto a sus compañeros de la Universidad Técnica del Estado en los incómodos graderíos del Estadio Chile. El viernes 14 los militares repartieron café entre los prisioneros y les comunicaron que iban a trasladarles al Estadio Nacional, pero finalmente un tiroteo les devolvió a los asientos cuando ya se disponían a salir. Entonces Víctor habló a sus compañeros del amor que sentía por su esposa, Joan, y sus hijas, Amanda y Manuela, pero no se refirió al futuro, por lo que intuyeron que presentía su trágica suerte. Al día siguiente supieron que dos o tres personas iban a ser dejadas en libertad y se aprestaron a escribir mensajes para que los entregaran a sus familiares. "Víctor estaba sentado entre otro compañero de la UTE y yo y me pidió un papel -señala Boris Navia-. Le di dos hojas de una libreta cuyas tapas aún conservo y escribió hasta que de repente dos soldados llegaron y le condujeron a una caseta de transmisión, aunque antes logró entregarme los dos papeles sin que se dieran cuenta. Unos oficiales de la armada le insultaron y golpearon con furia". A las seis de la tarde su grupo fue conducido al anfiteatro y desde allí pudieron divisar, horrorizados, el cuerpo inerte de Víctor Jara entre una cincuentena de cadáveres acribillados; minutos después fueron conducidos en autobuses militares al otro extremo de la ciudad. "Entramos al Estadio Nacional dejando un reguero de lágrimas por nuestro querido cantor", asegura Boris Navia con profunda emoción. Fue en aquel enorme recinto, convertido en el mayor campo de concentración de la dictadura, cuando este abogado por fin abrió su libreta y descubrió que las dos hojas de Víctor Jara no contenían unas palabras dirigidas a su familia, sino su canción, su última e inconclusa canción, titulada "Estadio Chile". "Al instante comprendimos su importancia e hice dos copias como pude con dos cajetillas de cigarros". Días después el ex senador comunista Ernesto Araneda le dijo que dos personas, un médico y un estudiante, saldrían en libertad del Estadio Nacional, por lo que les entregó las reproducciones y, además, se encargó de que un viejo zapatero también preso ocultara las dos hojas manuscritas por Víctor Jara en la suela de su zapato derecho. Pero en los controles previos a la salida del recinto, los militares descubrieron el texto que portaba el muchacho. "Yo había escrito una pequeña introducción, por lo que me ubicaron y me condujeron al velódromo, donde dos oficiales de la Fuerza Aérea abrieron mi zapato derecho y descubrieron las hojas. Me interrogaron y me torturaron y pensé que mientras más soportara la tortura, más posibilidades habría de que la segunda copia saliera del Estadio. No lograron arrancarme ninguna palabra sobre ella y así el poema de Víctor salió libre del Estadio Nacional, venció al fascismo y ganó la libertad. El militar que le asesinó creyó que mataría su voz, pero Víctor no murió, murió para vivir, vivirá para siempre en el corazón de los pueblos". Meses después el último poema de Víctor Jara se publicó por primera vez en el libro Chile en la hoguera del periodista Camilo Taufic, exiliado en Argentina, y finalmente llegó a su esposa y recorrió el mundo para denunciar la ignominia de la dictadura de Augusto Pinochet.
"Estadio Chile"
"Somos cinco mil aquí, en esta pequeña parte de la ciudad. Somos cinco mil. ¿Cuántos somos en total en las ciudades y en todo el país? Somos aquí diez mil manos que siembran y hacen andar las fábricas. ¡Cuánta humanidad con hambre, frío, pánico, dolor, presión moral, terror, locura! Seis de los nuestros se perdieron en el espacio de las estrellas. Un muerto, uno golpeado como jamás creí se podría golpear a un ser humano. Los otros cuatro quisieron quitarse todos los temores, uno saltando al vacío, otro golpeándose la cabeza contra el muro, pero todos con la mirada fija en la muerte. ¡Qué espanto causa el rostro del fascismo! Llevan a cabo sus planes con precisión artera sin importarles nada. La sangre para ellos son medallas. La matanza es acto de heroísmo. ¿Es éste el mundo que creaste, Dios mío? ¿Para esto tus siete días de asombro y de trabajo? En estas cuatro murallas sólo existe un número que no progresa, que lentamente querrá más la muerte. Pero de pronto me golpea la conciencia y veo esta marea sin latido y veo el pulso de las máquinas y los militares mostrando su rostro de matrona lleno de dulzura. ¿Y México, Cuba y el mundo? ¡Que griten esta ignonimia! Somos diez mil manos menos que no producen. ¿Cuántos somos en toda la patria? La sangre del compañero Presidente golpea más fuerte que bombas y metrallas. Así golpeará nuestro puño nuevamente. Canto, qué mal me sales cuando tengo que cantar espanto. Espanto como el que vivo, como el que muero, espanto de verme entre tantos y tantos momentos de infinito en que el silencio y el grito son las metas de este canto. Lo que nunca vi, lo que he sentido y lo que siento hará brotar el momento..."
Por Ulises Estrada Lescaille* CubaDebate La Fogata
El siguiente texto corresponde a la intervención de Ulises Estrada en un acto de homenaje a Salvador Allende realizado en La Habana, el 12/9/2003.
A los cobardes que después de la acción más heroica que haya emprendido presidente latinoamericano alguno, tratan de desmeritarlo, 30 años después les digo que para nosotros Allende murió en combate y que si hubo suicidio, este no fue más que su último acto como combatiente.
DEFENDERÉ CON MI VIDA LA AUTORIDAD QUE EL PUEBLO ME ENTREGÓ, fueron las palabras del compañero Presidente Salvador Allende al pueblo de Chile en su última alocución, mientras La Moneda era atacada por los militares fascistas el 11 de Septiembre de 1973, hace 30 años.
Un año antes, el 13 de diciembre de 1972, ante el pueblo de Cuba que lo escuchaba en la Plaza de la Revolución José Martí de La Habana, había adelantado aquel juramento al afirmar que defendería con su vida el legado que el pueblo chileno le había entregado en las elecciones presidenciales de 1970.
Y cumplió su promesa. De su cuerpo solo pudieron arrancar la banda presidencial luego de muerto y solo muerto salió de La Moneda.
Los golpistas han tratado de presentar su muerte como consecuencia de un suicidio.
Pero jamás reconocieron que, acosado por fuego de artillería, tanques y bombardeo aéreo, aquel gran revolucionario resistió con valentía y heroísmo más de seis horas la embestida de los émulos de Adolfo Hitler, liderados por el fascista mayor y traidor Augusto Pinochet.
