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Narcoparamilitarismo… tormenta electoral

Narcoparamilitarismo… tormenta electoral Narcoparamilitarismo… tormenta electoral

Y ahora quiere borrar del lenguaje diplomático el concepto “conflicto armado”.
Será que acabó el conflicto armado? Le gustaría mucho al pueblo colombiano que
fuera verdad. Pero veamos, recientemente el Chalán paramilitar visitó el
municipio de El Castillo en el Departamento del Meta. Como no hay conflicto
armado solamente llevó dos mil hombres armados hasta los dientes para que le
prestaran seguridad!

27.06.2005 [Hipólito Puentes/Carlos Andrade/www.anncol.org] Evidencian los
medios que la clase poderosa del país quiere deslindarse y buscar la sombra para
que no la afecten las tormentas que están revolcándole las entrañas a su
putrefacto Estado.

Es difícil tratar de quitarse el cabezal haciéndole el quite a la
responsabilidad con musgosos métodos de gobernar en lo político, militar y
económico. Los problemas del país tienen demasiadas canas para que sean negados,
para intentar hacerlos pasar desapercibidos o simplemente decir que no existen.
A la podrida clase política los discursos evasivos no le suenan bien y no puede
hacer lo del avestruz: Meter la cabeza en el hueco… dejando lo demás por fuera.

Ni siquiera la propaganda es ya capaz de mantener la hegemonía como en otros
tiempos. Hoy, tienen que repetir y repetir una mentira hasta hacerla creíble en
la opinión. Por eso vaciar de contenido conceptos que identifican realidades
incontestables presentes en nuestro país, se ha convertido en una alta y bien
calibrada operación de guerra sicológica que durante las 24 horas del día
bombardea la opinión para crear en ella sentimientos y actitudes de rechazo, por
ejemplo, contra los luchadores y revolucionarios.

Por eso nadie oye hablar de insurgentes, de revolucionarios, de alzados en
armas, sino de terroristas; ni de guerrilleras y guerrilleros sino de
narcoguerrilleros; ni de prisioneros de guerra, ni de capturados en combate,
sino de secuestrados. Un indígena dijo que Álvaro Narcouribe parece una
“guacamaya borracha” porque el término que más repite es el de “terroristas”,
aprendido en la Casa Blanca.

Y ahora quiere borrar del lenguaje diplomático el concepto “conflicto armado”.
Será que acabó el conflicto armado? Le gustaría mucho al pueblo colombiano que
fuera verdad. Pero veamos, recientemente el Chalán paramilitar visitó el
municipio de El Castillo en el Departamento del Meta. Como no hay conflicto
armado solamente llevó dos mil hombres armados hasta los dientes para que le
prestaran seguridad!

El peso de los razonamientos cabalga en el espinazo de la verdad; los
desbordamientos acumulados por tantos años hacen que los colombianos que han
pasado por tan dura y cruda realidad, tengan en sus haberes la cuenta de cobro a
los responsables de tanta violencia, dolor y muerte. No habrá paz para los
pobres ni sosiego para las clases dirigentes que cargan una deuda enorme
mientras no se erradiquen las causas del conflicto.

En la campaña electoral que acaba de comenzar será saqueada la realidad y
secuestrada la verdad; y en cada plaza pública flamearán las banderas de la
ignominia; una vez más se apoderarán de aquellas tribunas que años atrás fueron
convertidas en patíbulo por los verdugos de la oligarquía, que asesinaron
impunemente a los luchadores populares. En sus discursos los politiqueros
volverán a ofrecer lo habido y por haber, rasgarán las vestiduras condenando a
“los violentos”, en alusión a la guerrilla revolucionaria, cuando son ellos
mismos los jinetes del Terrorismo de Estado, de la represión, la corrupción y de
la muerte.

Si los candidatos del Establecimiento, del Statu Quo, de la oligarquía, quieren
hacer honor a la verdad, renovar la jerga y subir la entonación a sus discursos,
entonces que se apoyen en las novedades idiomáticas que ofrecen la realidad y la
vida de quienes detentan el poder y el capital en Colombia. Veamos algunos
términos perfectamente entendibles como narcouribismo, narcoparamilitarismo,
narcopolítica, narcocongreso, narcoelecciones, narcogenerales, narcoembajadores,
narcodiplomaticos, narcoperiodistas, narcomedios, narcoganaderos, narcocargos,
narcoreuniones como las que hacía el paramilitar Uribe Vélez con el
narcotraficante Carlos Castaño.

La “democracia profunda”, para el pequeño círculo manipulador del Estado que es
llamado narcouribismo y sus antecesores que le embutieron al país los proyectos
macroeconómicos vuelve a sus andadas. El Navarrismo es un colchón amortiguador
de tercer nivel, una opción de muchas dudas, tratando de imitar lo hecho en
otros países donde lograron recoger los votos de la inconformidad.

A los revolucionarios, que a punta de pistola les cerraron los espacios de
participación democrática; ganados en la lucha por las reivindicaciones del
pueblo, les corresponde continuar avanzando hasta constituirse en una fuerza
activa, que más adelante hará producir y brillar el país.

Esa fuerza activa representa a las mayorías que constituyen el 70% de la
población sumida en la pobreza, a las que los dueños del poder les aplicaron la
guerra como solución de sus problemas y necesidades, actuando en contravía de la
realidad. Son millones y millones de pesos quemados en pólvora, que serían más
que suficientes para tener a Colombia en otras condiciones.

El responsable principal es EEUU que impone las recetas de sus testaferros,
saqueadores por naturaleza, aliados de la oligarquía corrupta, represiva,
asesina, sin patriotismo ni respeto por la soberanía, sin dignidad para
representar al pueblo colombiano.

La crisis está en la cresta de la ola, la resistencia popular ha adquirido
niveles de gran confrontación y continuará creciendo hasta lograr los cambios
necesarios en las estructuras del poder. Nadie parará la lucha por las
transformaciones. No importa que el paramilitar narcouribe pontifique quitando y
poniendo nombres a los fenómenos que ha generado la lucha de clases en Colombia.
El pueblo seguirá construyendo el camino que lo llevará a la Paz con Justicia
Social.

Los EEUU armaron y entrenaron a los asesinos de los colombianos. Estas hordas
nacieron en los cuarteles y hoy militan en el narcouribismo y el
narcoparamilitarismo, constituidos en talanqueras de lo que pudiera ser en
Colombia, un proceso realmente democrático. Percibimos que en Colombia, como en
Cabo Cañaveral, se anuncia una cuenta regresiva para el Imperio Americano,
gracias a los asomos de la Nueva Colombia. Como están las cosas todo indica que
la oligarquía también tiene fase terminal.
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