Todavía hoy sus enemigos pretenden disminuir el heroísmo de Allende. Y no solo los de antaño promueven esta tesis. El diario La Tercera, el cual ha venido reportando el intenso debate entre las diferentes fuerzas políticas del país en torno al homenaje a Allende en el 30 Aniversario de su muerte en combate, hizo referencia a los dos presidentes "suicidas": José Manuel Balmaceda y Salvador Allende.
Treinta años después se repite la manipulación de los hechos por omisión, una maniobra denunciada muy tempranamente por el Comandante en Jefe Fidel Castro, quien en un discurso en La Habana, el 28 de septiembre de 1973, en solidaridad con el pueblo chileno y homenaje póstumo al doctor Salvador Allende, luego de conocer la versión que teníamos entonces sobre los acontecimientos ocurridos en La Moneda, advertía que "Los fascistas han tratado de ocultar al pueblo de Chile y al mundo este comportamiento extraordinariamente heroico del presidente Allende. Para ello han tratado de enfatizar la versión del suicidio. Pero si incluso, Allende, herido grave, para no caer prisionero del enemigo hubiese disparado contra sí mismo, (anoto en esto la referencia de uno de los jefes militares del Golpe que dijo que Allende había sido herido por un capitán), ese no sería un demérito sino que habría constituido un gesto de extraordinario valor."
Y continuaba Fidel en su análisis de aquellos tristes sucesos: "Calixto García, una de las figuras más gloriosas de nuestra historia, cayó prisionero del enemigo. Y cuando a la madre le informaban que su hijo estaba prisionero, ella dijo: ¡ese no puede ser mi hijo! Pero cuando le dijeron que antes de caer prisionero se disparó un tiro para privarse de la vida, ella dijo: ¡ah, entonces sí, ese es mi hijo!"
A los cobardes que después de la acción más heroica que haya emprendido presidente latinoamericano alguno, tratan de desmeritarlo, 30 años después les digo que para nosotros Allende murió en combate y que si hubo suicidio, este no fue mas que su último acto como combatiente.
Porque, ¿cual era la alternativa? ¿qué le ofrecían Pinochet y sus esbirros al presidente elegido por el 36,4 por ciento de los votos contra sus dos adversarios del Partido Nacional y la Democracia Cristiana y legitimado por el Congreso? Le ofrecían un avión para que saliera del país con sus familiares más allegados, lo cual significaba el abandono de su sagrado compromiso con el pueblo. Y ello al margen de la hoy más que probada intención de Pinochet de derribar ese avión en pleno vuelo.
La decisión de Allende de resistir hasta el final, cuando ya La Moneda estaba semidestruida por el fuego de los tanques y luego por la aviación, sea cual fuese la forma en que murió, acredita que fue en combate y dejando un legado para la historia de América Latina que las juventudes actuales y futuras deben recordar.
El camino hacia la victoria revolucionaria está plagado de obstáculos y cuando el enemigo con su poderío nos ocasiona una derrota, la historia exige que los seguidores sean capaces de mantener el rumbo. Como dijera el Che, y cito: que otra mano se tienda para empuñar nuestras armas, y otros hombres se apresten a entonar los cantos luctuosos con tableteo de ametralladoras y nuevos gritos de guerra y de victoria.
UN PRESIDENTE POPULAR QUE INCOMODABA A LOS PODEROSOS
Salvador Allende nació en Valparaíso el 26 de junio de 1908 y mostró dotes de líder desde muy joven como presidente del Centro de Alumnos de Medicina, vicepresidente de la Federación de Estudiantes de Chile y miembro del Consejo Universitario, a tal punto que fue expulsado de la Universidad durante el gobierno de Ibáñez por las luchas estudiantiles que protagonizaba.
Encarcelado en 1932 al ser derrocada la breve República de Marmaduke Grove, en ese propio año funda junto a Grove el Partido Socialista y es designado un año después secretario general de esta organización política, volviendo a prisión en 1935. Elegido posteriormente como Diputado ante el Congreso de la República, renuncia en 1939 para asumir la Cartera de Salubridad del gobierno del Frente del Pueblo.
Ya en 1942 Allende asume la Secretaría General del Partido Socialista de Chile y es elegido senador de la República, para diez años después aspirar por vez primera a la presidencia de la República por el Frente del Pueblo. Como senador, en 1954 es elegido vicepresidente de esa alta cámara y vuelve a presentarse dos veces (1958 y 1964) como candidato a la presidencia, perdiendo las elecciones en el primer caso frente a Jorge Alessandri, y luego contra Eduardo Frei, aunque en la ultima ocasión obtendría un millón de votos. En 1966 ya es designado presidente del Senado y ese mismo año participa en la I Conferencia Tricontinental celebrada en La Habana.
Al morir el Che y ser detenidos en Iquique tres cubanos sobrevivientes de su gesta histórica, Allende intrcede para que los trasladen a Santigo y viaje con ellos a Tahití donde los entrega al Embajador cubanos en Francia, Baudilio Castellanos.
Siendo senador en 1969, se crea la Unidad Popular integrada por comunistas, socialistas, el MAPU, el social demócrata PADENA, el Partido Radical y Acción Popular Independiente (luego pasaron a la oposición), quienes lo proclaman su candidato a la presidencia.
Triunfa en las elecciones frente a Radomiro Tomic (DC) y Jorge Alesandri (PN) y el 4 de noviembre de 1970 asume la máxima magistratura del país.Estos son breves antecedentes de la vida política del mártir de La Moneda.
¿Por qué se opusieron la derecha política y la oligarquía chilena a la victoria electoral de Allende? ¿Por qué se opuso el gobierno de Washington a través de su agencia de espionaje y subversión, la CIA? ¿Por qué se opusieron consorcios norteamericanos, entre ellos como más destacado, la ITT?
Ya desde 1964, previendo una posible victoria electoral de Allende, el entonces Secretario de Estado Dean Rusk en carta enviada a la Casa Blanca señaló: "Estamos haciendo nuestro mayor esfuerzo encubierto para reducir la oportunidad de que Chile sea el primer país americano en elegir como Presidente a un marxista declarado" En ese mismo año la CIA entregó tres millones de dólares a Eduardo Frei Montalva en apoyo a su campaña presidencial contra Allende.
La primera acción terrorista contra Allende como presidente electo se produce poco menos de un mes antes de su toma del poder, cuando un grupo fascista trata de secuestrar al jefe del Ejército, General René Schneider, el 22 de octubre de 1970 con el objetivo de crear inestabilidad en el país y las Fuerzas Armadas para evitar que el Congreso ratificara a Allende como presidente. Schneider muere en el complot y entonces se pone en marcha un plan de Eduardo Frei Montalva: unir los votos de la Democracia Cristiana y el Partido Nacional en el Congreso para elegir a Alessandri y luego promover un nuevo llamado a elecciones en las que Frei resultaría vencedor. Para Frei Montalva, era inadmisible que el país fuese gobernado por un presidente marxista. Y aunque Alessandri se opuso a esta alternativa por haber declarado públicamente que quien ganara por un voto de diferencia sería el vencedor, la mayoría de la derecha apoyó las posiciones antimarxistas de Frei.
¿Qué medidas adoptó el gobierno de Allende desde sus inicios que concitaron esa actitud en sus adversarios? Todas fueron de carácter popular. Y en todas respetó las leyes establecidas por la burguesía y les concedió un papel políticamente beligerante a las Fuerzas Armadas.
A solo una semana de su toma de posesión, Allende dictó varios decretos encaminados a reducir el alza del costo de la vida en beneficio, principalmente, de la gran masa desposeída que había sido tan explotada y puso, además, en libertad a todos los presos y detenidos por razones políticas que existían en el país.
Pero las medidas determinantes fueron sin dudas la decisión de nacionalizar entre otros las industrias del carbón, la salitrera y el cobre, sin indemnizar a los propietarios de las empresas Anaconda y Kennecot, con lo cual se enfrentó a los poderosos intereses norteamericanos en el país, presentando una reclamación el gobierno de los Estados Unidos e América.
Esas nacionalizaciones incluyeron los bienes de la ITT, un consorcio norteamericano de materiales ferrosos, la industria textil y otras menores y una parte importante de la banca, incluyendo nueve bancos estdounidenses. Pero además, la Unidad Popular decretó la reforma agraria para quienes poseyeran más de 80 hectáreas de tierra, estableció el monopolio estatal para las ventas del cobre; intervino a la agencia automovilística Ford por medidas arbitrarias tomaas contra sus trabajadores, puso bajo control el movimiento de las divisas, y tomó medidas para el mejoramiento del sistema de salud y la atención a la población, entre muchas otras acciones que favorecían a la población y contribuían a garantizar la soberanía e independencia económica del país. No sobra recordar que todas estas medidas se basaban en la Constitución, en leyes existentes desde el gobierno de Mamaduke Grover a finales de la década del 30 e incluso algunas del gobierno de Frei Montalva. No hubo, por lo tanto, acción inconstitucional alguna.
Allende además, luchó por la unidad de la izquierda, algunas de cuyas fuerzas lo presionaban constantemente, exigiendo de él medidas más drásticas o como decían algunos: más revolución; sin tener en cuenta que Allende solo podía No puedo dejar de decir que la propia división de la izquierda impidió una unidad monolítica del pueblo al lado de su gobierno revolucionario en los momentos cruciales. Muchas veces hablamos con diferentes dirigentes de izquierda para hacerles comprender que sin la unidad de las fuerzas revolucionarias junto al pueblo no podría consolidarse una Revolución verdadera.
En cuanto a la derecha, el presidente constitucional de Chile trató de dialogar, principalmente con la Democracia Cristiana, pero no pudo lograr acuerdo alguno debido a las exigencias y ataques de aquellos grupos políticos, liderados por la Democracia Cristiana, junto al Partido Nacional, Renovación Nacional, Unión Democrática Independiente, el PIR y Patria y Libertad, que ponían en entredicho la autoridad presidencial y en la práctica terminaron siendo los principales promotores del Golpe. De ellos nació el acuerdo aprobado en el Congreso el 22 de agosto del año 73 acusando a Allende de graves y reiteradas violaciones de los derechos humanos y la exigencia de un plebiscito.
Y aunque en varias ocasiones Allende habló del Golpe de Estado que sabía se estaba gestando, también mantuvo el diálogo con las Fuerzas Armadas. Más de diez altos jefes militares fueron ministros de su Gabinete en diferentes periodos: entre ellos el Jefe de Carabineros General, José María Sepúlveda en el Ministerio de Tierras; el comandante en jefe de la Fuerza Aérea, César Ruíz Danyau en el ministerio de Obras Públicas y Transporte y el Comandante en Jefe del Ejército, Carlos Prats, en el Ministerio del Interior, cargo en el que por orden constitucional sustituía al Presidente en su ausencia.
Los últimos militares designados en estas posiciones lo fueron el 27 de agosto de 1973, catorce días antes del Golpe de Estado. Es decir que, conociendo Allende que había una conspiración militar en juego, mantuvo su confianza en las Fuerzas Armadas como institución constitucional, y ni siquiera eso impidió que los fascistas ejecutaran su traidora asonada.
Desde octubre de 1972, los militares, principalmente miembros de la Fuerza Aérea, salían a las calles y, amparándose en la Ley de Control de Armas, cerraban vías, detenían automóviles, hacían registros, detenciones arbitrarias y generaban un estado general de intranquilidad en la población, con irrespeto incluso de los autos diplomáticos, muchos de los cuales fueron detenidos y registrados, exceptuando los de la Embajada de Cuba, pues jamás permitimos tal humillación.
Recuerdo que el 8 de septiembre de 1973, celebrábamos el cumpleaños de Beatriz Allende en las afueras de Santiago, cuando los militares establecieron un cierre en la vía por donde debíamos para en camino hacia el centro de la capital. Con el Presidente y Beatriz se encontraban dirigentes del Partido Socialista, algunos ministros y cinco cubanos amigos de la familia. Allí estuvo el general Prats reunido con Allende en privado, suponemos que tratando la difícil situación en las Fuerzas Armadas luego de la renuncia de Prats a la jefatura del Ejército El ambiente era de escepticismo por la posibilidad de un golpe de estado. Pero al retirarse Prats, el Presidente saludó a los asistentes, conversó con algunos y se dispuso a jugar ajedrez, con aspecto sereno, tranquilo.
De regreso a la ciudad, Juan Carretero, entonces consejero de la embajada cubana, mi esposa y yo, salimos dispuestos a no dejarnos registrar. Al identificarnos como de la Embajada de Cuba nos dejaron pasar.
ACCIONES CONTRA EL PUEBLO, GOLPE EN MARCHA
En su política represiva, los militares asaltaron la fábrica SUMAR, hicieron detenciones, vejaron a los trabajadores, registraron un cementerio e incluso abrieron tumbas. Allende ordenó que estos operativos cesaran, mientras que los partidos Socialista y Comunista presentaban una protesta pública, pero los militares fascistas que dirigían a los soldados hicieron caso omiso de la orden presidencial. Evidentemente, pensábamos los cubanos, las condiciones para el Golpe de Estado se estaban creando aceleradamente.
No es ocioso recordar en este punto que cuando visitó Chile en 1971 y luego de presenciar manifestaciones callejeras de la derecha y conocer de cerca las campañas contra Allende y las acciones terroristas, Fidel Castro dijo que había visito en Chile "los comienzos del fascismo." En marzo de 1972, el periodista Jack Anderson del Washington Post había revelado documentos que mostraban el papel de la Internacional Telephone and Telegraph (ITT), instigando a un levantamiento militar para que Allende no pudiera ascender al poder en 1970 y que posteriormente continuó trabajando con la derecha política y algunos militares para derrocarlo. Estas acciones sucias contaron, por supuesto, con la participación activa y entusiasta de la CIA.
Mientras tanto, el gobierno de la Unidad Popular -que finalmente quedó integrado por los Partidos Socialista, Comunista, MAPU, Obrero Campesino, Partido Radical e Izquierda Cristiana- era constantemente atacado por la derecha y sus medios, por sus relaciones con Cuba en lo que llamaron la penetración cubana en ese proceso.
Aun así, grupos empresariales mostraban interés en negociar con Cuba, entre ellos la organización derechista SOFOFA que hacía todo lo posible por negociar con la Isla. Nuestra Oficina Comercial en Chile y misiones cubanas que viajaban a ese país, eran receptivas a estos intereses que redundarían en beneficio bilateral.
En septiembre de 1971, cooperativas agrícolas y productores chilenos acordaron la exportación a Cuba de cebolla, ajo y por otras vías madera, vino y salitre, por un monto de unos 30 millones de dólares, al valor de esa época. El salitre fue comprado a Chile en calidad de ayuda, pues no era imprescindible su adquisición.
Cuba exportaba a Chile azúcar, café y tabaco y donó al hermano país 40 000 toneladas de azúcar por un valor aproximado de 10 millones de dólares, así como le otorgó un préstamo de leche en polvo para contribuir a asegurar el medio litro de leche diario a la población, prometido por Allende. Pero en cuanto comenzaron a reintegrarnos esa leche, se montó una infame campaña de prensa basada en que el Presidente Allende estaba regalando la leche a Cuba. Igual pasó con otros acuerdos comerciales que fueron rechazados por la derecha política y la prensa reaccionaria.
En 1972 se concreta una compra de frutillas (posturas de fresa) a través de David del Curto, allegado a Belisario Velazco, quien había sido viceministro del Interior del gobierno de Frei y no mantenía una posición anticubana. El periódico La Tribuna publicó en su primera plana que esto obedecía a un regalo a Cuba del presidente Allende.
Paralelamente a las acciones políticas de la derecha para debilitar y derrocar al gobierno del presidente Allende, y las acciones de militares fascistas y grupos terroristas, como Patria y Libertad, amamantado y financiado por la CIA, desataron una ola de terror en el país, fundamentalmente en Santiago, la capital, que tuvo entre sus principales objetivos a los cubanos acreditados por nuestra Embajada en ese país.
Una de esas acciones terroristas tiene lugar el 8 de junio de 1971 con el secuestro y asesinato del ex viceministro del Interior del gobierno de Frei, Edmundo Pérez Zujovic, cuyos asesinos fueron descubiertos y muertos en enfrentamiento con la policía. En el crimen apareció implicado tiempo después un alto oficial del Ejército que fue juzgado y condenado por los tribunales. Sin embargo, por esta acción fue allanada la residencia del Consejero Comercial cubano, Mitchel Vázquez, debido a una denuncia apócrifa según la cual los asesinos se encontraban escondidos en su casa.
Afortunadamente, el operativo policíaco fue dirigido por Eduardo (Coco) Paredes, jefe de la Policía de Investigaciones y militante del Partido Socialista, quien al conocer la identidad de sus inquilinos, que no se encontraban en la vivienda, comprendió la infame maniobra.
Allende tuvo que enfrentar intentos de atentados personales y dos Golpes de Estado anteriores al de Pinochet, uno el 30 de septiembre de 1972, dirigido por el general Alfredo Canales y otro el día 29 de junio de 1973, comandado por el coronel Roberto Souper que fue sofocado por el propio Jefe de Estado, llevando consigo el fusil AK que le había regalado el comandante en Jefe.
En la madrugada del 27 de julio su Edecán Naval, el Capitán de Navío Arturo Araya, es asesinado por un comando terrorista.
Me entero de esta barbarie mientras celebrábamos el 26 de Julio en la casa de Coco Paredes y parto de inmediato a la Embajada. En tránsito hacia nuestra misión por la calle Pedro Valdivia, al pasar por la esquina de la casa de Araya, los carabineros abren fuego contra mi auto, a pesar de tener chapa diplomática, les respondo y se dispersan para protegerse. Al fin llego ileso a nuestra sede. Increíblemente, Luis Fernández Oña, ministro Consejero de la Embajada cubana y esposo de Beatriz, una de las hijas de Allende, es presentado por la prensa amarilla como posible autor de este crimen.
Para entonces, el grupo terrorista Patria y Libertad había sistematizado el envío a los diplomáticos cubanos de una nota que decía: "Remember Jakarta", refiriéndose a la matanza de comunistas ocurrida en Indonesia y al ataque a la Embajada China, con el cual pretendían decirnos que nos pasaría lo mismo.
La reacción no podía aceptar los vínculos económicos entre los dos países y los terroristas trabajaban para entorpecerlos, colocando bombas explosivas en las casas de los funcionarios del Ministerio de Comercio Exterior. Adicionalmente, el 3 de julio de 1973 un auto en movimiento ametralla nuestra oficina comercial en horas de la noche.
En ese propio mes se coloca un artefacto dinamitero en la escuela de los niños cubanos, quienes, afortunadamente no se encontraban en el lugar en el momento del vandálico hecho.
Durante el mes de agosto se colocan bombas en las residencias del Embajador de Cuba, Mario García Incháustegui y de los compañeros que trabajaban en la Oficina Comercial, Mitchel Vázquez, su jefe y Nelly Cubillas, su esposa y los funcionarios Pedro Orlando Fernández, Dionisio González y Andrés Martínez, cuyo auto fuera destrozado por el impacto. Anteriormente, el compañero José Albite, representante de una empresa comercial cubana que se encontraba en negociaciones en el país, fue detenido acusado de violar el toque de queda. En el Ministerio de Defensa, donde lo condujeron, los militares lo esposaron, desnudaron y sometieron a abusos y vejaciones, interrogándolo sobre su posible participación en actividades guerrilleras por orden de un tal general Bravo. Por gestiones del embajador Incháustegui, Albite fue puesto en libertad pendiente de un proceso judicial que no llegaría a realizarse.
Ante este brutal asedio y con la autorización expresa del presidente Allende, decidimos prepararnos para repeler cualquier agresión directa de que fuéramos víctimas y defender nuestras vidas y la soberanía cubana representada en la sede diplomática, al precio que fuera necesario.
Nos preparamos, nos organizamos, construimos refugios con el apoyo de constructores cubanos en la embajada, un puesto médico, soterramos agua, colectamos alimentos enlatados, y, por supuesto alistamos nuestras armas.
Convencidos de que con pueblo solo no se podía hacer la Revolución, hacían falta las armas. Y con las armas solo no se podía hacer la Revolución. Hacía falta también el pueblo, también apoyamos a los partidos Socialista y Comunista en su preparación para defender la Revolución que estaban tratando de construir. En menor cuantía apoyamos igualmente al MAPU y la Izquierda Cristiana, preparando a sus hombres para combatir si era necesario.
En ese sentido cumplíamos estrictamente las instrucciones de la dirección de nuestro Partido de hacer solo lo que solicitara o autorizara el Presidente Allende. Nada hicimos a sus espaldas. El sabía que el Golpe vendría y había que preparar a las fuerzas que apoyaban al gobierno para defender su Revolución. Y eso hicimos. En algunos casos con el conocimiento del general Prats y de Sepúlveda, el jefe de Carabineros, a quienes Allende informaba de algunas de estas actividades, cosa que no nos agradaba nada.
Por eso el Golpe de Estado no nos sorprendió a los cubanos. Un poco antes de las seis de la mañana del día 11, una amiga me llamó desde Valparaíso para informarme que estaba en camino el Golpe. De inmediato llamé al oficial de guardia de la Embajada y ordené poner CANDADO, que era la clave de movilización de todo el personal cubano ante un Golpe de Estado para, una vez en la sede diplomática, ocupar los respectivos puestos de defensa.
A las siete y treinta todo el mundo estaba listo y en el lugar asignado. Llamé a Carlos Altamirano, secretario general del Partido Socialista y a Samuel Riquelme, segundo jefe de la Policía de Investigaciones y miembro de la Comisión Política del Partido Comunista, para conocer qué sabían del golpe. Ellos no sabían nada hasta ese momento.
La Embajada estaba en Los Estanques y Pedro Valdivia, cerrada con unos grandes agua soterrada bajo una elevación de tierra al fondo y en el único acceso que teníamos por Pedro de Valdivia, se situaron terroristas de Patria y Libertad con grandes tanques ardiendo y armas visibles. Los edificios aledaños fueron tomados por el Ejército, que situó ametralladoras en los balcones, bien al descubierto. Detrás de las persianas, nosotros observábamos, sabíamos dónde estaban ellos, pero ellos no sabían dónde estábamos nosotros.
Es cierto que combatimos en dos ocasiones contra los militares golpistas y hoy puedo decir que en las dos ocasiones los derrotamos.
Tras el primer ataque, sobre el mediodía, que respondimos de inmediato, se comunicó con nuestro embajador el Almirante Carvajal amenazando con que nuestros disparos podían dar lugar a una respuesta fuerte y decidida. Nos atacan y luego nos amenazan. El embajador respondió que eran ellos quienes habían disparado y que nosotros nos defenderíamos ante cualquier nueva agresión. Poco después llegó a la Embajada el Embajador sueco, Ernest Edelstam ofreciendo a Incháustegui llevarnos agua y comida y su disposición de quedarse con nosotros ante la seguridad de que seríamos atacados nuevamente.
Ya entrada la noche, el Comandante O'Paso llamó por teléfono y habló con el embajador para pedirle que el compañero Luis Fernández Oña los acompañara a recoger a la esposa de Allende y a sus hijas, según dijo con el objetivo de entregarles el cadáver del Presidente para que le dieran sepultura en Valparaíso.
El capitán Gac quien habló posteriormente por teléfono conmigo, dijo que él era quien recogería a Luis y al yo alertarle del peligro que ello entrañaba por el cerco militar que tenía la embajada, se comprometió a tomar todas las medidas y que él iría a pie, por el centro de la calle a recogerlo. No cumplió su palabra. Fueron ellos los que dispararon con ráfagas de ametralladora cuando Luis y el Embajador salieron a la puerta a esperar al capitán que había vuelto a llamar anunciando que se dirigía a la embajada. Fueron ellos los que traidoramente abrieron fuego contra nuestros compañeros y fuimos nosotros quienes respondimos a esta agresión con todas nuestras posibilidades causándoles un número indeterminado de bajas que los obligó a replegarse.
Unos minutos más tarde llamó por teléfono el general Benavides para reclamarnos que estábamos disparando con un alto poder de fuego, que utilizamos balas trazadoras, que de la Embajada salían bolas de candela. Añadió que pondrían sus armas al nivel de las nuestras y que si no regresábamos a Cuba, nos bombardearían. Aquella era la segunda gran amenaza directa de los fascistas contra nosotros.
Respondí que si volvían a atacarnos responderíamos con más fuerza aun, con todas nuestras armas; que en esos momentos no teníamos los medios disponibles para regresar a Cuba y que antes había que discutir con nosotros las condiciones de ese regreso. Todo indicaba que el objetivo principal de ellos no era combatir directamente contra nosotros, lo importante era que solo saliéramos de la Embajada para regresar a Cuba, ante el temor de que pudiéramos convertirnos en una fuerza beligerante que se uniera a la resistencia que ya le hacían grupos de izquierda, acción que francamente no estaba entre nuestros objetivos.
En su primera comparecencia por TV en horas de la noche, Augusto Pinochet había anunciado la ruptura de las relaciones diplomáticas con Cuba y Corea.
El coronel Uros Domic fue el designado para negociar nuestra salida. Había estado con el Comandante en Jefe cuando visitó Chile, era amigo de nuestro Embajador y los hijos de ambos mantenían muy buenas relaciones personales.
El Embajador y yo dirigimos la negociación. Nos preguntaron si teníamos refugiados políticos en la Embajada, aclarando que no podrían acompañarnos la periodista Fridda Modak -que no estaba en la Embajada- ni Max Marambio que sí estaba, aunque no refugiado si no como un compañero más que compartía con nosotros la defensa de la Embajada. Personalmente hablé con Max cuando ya contábamos con la protección del embajador sueco Ernest Edelstam. Teníamos dos decisiones a tomar: quedarnos con Max y exponer a los 142 cubanos que se encontraban en nuestra sede, incluyendo 22 mujeres, o irnos y dejarlo a él protegido por el sueco. Max no titubeó un instante, me pidió que nos fuéramos, que él se las arreglaría con el sueco.
Planteamos a Domic que era necesario nos autorizaran a llevarnos nuestros documentos de archivos que estaban embalados en cajas. Planteó consultar y dispusieron que se presentara el jefe de Protocolo de la Cancillería, el cual en un gesto amistoso dijo que las leyes internacionales amparaban, ante la ruptura de relaciones, el derecho a llevarnos nuestros archivos. No tengo dudas que los militares sabían que no eran archivos lo que nos llevábamos en tantas cajas sino armas, pero lo importante para ellos era que nos fuéramos.
Nos fuimos y nos llevamos nuestras armas con la excepción de algunas que no habíamos podido entregar porque el Partido que las recibiría no acudió a la cita y otras que eran para el MIR, y que Allende nos había orientado entregarlas solo cuando se produjera el Golpe, algo que las condiciones no nos permitieron cumplir por estar rodeada la Embajada cuando fueron a recogerlas. Posteriormente Max las entregó todas al MIR.
Hasta aquí llega nuestro relato, aunque a 30 años de aquellos hechos creo que quedan muchas cosas por decir y faltan muchas otras por hacer.
El Presidente Allende fue un gran patriota chileno y latinoamericano, un hombre honrado, íntegro, solidario, de inigualable condición humana, cariñoso. Alegre y extrovertido, de una disciplina y capacidad de trabajo enorme, de una plena identificación con su pueblo.
No olvido que una semana antes del Golpe, el 4 de septiembre, reunió en La Alameda a un millón de personas para celebrar el tercer aniversario de su advenimiento al poder. El pueblo estaba con él. Como lo está con su memoria 30 años después.
Por eso hoy, aunque el fascismo avanza con pasos de gigante en diversos confines del planeta bajo la égida del gobierno imperialista de George Bush y cientos de miles de seres humanos son víctimas de sus genocidas agresiones, sostengo la certeza que Allende nos legara al advertir que más temprano que tarde se abrirán las grandes Alamedas por donde pase el hombre libre para construir una sociedad mejor. Y no solo en Chile sino en el mundo entero.
*Actual director de la Revista TRIcontinental, y responsable del trabajo político y la defensa de la embajada cubana en Chile en setiembre de 1973.
El desarrollo económico y político actual se caracteriza, según el último informe del Worldwatch, mas que por la victoria del capitalismo y la democracia sobre el comunismo, por el consumismo. El consumismo hoy domina la mente y los corazones de millones de personas, sustituyendo a la religión, a la familia y a la política. El consumo compulsivo de bienes es la causa principal de la degradación ambiental.
El cambio tecnológico nos permite producir más de lo que demandamos y ofertar más de lo que necesitamos. El consumo y el crecimiento económico sin fin es el paradigma de la nueva religión, donde el aumento del consumo es una forma de vida necesaria para mantener la actividad económica y el empleo.
El consumo de bienes y servicios, por supuesto, es imprescindible para satisfacer las necesidades humanas, pero cuando se supera cierto umbral, que se sitúa en torno a los 7.000 euros anuales por persona, se transforma en consumismo.
1.700 millones de consumidores, 2.800 millones de pobres
En el mundo la sociedad de consumo la integran 1.728 millones de personas, el 28% de la población mundial: 242 millones viven en Estados Unidos (el 84% de su población), 349 millones en Europa Occidental (el 89% de la población), 120 millones en Japón (95%), 240 millones en China (apenas el 19% de su población), 122 millones en India (12%), 61 millones en Rusia (43%), 58 millones en Brasil (33%) y sólo 34 millones en el África subsahariana (el 5% de la población). En total en los países industrializados viven 816 millones de consumidores (el 80% de la población) y 912 millones en los países en desarrollo (sólo el 17% de la población del Tercer mundo).
Mientras los 1.700 millones de consumidores gastan diariamente más de 20 euros, hay 2.800 millones de personas que tienen que vivir con menos de 2 euros diarios (lo mínimo para satisfacer las necesidades más básicas) y 1.200 millones de personas viven con menos de 1 euro diario en la extrema pobreza. Mientras el estadounidense medio consume cada año 331 kilos de papel, en India usan 4 kilos y en gran parte de África menos de 1 kilo. El 15% de la población de los países industrializados consume el 61% del aluminio, el 60% del plomo, el 59% del cobre y el 49% del acero. Cifras similares podrían repetirse para todo tipo de bienes y servicios.
Consumismo y pobreza conviven en un mundo desigual, en el que no hay voluntad política para frenar el consumismo de unos y elevar el nivel de vida de quienes más lo necesitan.
La clase de los consumidores comparte un modo de vida y una cultura cada vez más uniforme, donde los grandes supermercados y centros comerciales son las nuevas catedrales de la modernidad.
Si los hábitos de consumo de los 1.700 millones de consumidores se extendiesen a toda la población mundial (6.300 millones de personas), la situación sería completamente insostenible, a causa del consumo de agua, energía, madera, minerales, suelo y otros recursos, y la pérdida de biodiversidad, la contaminación, la deforestación y el cambio climático.
Entre 1950 y 2002 el consumo de agua se ha triplicado, el de combustibles fósiles se ha quintuplicado, el de carne creció un 550%, las emisiones de dióxido de carbono han aumentado un 400%, el PIB mundial aumentó un 716%, el comercio mundial creció un 1.568%, el gasto mundial en publicidad creció un 965%, el número de turistas que salieron de sus fronteras creció un 2.860%, el número de automóviles pasó de 53 millones en 1950 a 565 millones en 2002 y el consumo de papel creció un 423% entre 1961 y 2002. Las importantes ganancias en eficiencia se ven rápidamente absorbidas por el aumento del consumo. Las viviendas son cada vez mayores y los automóviles cada vez más potentes.
Pero la solución no puede ser un nuevo apartheid, que limite el consumo a esa minoría del 28% de la población mundial. La población crece, pero cada vez menos, y probablemente se estabilizará en las próximas décadas en unos 9.000 millones, como ya ha sucedido en la mayoría de los países industrializados. Pero el consumo sigue creciendo, y las necesidades, como demuestra cualquier manual de economía, son infinitas.
¿Cuánto consumo es suficiente? El consumo, a partir de cierto umbral (13.000 euros anuales por persona, según las encuestas), no da la felicidad. El consumidor trabaja demasiadas horas para pagar el consumo compulsivo, y el poco ocio lo pasa en el automóvil (el estadounidense emplea 72 minutos detrás del volante) o delante del televisor (más 240 minutos diarios de promedio en las sociedades actuales). Cada vez se ve más atrapado en una espiral de consumo, endeudamiento para consumir y trabajar para pagar un endeudamiento mayor. El consumo se hace a consta de hipotecar el futuro, como en el auge del ladrillo en la España actual.
Hoy es necesario un nuevo paradigma basado en la sostenibilidad, lo que supone satisfacer todas las necesidades básicas de todas las personas, y controlar el consumo antes de que éste nos controle. Entre las medidas más inmediatas hay que eliminar las subvenciones que perjudican el medio ambiente (850.000 millones de dólares anuales que incentivan el consumo de agua, energía, plaguicidas, pescado, productos forestales y el uso del automóvil), realizar una profunda reforma ecológica de la fiscalidad, introducir criterios ecológicos y sociales en todas las compras de bienes y servicios de las administraciones públicas, nuevas normas y leyes encaminadas a promover la durabilidad, la reparación y la "actualización" de los productos en lugar de la obsolescencia programada, programas de etiquetado y promoción del consumo justo. Y todo ello dentro de una estrategia de "desmaterialización" de la economía, encaminada a satisfacer las necesidades sin socavar los pilares de nuestra existencia.
Crysol (asociación de ex pres@s políticos del Uruguay) PROYECTO DE LEY DE INDEMNIZACION A EX PRESAS Y EX PRESOS POLITICOS *******************************************
Desde hace muchos meses, la temática de la Reparación Integral a los ex pres@s políticos ha sido una de las principales preocupaciones de Crysol y de su Comisión Directiva.
Una Comisión de Trabajo estuvo abordando el tema. Su meta era redactar un proyecto de ley que cristalizara nuestros legítimos derechos en aquellos aspectos que hasta el momento no han sido abordados específicamente. El gran tema pendiente de los ex y de las ex presas políticas es la justa indemnización que el Estado uruguayo no ha implementado hasta el momento.
El grupo de compañer@s ha finalizado su labor, presentando un proyecto de ley (borrador de trabajo). El proyecto está inspirado en la ley argentina aprobada durante uno de los gobiernos del Dr. Saúl Menem por varios motivos:
1) Contempla en grandes líneas los aspectos sustanciales que una ley de este tipo tiene que tener de acuerdo a la normativa humanitaria internacional.
2) Es una ley aprobada en un contexto geográfico cercano y similar al uruguayo.
3) Es una ley aprobada hace ya más de diez años por un gobierno que se limitó a cumplir con sus obligaciones legales y que, obviamente, es claro que no tenía ninguna afinidad ideológica con quienes fueron beneficiados por la misma.
Con mala onda, este proyecto puede ser severamente cuestionado: por lo que tiene, por lo que no tiene, por lo que falta y por lo que debería quitarse. Pero hasta el momento es el único disponible y es una base para trabajar.
Estamos a pocos meses de las elecciones. Estamos a pocos meses de que asuma un nuevo gobierno. Estamos a pocos meses de que se cumplan 20 años de la fecha en que una ley de este tipo debería haber sido aprobada.
La justa indemnización a las víctimas del terrorismo de estado nunca estuvo en la agenda de trabajo de los gobiernos del Partido Colorado y del Partido Nacional.
Crysol cree que es hora de ponerle el cascabel al gato. Para mas información contactarse al:
El ridículo aumento que se discute para los pauperizados asalariados argentinos en el momento en que el presidente venezolano Hugo Chávez festeja su espectacular triunfo en el referéndum revocatorio, tiene con este último suceso algo oculto en común que mueve a la reflexión.
Aquellos que tenemos unos cuantos años sobre las espaldas, podemos reconocer fácilmente la crispada carga de ira y de venganza que envenena el discurso de la oposición venezolana. Es el mismo odio de clase que impregnaba, hace más de cuarenta años, la bronca emponzoñada de los gorilas más recalcitrantes. Es el rostro desfigurado del antiperonismo cerril. Las absurdas y hasta contradictorias imputaciones que lanzan sobre Chávez, acusándolo de fascista y comunista, de demagogo y autoritario, de amarrete y despilfarrador, se parecen como una gota de agua a otra a las pintorescas acusaciones que escupían sobre Perón a fin de demonizarlo. Asimismo, lo ocurrido con nuestro pobre país a partir de 1955 es una muestra del aciago destino que espera a Venezuela si tales energúmenos logran apoderarse de la administración del Estado. La incorporación argentina al FMI fue la señal de arranque del cercenamiento del poder adquisitivo de los asalariados a la tercera o cuarta parte, el desmantelamiento del estado de bienestar mas generoso existente en América latina, la multiplicación por diez de la tasa de desocupación, el saqueo de las arcas estatales, la destrucción de la salud y la educación públicas y la caída de una sustancial parte de la población argentina en la mas abyecta indigencia. Para lograrlo, como se sabe, no vacilaron en destruir las instituciones democráticas, pisotear los derechos populares y bañar con la sangre de decenas de miles de compatriotas las calles de las ciudades de la patria.
De producirse el cataclismo de la victoria de los antichavistas, la empresa petrolera estatal de Venezuela, orgullo de su país, caería en las garras de las multinacionales y los depredadores, como pasó con YPF. En lugar de financiar, como ahora, centenares de miles de planes sociales, la salud y la alfabetización de niños y adultos, sus beneficios serían girados a los países centrales. Hasta la institución misma del referéndum revocatorio, que los aventureros intentaron emplear como dispositivo de barrido contra el presidente Chávez, sería de inmediato eliminada de la Constitución de acuerdo a los planes hechos públicos por la oposición venezolana. Las tropelías de todo tipo que intentaron poner en práctica durante el breve lapso del golpe del 2002, ahorran describir sus intenciones.
Debemos celebrar pues que el país hermano estalle hoy con el júbilo de haber derrotado a semejantes canallas. Su victoria es nuestra victoria, sus esperanzas son nuestras esperanzas. Es también magnífico que el gobierno del presidente Kirchner haya apoyado los esfuerzos del chavismo antes del referéndum, y felicitado de inmediato al mandatario venezolano inmediatamente después.
Sin embargo cabe preguntarse si tanta alegría de parte del oficialismo argentino condice con lo que el actual gobierno hace de puertas adentro. Esto es, ¿y por casa como andamos? Lamentablemente, andamos más mal que bien.
El promedio de todos los salarios argentinos está por debajo de la canasta básica. Casi dos tercios de los asalariados revistan en alguna forma irregular de contratación. La mayor parte de los llamados cuentapropistas carecen de capital constante, esto es, son simplemente changarines en negro. Ninguna de las leyes protectoras de los trabajadores que fueron derogadas durante la dictadura y el menemismo han sido repuestas. Semejante ejército industrial de reserva ata de pies y manos a los trabajadores en cualquier negociación con la patronal. Por lo tanto, el llamado a paritarias, con la prescindencia del Estado, arrastra a los trabajadores a una derrota segura. Encima de la extrema debilidad generada por la desocupación que aqueja a casi el veinte por ciento, hay que resignarse a que las negociaciones sean encabezadas por burócratas sindicales mafiosos y corruptos, eternizados en sus sillones por la vía del matonismo y el fraude, como Barrionuevo, Daer y Cìa. Moyano, Rueda y demás (a pesar de llenarse la boca con declaraciones favorables a Chávez y loas a Evita y el Che) tampoco son trigo limpio. Con semejantes dirigentes, en semejante contexto, el futuro de los asalariados argentinos se visualiza bastante negro.
Y demos gracias que el Estado dé un paso al costado, porque desde el Ministerio de Economía más bien hay voluntad de patear a favor del otro equipo. Lavagna y Fernández se preocupan por el efecto inflacionario que podrían desencadenar los roñosos cincuenta pesos en la recomposición del salario mínimo. Los estatales, centenares de miles, no reciben un aumento en serio desde hace once años, y el poder adquisitivo de sus sueldos es menos de la mitad que en 1993. La estructura impositiva es la peor del mundo, basándose en los impuestos indirectos como el IVA, que gravan a los pobres mucho más que a los pudientes. La cúpula de la pirámide social aporta impuestos por la mitad de lo que haría en Brasil o México. Los maestros ganan sueldos de indigencia, los Hospitales se encuentran desprovistos de lo más elemental, pero en la Argentina el Estado capta menos del veinticinco por ciento del PBI y el gobierno se compromete ante el FMI a no aumentar esa alícuota.
Históricamente, el mercado exterior de los productos argentinos es marginal (ocho por ciento), y con el boom de la soja, con toda la furia, araña el trece por ciento del PBI. El único mercado significativo, real, de los productos argentinos está constituido por los propios ciudadanos. Con los salarios por el piso y millones de personas al margen del mercado, ¿quién diablos va a comprar masivamente? ¿cómo va a haber reactivación sin demanda efectiva? Las estadísticas ya lo están mostrando: el mercado interno es débil y las inversiones también, porque nadie arriesga a elevar su capacidad de producción sin tener la seguridad de poder vender (realizar) lo producido.
Esta situación de la economía argentina, esta conducta del ejecutivo, no tiene mucho que ver con la que lleva adelante Chávez en Venezuela, por lo que cabe atribuir el jolgorio por su triunfo a una afinidad de orden más bien político. No cabe duda que la cooperación internacional entre nuestros países, e incluso con Uruguay y Brasil, constituye un programa enjundioso. Ellos nos venden fueloil, nosotros a ellos comida y probablemente más adelante, buques petroleros. Pero la política exterior es una parte menor de la estrategia de un gobierno.
En la Argentina no hay ley del aborto ni educación sexual en las escuelas porque la cavernaria Iglesia está en contra. Mientras, las mujeres siguen muriendo por decenas de miles anualmente debido a abortos clandestinos. No hay producción pública de medicamentos porque el Ministro Ginés González García ha impuesto un Plan Nacional de Salud dirigido a subvencionar a los prestadores privados. Las oligarquías oscurantistas de provincias, los intendentes del aparato duhaldista en Buenos Aires, se reparten los girones de un Estado que nadie atina a reformar. Además de festejar el triunfo de Chávez, no estaría mal copiar algunas de sus iniciativas públicas por estos lares del Sur.
Mov. Barrios de Pie / Cordoba: Inauguración de la Escuela Popular "Argentina Somos Todos"
El martes 17 de agosto realizamos el acto de apertura de nuestra primera escuela de adultos para terminalidad de primaria, la Escuela Popular "Argentina Somos Todos". La fecha no fue elegida al azar, y si bien nuestra escuela ya venía funcionando, decidimos postergar la inauguración para poder preparar el acto junto con nuestros alumnos y evocar en el mismo los más altos valores que guiaron la gesta del Libertador en su lucha por la liberación de los pueblos latinoamericanos.
Al acto asistieron nuestros compañeros del Movimiento que llegaron desde diferentes barrios de la ciudad, funcionarios de Educación de la Municipalidad de Córdoba, docentes de la escuela de adultos Azor Grimauth, de Bº Comercial (quienes tomarán los exámenes a nuestros compañeros para su certificación oficial).
Nuestra compañera coordinadora del área de educación popular del Movimiento (a quien en la escuelita la llaman la "directora"), expresó, entre otros conceptos: "Hoy soplan vientos de cambio en el país y este Estado, empequeñecido y ausente durante décadas, debe volver a asumir su función principal: asegurar una vida digna para todos y todas, en el pleno ejercicio de sus derechos como ciudadanos".
Por eso, saludamos la iniciativa de la Municipalidad de Córdoba de extender el proyecto que, desde fines del año pasado, nuestro Movimiento viene realizando en diversos barrios de nuestra ciudad para combatir el analfabetismo.
"Faltó una política nacional de educación de adultos y mejorar en la legislación el deber del Estado de proveer educación para toda la vida". dijo hace unos días el Ministro de Educación de la Nación, Daniel Filmus, quien agregó que "no se puede resolver el problema sin políticas específicas".
No sólo esperamos que este reconocimiento se traduzca en la implementación de políticas estatales para resolverlo sino que, mientras defendemos una Escuela no sólo Pública sino también Popular, seguiremos trabajando con la gente y la organización para refundar el espacio público perdido hasta construir un Estado que garantice no solamente el acceso y la permanencia en la escuela sino también la producción de conocimiento científico desde los sectores populares y donde la comunidad participe en la orientación de la educación que necesita.
El acto continuó con palabras de nuestros maestros y alumnos de la escuela, que nos hicieron lagrimear a más de uno; para continuar con una clase-taller sobre pensamientos del Gral. San Martín, de la que participaron entusiastas todos los presentes.